Cuando Jessica Allen decidió alquilar su vientre, seguro que no se imaginaba la “pesadilla” que iba a vivir. Al nacer los dos bebés tras una fecundación in vitro, la gestante descubrió que, para su sorpresa, uno de los niños tenía rasgos asiáticos como la familia biológica y el otro, afroamericanos.
Tras las pruebas de ADN, descubrió que uno de los pequeños era en realidad su hijo, pero el otro no. Jessica Allen decidió subrogar su vientre en 2015. Tiempo después, llegó una familia china a su vida y se dispuso a realizarse una fecundación in vitro con el esperma del marido, un proceso ilegal en su país (Reino Unido). A los seis meses de embarazo, descubrió que iba a dar a luz a dos bebés.
Unos meses más tarde, nacieron los dos bebés. Uno de los pequeños tenía rasgos asiáticos, como la familia donante, mientras que el otro parecía afroamericano, como el marido de Jessica. Tras unas pruebas de ADN, se confirmaron sus sospechas: uno de los bebés era biológicamente suyo. Superfetación, ese es el nombre de lo que le sucedió. O lo que es lo mismo, Jessica estaba embarazada antes de la fecundación in vitro.
Los autores de este artículo proponen la posibilidad de la existencia de un síndrome análogo al síndrome de ovario poliquístico (PCOS) en hombres. Para ello se basan en la evidencias científicas que describen alteraciones hormonales y metabólicas en hombres familiares de mujeres con PCOS. Postulan la posibilidad de que este síndrome presente un fundamento genético y que tanto hombres como mujeres puedan heredar los mismos genes responsables.
RESULTADOS
Encuentran evidencias sobre la relación de hombres familiares de mujeres con PCOS y una mayor frecuencia de resistencia a la insulina, dislipemia, disfunción endotelial, hipertensión, obesidad, diabetes mellitus tipo II, alteraciones cardiovasculares, alopecia androgénica (AGA) precoz.
Los autores aprecian a partir de los estudios analizados que los hombres con AGA precoz presentan una disminución de los niveles de globulina transportadora de hormonas sexuales (SHBG), hormona folículo estimulante (FSH) e índice de andrógenos libres (FAI), así como un elevado índice de masa corporal (BMI) y, por lo tanto, un mayor riesgo de desarrollar hiperinsulinemia y alteraciones cardiovasculares, especialmente en hombres con hipertensión y niveles altos de colesterol.
También relacionan el AGA precoz con la hiperplasia benigna de próstata (BPH), con la prostatitis y con el cáncer de próstata. En este caso existen resultados controvertidos en los estudios consultados. Los autores lanzan la hipótesis de que la disregulación metabólica de hombres con AGA precoz, puede predisponerles a desarrollar BPH, lo que, por sí mismo, podría representar una complicación a largo plazo del síndrome análogo al PCOS en hombres.
La existencia de este síndrome se lleva discutiendo desde hace 10 años, siendo la mayoría de los estudios revisados de los últimos 7 años. La tardanza en el reconocimiento del PCOS masculino, se puede deber a la dificultad en la discriminación de los síntomas del mismo en hombres. De hecho, mientras en mujeres puede ser relativamente fácil advertir menstruaciones irregulares, hirsutismo, acné y caída de pelo, en hombres el AGA precoz puede ser percibido como un síntoma de la virilización normal masculina.
CONCLUSIONES
Los autores encuentran unas diferencias importantes entre ambos sexos en la expresión fenotípica del síndrome. Por un lado, las mujeres con PCOS presentan un hiperandrogenismo bioquímico que podría causar una hipertrofia adipocítica. Además, la resistencia a la insulina ocurre en mujeres con PCOS con hiperandrogenismo y anovulación que provoca un aumento del BMI. Contrariamente, los hombres con el síndrome análogo de PCOS en mujeres, presentan un equivalente hormonal que no incluye la hipertestosteronemia.
