Ginecólogo condenado a prisión por error a la hora de interrumpir un embarazo gemelar

Los padres habían logrado el embarazo tras seis fecundaciones 'in vitro' y uno de los fetos tenía una malformación incompatible con la vida El ginecólogo ha sido condenado a cuatro meses de prisión y a tres meses de inhabilitación para el ejercicio de la medicina por tres años
Ginecólogo condenado a prisión por error a la hora de interrumpir un embarazo gemelar

Cuando Amalia [nombre ficticio a petición de la afectada] entró en la consulta e indicó al ginecólogo dónde se encontraba el Feto cuya vida iba a interrumpir, con el mayor de sus pesares, tuvo un mal presentimiento. Porque ella le indicó dónde se situaba exactamente. Porque debía ser uno, exacta y concretamente, uno de los dos. No había ni cabía margen de error.

Amalia estaba embarazada de gemelos. Se había sometido a seis fecundaciones 'in vitro'. Seis intentos, uno detrás de otro. Cada fracaso se traducía en reponerse, tomar impulso y volverlo a intentar. Y ahora, ese último intento en el Hospital Virgen de las Nieves de Granada había dado sus frutos. En concreto, dos.

Un Embarazo gemelar que se tiñó de pena cuando el ginecólogo de la Unidad de Medicina Fetal del Hospital Universitario Puerta del Mar (Cádiz) le indicó en un control rutinario, a las 20 semanas de gestación, que uno de los fetos presentaba una cardiopatía fetal grave denominada «truncus arterioso común». Y le comunicó a ella y a su marido, ambos gaditanos, que dicho feto era inviable y que debían plantearse seriamente la opción de un  Aborto selectivo. El otro gemelo estaba perfectamente sano.

Con la pena, y tras consultar el demoledor diagnóstico con un cardiólogo pediátrico, tomaron la decisión de interrumpir la vida de ese feto, y con la pertinente autorización del Comité Clínico de Interrupción Legal de la Gestación de la Unidad de Medicina Fetal del hospital del SAS, se derivó a la pareja para la práctica de fetolisis selectiva a la Clínica El Sur Atocha Ginecológica de Sevilla, concertada con el Servicio Andaluz de Salud.

El 22 de diciembre de 2011, Amalia tuvo un mal presentimiento. Ella indicó cuál de los dos era, y puntualizó además que «en el historial médico venía». El ginecólogo de la Clínica El Sur, F.M.V., lo puso en duda. Y procedió a la punción «prescindiendo de las más elementales medidas de precaución que exige la pericia médica, sin cerciorarse antes de cuál era el feto que estaba enfermo, pinchando el feto sano, error que pudo haberse evitado tomando las más elementales medidas de comprobación ecográfica de la posición de ambos fetos en el claustro materno en el momento de practicar la punción», según recoge la sentencia condenatoria que casi cinco años más tarde ha dado la razón al matrimonio.

Amalia, que conocía el procedimiento al ser parecido a la Amniocentesis a la que se sometió y que desveló la existencia de la cardiopatía, advirtió al ginecólogo que no era por ahí por el lugar por el que debía punzar. Fue en vano.

En su defensa, el médico alegó que lo ocurrido se produjo «por un error humano» y que Amalia «estaba muy nerviosa» y que «no colaboraba». Reconoció que le preguntó «qué feto era», pero que le preguntó dentro de una charla «tranquilizadora», porque él «sabía perfectamente cuál era el feto sometido a la intervención». Pero se equivocó.

Días más tarde, y ya en Cádiz, el 12 de enero volvió a la consulta de su ginecólogo en el Puerta del Mar. Este se percató, a través de una ecografía, de que el feto sobre el que se había practicado la punción era el feto sano, y el que padecía la cardiopatía seguía vivo y en desarrollo. El 20 de enero Amalia se sometió a una nueva interrupción del embarazo.

Denuncia

El matrimonio decidió denunciar y se puso en manos del Bufete Ortiz, especializado en Derecho Sanitario. El pasado 5 de mayo, el Juzgado de lo Penal número 3 de Sevilla les ha dado la razón y ha condenado al ginecólogo, F.M.V., como autor responsable de un delito de aborto causado por imprudencia grave a la pena de cuatro meses de prisión y a la inhabilitación para el ejercicio de la medicina por tiempo de tres años, imponiéndole además el pago de las costas procesales. Además, deberá indemnizar al matrimonio gaditano afectado en concepto de responsabilidad civil por la pérdida del feto en la suma de 50.000 euros.

Amalia, que es hoy madre de un hijo, ha recibido en estos días la llamada de numerosos medios de comunicación al conocerse la sentencia, pero no puede hablar. No quiere recordar. El dolor sigue ahí. Sólo quiere que lo que le pasó se sepa. Para que no se repita. Para que las corazonadas, en determinados casos, pesen tanto como los criterios médicos.