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Congelación de óvulos: preservar la fertilidad en tiempos de incertidumbre



En las últimas décadas, el proyecto vital de muchas mujeres ha cambiado profundamente. La estabilidad laboral, el acceso a la vivienda, las metas profesionales o simplemente el deseo de encontrar el momento adecuado para la maternidad han hecho que cada vez más mujeres decidan retrasar tener hijos. En este contexto, la congelación de óvulos —también conocida como vitrificación ovocitaria— ha emergido como una herramienta clave para preservar la fertilidad y ampliar el margen de decisión reproductiva.

¿Qué es la congelación de óvulos?

La congelación de óvulos es una técnica de reproducción asistida que permite extraer, congelar y almacenar los óvulos de una mujer para su uso futuro. Este procedimiento se realiza mediante un proceso llamado vitrificación, que consiste en una congelación ultrarrápida que evita la formación de cristales de hielo en el interior de las células, aumentando así las probabilidades de supervivencia del óvulo cuando se descongele.

A diferencia de métodos más antiguos de congelación lenta, la vitrificación ha demostrado tasas de éxito significativamente superiores, tanto en la supervivencia de los ovocitos como en las probabilidades de fecundación posterior.

¿Quién debería considerar este tratamiento?

Aunque inicialmente esta técnica se asociaba principalmente a mujeres que debían someterse a tratamientos médicos agresivos —como la quimioterapia— que podían comprometer su fertilidad, hoy en día muchas mujeres sanas optan por congelar sus óvulos por razones sociales o personales.

Entre los perfiles más habituales encontramos:

  • Mujeres que desean retrasar la maternidad por motivos profesionales o personales.

  • Pacientes diagnosticadas con enfermedades que pueden afectar su reserva ovárica.

  • Mujeres con antecedentes familiares de menopausia precoz.

  • Personas que desean preservar su fertilidad antes de someterse a cirugías ováricas.

La decisión de congelar óvulos no implica necesariamente que vayan a utilizarse en el futuro, pero sí ofrece una especie de “seguro biológico” frente al paso del tiempo.

¿Cómo es el proceso?

El tratamiento suele durar entre dos y tres semanas y consta de varias fases:

  1. Estimulación ovárica: Se administran hormonas para estimular los ovarios y favorecer la maduración de múltiples óvulos.

  2. Seguimiento médico: Mediante ecografías y análisis hormonales se controla la evolución del tratamiento.

  3. Punción folicular: Bajo sedación, se extraen los óvulos mediante una intervención breve y mínimamente invasiva.

  4. Vitrificación: Los óvulos se congelan y almacenan en nitrógeno líquido a -196 °C.

Una vez congelados, pueden permanecer almacenados durante años sin que se deteriore su calidad.

Tasas de éxito y edad: factores clave

Uno de los aspectos más importantes a tener en cuenta es la edad en el momento de la congelación. La calidad de los óvulos disminuye con el tiempo, especialmente a partir de los 35 años. Por ello, los especialistas recomiendan realizar el procedimiento antes de esa edad para maximizar las probabilidades de éxito.

Aunque congelar óvulos no garantiza un embarazo futuro, sí aumenta significativamente las posibilidades de lograrlo mediante técnicas de fecundación in vitro cuando llegue el momento.

Aspectos emocionales y éticos

Más allá de la tecnología, la congelación de óvulos también plantea cuestiones emocionales y éticas. Para algunas mujeres, representa una forma de empoderamiento y autonomía sobre su propio cuerpo y su tiempo reproductivo. Para otras, puede generar falsas expectativas o una presión añadida sobre cuándo y cómo formar una familia.

Es fundamental contar con asesoramiento médico y psicológico antes de tomar una decisión de este tipo, para comprender tanto las limitaciones del tratamiento como sus implicaciones a largo plazo.

Conclusión

La congelación de óvulos no es una garantía de maternidad, pero sí una herramienta que permite a muchas mujeres ganar tiempo y tomar decisiones más libres respecto a su futuro reproductivo. En una sociedad donde los tiempos biológicos y sociales no siempre están alineados, esta técnica ofrece una oportunidad para reconciliar ambos ritmos.

Como en cualquier tratamiento médico, la información rigurosa y el acompañamiento profesional son esenciales para tomar una decisión consciente y adaptada a cada caso individual.