La diferencia en valores de testosterona entre hombres y mujeres, con relación al PCOS, pueden deberse a la diferente respuesta gonadal frente a la insulina que, mientras estimula la esteroidogénesis en los ovarios conduciendo a un hiperandrogenismo, conduce, por otro lado, a una inhibición de la esteroidogénesis en las células de Leydig testiculares dando lugar a una hipotestosteronemia.
Los autores proponen que la SHBG debería ser analizada en paciente jóvenes con AGA para predecir el riesgo de desarrollar hiperglucemia, resistencia a la insulina y diabetes tipo II, así como realizar en estos pacientes estudios para prevenir alteraciones metabólicas y reducir el riesgo de desarrollar diabetes tipo II y daños cardiovasculares. Además las consecuencias reproductivas que este síndrome podría tener en hombres serían importantes. Los hallazgos de disminución de los niveles de FSH y testosterona, así como el aumento de la hormona antimülleriana (AMH), descrita también en hombres con AGA precoz, sugieren esta posibilidad.
La visión de RHA Profesional
Mas allá de la existencia o no de un un síndrome análogo al síndrome de ovario poliquÍstico en varones, creemos que esta línea de trabajos debe servir para reclamar una atención de salud integral a nuestros pacientes, no solo enfocada a resolver el problema reproductivo si no a realizar una verdadera atención sanitaria integral. No debiendo olvidar que muchas veces la existencia de problemas reproductivos pueden ocultar la presencia de factores de riesgo para otras patologías crónicas.
Cuando ya te has decidido que tu vida y la de tu pareja están listas para concebir un bebé, se abre un abanico de posibilidades en el que, o te quedas embarazada de repente y cuando menos te lo esperas, o el camino empieza a verse un poco largo cuando pasa el tiempo y nada sucede.
Cuando os hablé de los test de ovulación y mi experiencia con ellos os conté que mi caso fue el segundo y que, a pesar de que finalmente ocurrió de forma natural, sí que alcancé a practicarme algunos análisis de fertilidad. Uno de ellos fue la histerosalpingografía, tan desconocido y que genera tanto miedo que creo que puede ser útil contar mi experiencia y cómo funciona la práctica de este análisis en España.
¿En qué consiste la histerosalpingografía?
Es un análisis que se incluye dentro de las pruebas de fertilidad que se realizan a mujeres que están buscando quedarse embarazada y para el cual se utiliza los rayos X. Este permite comprobar el estado y nivel de permeabilidad de las trompas de falopio y del útero para descartar anomalías en el proceso de fecundación.
El procedimiento es relativamente sencillo y rápido: primero se introduce un espéculo por la vagina para limpiar la zona y posteriormente se pasa un pequeño tubo para llenar el útero y las trompas de un líquido llamado medio de contraste. Gracias a eso las radiografías pueden evidenciar si existe algún bloqueo en el canal o algún tipo de malformación en la cavidad uterina.
¿Cuáles son las condiciones para practicarla?
Lo condición principal es que no debes estar embarazada (que es obvia, pero que se incluye dentro del consentimiento que debes firmar antes de practicarle). En cuanto a la preparación, debes tomar antibióticos para evitar infecciones y analgésicos antes de la prueba . Adicionalmente el procedimiento de la seguridad social española establece que debes tomar un valium la noche anterior y otro el mismo día de la prueba.
En teoría (ya explicaré porqué digo “teoría”), la prueba se debe realizar dentro del séptimo y el décimo día después de que se inicie la regla porque esto también disminuye las posibilidades de contraer una infección y porque esta es la prueba fehaciente de que no te encuentras en estado de embarazo.
¿La histerosalpingografía causa dolor?
En mi caso, si. Lo más normal es que se sientan molestias (muy parecidas a los cólicos menstruales), pero es un dolor soportable. Eso si, este puede permanecer durante un par de horas después de haber practicado el análisis y a pesar de haber tomado los medicamentos recomendados previamente.
¿Qué efectos posteriores puede ocasionar?
Además del dolor, es normal presentar algo de sangrado vaginal (supongo que es más por el proceso con el espéculo que por el analisis), malestar general, mareos, náuseas e infecciones (de ahí la importancia de tomar los medicamentos previos). También pueden presentarse complicaciones graves como perforaciones, aunque es muy poco probable.
¿Es el análisis definitivo antes de un procedimiento de fecundación?
Desafortunadamente no, pero si que es uno de los más importantes por lo que se puede descubrir a través de él. Una cosa curiosa es que la ginecologa recomienda tener relaciones sexuales después de practicarte la histerosalpingografia (no inmediatamente, claro), porque puede haber alguna adherencia en las trompas que puede que impida el paso de los espermatozoides y que la entrada del líquido separa (ya lo había leído antes, pero comprobé en carne propia que en efecto, es una de las recomendaciones que te hacen).
¿La Seguridad Social cubre este análisis?
Si, este está incluido dentro del programa de fertilidad. Sin embargo es importante tener en cuenta que generalmente hay listas de esperas de meses, así que entre el momento en que te dan la orden para practicartelo y el momento de llevarlo a cabo, puede pasar mucho tiempo.
Como podréis sospechar una mujer que tenga un ciclo irregular puede tener problemas, ya que es una cita que dan con mucha antelación, y si las fecha que te han dado no coincide con la fecha en que debes hacértela, debes cambiarla. Luego me di cuenta que si es tan solo un par de día, puedes llevar una prueba de embarazo, hacértela allí mismo y presentarla para que no haya necesidad de modificar la fecha.
La recomendacion que yo le daría a alguien que tenga que practicársela es que intente estar muy tranquila el día de la prueba, que vaya acompañada y a poder ser que organice su horario de tal forma que pueda descansar un poco después de hacérsela. Si es por la seguridad social, que tenga en cuenta el tema de las citas y de llevarse una prueba de embarazo porque te la pueden pedir.
Soy consciente de que la gente que no ha tenido problemas para tener a sus hijos, así como las que aún no se han puesto a ello, no pueden llegar a comprender del todo por lo que está pasando una pareja que está en tratamiento de fertilidad, y por tanto, no pueden saber cómo afrontarlo en una conversación.
Cuando estás enfermo, o tienes problemas económicos o amorosos, la gente sabe más o menos cómo actuar, pero ahora que tengo este problema, siento que nadie sabe qué decir, o incluso que no saben muy bien qué opinar al respecto, y te dicen cosas como “no te preocupes, eres joven”, “bueno, no es para tanto, lo que importa es que tú estés bien”, “cuando te relajes, ocurrirá”, “hay muchas más cosas en la vida”, “hay otras alternativas”, “¿en serio quieres ser madre?” .
¡NO! Nada de eso me hace sentir bien; de hecho, lejos de hacerme sentir bien, me hace sentir incomprendida y sola ante una situación que se me está haciendo tremendamente difícil, porque un problema de infertilidad no tiene nada que ver con el estrés ni la psicología, sino que se trata de un problema físico, que estás luchando por solucionar, pero que trae consigo muchas desilusiones, y muchas decepciones que te hunden hasta lo más profundo de tu pozo de tristeza, que jamás pensaste que podía ser tan profundo…
Tengo la triste sensación de que el resto del mundo es incapaz de comprender siquiera una décima parte del dolor que estoy pasando, y eso me hace sentir como si me estuviese volviendo loca, totalmente obsesionada por conseguir quedarme embarazada; y sí, realmente puede que lo esté, pero es que cuando buscas formar una familia, y no lo logras, la sensación es más que de una “simple” frustación más de la vida; la sensación es, tan simple y tan complicado a la vez, de no servir como humano.
Es así de fuerte, y sí, quizá así de loco… Te conviertes en una mercancía defectuosa, y empiezas a plantearte que, si no puedes reproducirte, no tiene sentido tu existencia, y que eres un maldito lastre para tu pareja, porque te casaste con él, y ahora no eres capaz de rellenar ni una sólo de las putas hojas destinadas a “hijos” del libro de familia…
Tu pequeña locura empieza por convertir tu rutina en una rutina de fertilidad: todo gira alrededor de un calendario, reglas, hormonas, medicinas, comer bien, hacer ejercicio, tomar ácido fólico religiosamente todos los días… ¡todos los días durante meses para nada una y otra vez! ¡me tomo la mierda de pastilla esa, día tras día, esperando que algún día sirva para algo! así que cada mañana, el día comienza con un pequeño recordatorio de tu triste realidad, no vaya a ser que te hubieses levantado con el pie derecho y se te hubiese olvidado…
Sabes que estas cerca de la locura cuando te decepcionas con tu aparato reproductivo por fallarte… cuando te cabreas con los embriones por no saber implantarse: “¿estáis tontos o qué? ¡aprendeos el camino, coño!”, y empiezas a tener conversaciones mentales con tu propio cuerpo, echándole cosas en cara, y sientes que él te echa en cara cosas a tí, del estilo: “tienes la regla desde los 12 años; ¿por qué malgastaste tantas oportunidades? Ahora que no entren las prisas; déjame en paz”.
Te conviertes en un ser que se limita a sobrevivir el tiempo que debes dejar entre un tratamiento de fertilidad y el siguiente; y aprendes a ocultar y mentir: – ¿Cómo estás?, – ¡Fenomenal!; – ¿Y los hijos para cuando?, – Uy!
Déjate, déjate… estamos disfrutando de nuestra vida de recién casados… y luego te vas al baño, lloras, te retocas el maquillaje y sales con la mejor de tus sonrisas, a “estar” en una fiesta en la que no te apetece una mierda estar, porque en el único lugar donde te gustaría estar, es en el sofá de tu casa, acunando a tu pequeño, y disfrutando de la “putada” de no poder salir por tener un bebé al que cuidar.
Así es que, por miedo a que te tomen por loca, o a que te den absurdos consejos o tipicazos que van directos como dagas a tu corazón ya de por sí herido, mejor no cuentas nada… mejor te lo guardas para tí solita, para tu casa, y te sorprendes escuchándote decir cosas como – Pues si no tengo hijos, viajaré más, y disfrutaré de otras cosas, o – bueno, así podré dormir siempre todo lo que quiera y hacer lo que me dé la gana jaja!… ja… ja… en serio????
Luego está el tema de los embarazos a tu alrededor… eso es tema aparte… Es obvio que te alegras de que tus amigas o familiares se queden embarazadas, porque el dolor que tú estas pasando no se lo deseas a nadie!! A NADIE!!…
Pero saber que ese milagro siempre le pasa a las demás y no a tí, hace que aflore en tí la envidia más verde, la rabia más destructora… te tiemblan las piernas y se te bloquea la voz; sacas fuerzas de sol para conseguir decir: -enhorabuena, me siento muy feliz por tí… y deseas que se te trague la tierra en ese mismo instante y que jamás vuelva a escupirte, porque no es verdad, no estás feliz, ¡estás celosa! ¡y eres una malísima persona por ello! Ya no te cuento si te cuentan de un embarazo no deseado, o peor, de un aborto provocado.
Todos los días, a todas horas, desde hace tres años, pienso en algo relacionado con mi infertilidad; pienso en mi vientre vacío, tan vacío como mis brazos, en mis pechos secos, en que por tres veces ha habido otro corazoncito latiendo dentro de mí, algo a lo que otros llaman “feto”, pero yo llamo “hijo”.
Todos los días, a todas horas, desde hace tres años, tengo microrecuerdos, microsensaciones, microlágrimas que nublan mis ojos pero a las que no dejo salir, y meto para dentro de nuevo; me estoy volviendo una experta en eso.
Todos los días, a todas horas, desde hace tres años, me siento en una especie de limbo, como si mi vida se hubiese quedado parada en el momento en que decidí que quería ser madre.
Y hay días, entre los días, en que sólo soy capaz de andar si me centro en los pasos de un desconocido que ande delante de mí… porque mi cerebro está tan bloqueado que parece incapaz de regir mis movimientos, y sólo siguiendo a alguien, a su mismo ritmo, soy capaz de que mis piernas reaccionen… un paso.. otro.. adelante… ¡siempre adelante!
Si un día te sientes positiva, sientes que corres, que saltas, ¡que vuelas en tu cabeza! pero si es un día malo… ay.. empiezas a arrastrar los pies, a gatear, a arrastrarte.. pero jamás, jamás te paras, porque visualizas a tus hijos allí, delante tuyo, muy lejos, y sea como sea tienes que seguir.. tienes que lograr llegar hasta ellos.
Sólo algún día entre los días, alguno sólo, me derrumbo, me hago un ovillo en el sofá, y me permito dejar de hacerme la fuerte por un rato, aprieto las manos sobre mi vientre, y lloro… lloro mucho, hasta que me duelen los ojos y la cabeza.
Sólo hay una cosa que consigue hacerme sentir mejor, y es el hecho de navegar por Internet y descubrir que todas, absolutamente todas las chicas que tienen que recorrer este amargo camino de infertilidad, sienten las cosas que yo siento.
Me tranquiliza saber que no me estoy volviendo loca, que es un camino que por desgracia recorren otras muchas chicas también; cada una tiene su propio camino, porque cada problema es un mundo, pero todas tenemos los mismos miedos, las mismas angustias, y las mismas inseguridades; lo que ocurre es que, por algún extraño estigma social, lo recorremos en silencio, sin compartirlo con nadie.
A pesar de todo, y como ya he dicho antes, no voy a dejar que esta cruz que me ha tocado llevar, me pare. No voy a dejar de disfrutar de la vida, porque entre bajón y bajón, sigo siendo capaz de disfrutar de un rayo de sol en mi cara, una flor en medio de mi camino, una canción de mi ipod, una cerveza con amigos, o una sonrisa de mi ángel de la guarda, mi luz, mi faro, mi razón de ser, mi marido.
Por tres veces me han salvado de una muerte segura, así es que ahora soy capaz de valorar mucho más la vida, y debo dar gracias de todo lo que esta vida me regale.
Seguiré avanzando hacia mi objetivo, hacia mi bebé arcoiris, mi milagro. La motivación es tan fuerte que absolutamente nada puede detenerme.
Quiero que la gente sepa por lo que estoy pasando para no tener que poner sonrisas de medio lado, ni mentir acerca de por qué no tengo la suerte de pasear con un carrito bajo el sol de primavera.
Necesito que lo sepas para que no me me preguntes “para cuándo los hijos” (de hecho, por favor, no se lo preguntes a nadie que pase de los 30 y tantos y lleve ya un tiempo casada); no me digas que no me preocupe; no me digas que hay otros caminos, porque lo sé de sobra, pero los caminos se recorren uno a uno; y no me digas que lo importante es mi salud, y que deje de intentarlo, o que me dé un tiempo. No hay tiempos muertos en este juego. No puedo tirar la toalla. Ya no.
No debes sentir pena de mí, porque la naturaleza es así de caprichosa, y a mí me ha tocado esta lucha; cada uno tiene la suya.
Sólo te pido que me des tregua si un día parece que no estoy en este mundo, si se me olvida algo que no debía olvidar, si algo aparentemente insignificante me duele o me molesta de forma exagerada, o si, por el contrario, algo que debería importarme mucho, me importa un puta mierda.
Sólo te pido que entiendas que estoy en una tremenda lucha interna cerebro-corazón-útero que me agota física y mentalmente, pero de la que saldré ilesa.
Fue en junio cuando Carolina –38 años y 180 kilogramos de peso- empezó a sufrir fuertes dolores de espalda y acudió a su médico de cabecera. El doctor no mostró ninguna duda: tenía que adelgazar. Cinco meses más tarde Carolina permanece entubada y en estado grave en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) del Hospital Carlos Haya de Málaga tras dar a luz a dos gemelas de 2,4 y 2,1 kilogramos, sin que ninguno de los médicos a los que volvió a acudir en ese espacio de tiempo detectase que estaba embarazada.
Y no fueron pocos. Entre junio y octubre, Carolina acudió una segunda vez a su Centro de Salud, y tres veces más al Servicio de Urgencias del Hospital Clínico Universitario de Málaga, quejándose de fuertes dolores abdominales e inflamación en las piernas. Pero el diagnóstico no pasó de una simple lumbalgia.
“No se podía ni sentar; yo la ayudaba a moverse, a ducharse y a todo lo demás. Nunca imaginé que en realidad estaba embarazada”, relata Gonzalo, su marido y padre de las dos gemelas, a las que ya han bautizado con los nombres de Carmen y Alejandra. Carmen en recuerdo de la Virgen del Carmen -“para que la libre de todo mal”, dice Gonzalo- y Alejandra por la letrada que se ha hecho cargo de su caso, y que ha presentado ya una denuncia por negligencia médica contra el Servicio Andaluz de Salud (SAS).
Gonzalo y Carolina se conocieron en 2011, cuando él tenía coche propio y trabajaba como transportista en la plataforma logística que el Grupo Eroski tenía en Málaga. Ella había trabajado como charcutera en varias cadenas de supermercados. Desde entonces permanecen unidos en salud y enfermedad, en riqueza y en pobreza, y esto último al pie de la letra, pues un año más tarde Gonzalo perdió su empleo, y a partir de ese momento dependieron de la ayuda de sus suegros y de los escasos y precarios contratos que les iban saliendo de higos a brevas. El último de ellos, el pasado verano en Limasa, la empresa de limpieza de Málaga, que aumentó su plantilla de eventuales durante la Feria de Agosto.
El año 2012 no solo trajo a esa casa el desempleo de Gonzalo, sino terrible la noticia de que Carolina no podría tener hijos debido a su obesidad. “Era su mayor sueño, pero los médicos nos dijeron que hasta que no perdiera peso sería imposible que quedara embarazada”, recuerda Gonzalo.
Gemelas de más de dos kilos cada una
Tan seguros estaban de ello los médicos que consideraron un simple trastorno debido a su obesidad la retirada de la menstruación que la paciente reveló en una de sus visitas al centro hospitalario. La misma seguridad llevó a los facultativos a diagnosticar que el bulto que tenía en la parte baja del vientre era un simple “bultoma de grasa”, que tenía que ponerse a régimen, y que era necesario hacerle unos análisis de sangre.
Pero no llegó a recoger la analítica. El pasado 6 de octubre, el día que tenía la cita, Carolina no aguantó más de dolor, y su marido la llevó a Urgencias de nuevo. “Cuando llegamos al hospital ella sólo gritaba que se quería morir del dolor”, recuerda Gonzalo.
El médico de guardia detectó un absceso en la zona púbica y pidió más pruebas. Entre ellas, el test de embarazo, que para sorpresa de todos, dio un resultado positivo. De inmediato se le practicó una ecografía, en la que pudo verse, con alguna dificultad debido a la obesidad de la madre, a las dos gemelas completamente desarrolladas. No sólo era un embarazo, sino que la biometría de los bebés mostraba que la paciente había cumplido con el periodo de gestación y estaba a punto de dar a luz. A toda prisa la llevaron al quirófano. A las 8.25 y 8.26 del 6 de octubre llegaban al mundo Carmen y Alejandra, con un peso de 2.434 y 2.160 gramos.
“Llegó a Urgencias con signos de dilatación, y entonces sí, entonces le hicieron las pruebas y la enviaron directamente al quirófano para practicarle una cesárea”, se queja Alejandra Méndez, la abogada y amiga de la familia que ha presentado la denuncia contra el SAS por posibles negligencias médicas con riesgo grave.
Carolina no ha visto aún a sus dos gemelas. Tampoco las llegó a notar en su interior durante el embarazo. Según su marido, “a veces notaba como patadas, pero como tiene una medicación fuerte para los nervios tanto ella como las niñas estaban relajadas y en general no se movían”.
Diazepam y Sertralina durante el embarazo
De hecho, y según su abogada, Carolina estaba siendo tratada por depresión con Diazepam y Sertralina, lo que le provocaba un estado de relajación en el que apenas notaba nada, y que pudo afectar a las niñas.
“A veces incluso parecía que tenía ganas de vomitar pero nunca llegó a hacerlo. Nunca sospechamos de verdad lo que pasaba. Sería una injusticia que le pasara algo a ella y no conociera al final a sus hijas”, asegura Gonzalo.
La denuncia de la familia ha motivado ya la apertura de unas diligencias en el Juzgado de Instrucción número 13 de Málaga contra el Hospital Clínico Universitario y contra el Servicio Andaluz de Salud (SAS) por negligencia grave. “Habrá que ver en el futuro si lo que ha ocurrido ha podido afectar a las gemelas en su estado de salud, aparte del daño que ya se ha provocado a la madre”, señala la abogada.
Por el momento sin embargo las niñas están bien. El problema, según Méndez, es ahora la madre. “La intervención fue muy complicada, y ahora tiene varios coágulos en la cabeza y muchos problemas para respirar; de hecho es muy probable que le practiquen una traqueotomía”, lamenta la letrada. Su marido, Gonzalo, ha dejado a las niñas al cuidado de sus suegros y acude cada día en el horario de visita a acompañar a su mujer a la UCI del Hospital Carlos Haya, le da la mano y, cuando Carolina abre los ojos, le cuenta que, por fin, ha sido madre.
Se conoce como infertilidad secundaria la que ocurre tras tener un primer hijo. Si hay mucho desconocimiento en torno a la infertilidad primaria, las parejas que se enfrentan a la secundaria, además, suman cierto nivel de incomprensión.
Se tiende a dar por supuesto que si ya se ha tenido un primer hijo, el segundo acabará por llegar. Pero no siempre es así. Puede que los problemas reproductivos ya se estuvieran manifestando antes del primer embarazo y que este llegara casi por un golpe de suerte. Pero también es posible que se hayan desencadenado tras él y por eso no estuvieran contemplados.
La edad
Las niñas ya nacen con todos los óvulos que irán expulsando a lo largo de su vida fértil. Por eso, por joven que se sienta la futura madre, hay que tener en cuenta que los óvulos tienen tantos años como ella misma. Cuando una mujer se decide a ser madre a los 40 años sus óvulos tienen 40 años. Su calidad ya no será tan buena.
Cuándo acudir al médico
Cuando una pareja busca un segundo embarazo, suele tardar más en acudir al médico si éste no llega. Se dará por supuesto que solo es cuestión de tiempo lograr un embarazo. Pero el tiempo corre en su contra. Lo ideal es acudir al médico tras doce meses de intentos sin éxito.
Empatía
La infertilidad secundaria suele ser menos comprendida aún que la primaria. Se le resta importancia porque ya se tiene un hijo. Pero nada más lejos de la realidad. La imposibilidad de ampliar la familia como se desea puede generar tanto dolor e insatisfacción como lo hace en aquellas parejas que no consiguen un primer embarazo. Además de estrés o sentimientos de culpabilidad. Por otra parte, las continuas alusiones a ese segundo hijo que no llega, puede resultar muy doloroso.
