Actualmente, las mujeres pueden planificar el momento de ser madres gracias a la vitrificación, que permite mantener congelados los ovocitos durante años. Cuando la mujer decide ser madre se descongelan, y estos ovocitos conservan la calidad que tenían el día que se congelaron. El precio de la técnica suele estar entre los 2.000 y 3.000€.
Cada vez más, las pacientes que acuden a Gravida para preservar su fertilidad no vienen solas. En ocasiones, los padres ofrecen su ayuda a sus hijas para poder congelar sus óvulos y aumentar así las posibilidades de tener hijos más adelante. De esta manera, ellos también están contribuyendo a una de sus ilusiones: ser abuelos algún día.
Una técnica fiable
La doctora Márquez, directora del laboratorio de fecundación in vitro del centro Gravida, nos cuenta cómo funciona el proceso: “Es sencillo, consiste en realizar una estimulación hormonal y una punción folicular para la extracción de los óvulos. Posteriormente, en el laboratorio se lleva a cabo la vitrificación de estos óvulos y su almacenamiento a -196ºC, hasta que la mujer toma la decisión de utilizarlos.” Y añade: “Actualmente, gracias a los buenos resultados que se obtienen con la vitrificación, se pueden congelar los ovocitos de una forma segura, obteniendo muy buenos resultados después de descongelarlos, con una tasa de supervivencia de alrededor del 90%”.
Desde sus inicios, Gravida apostó por la preservación de la fertilidad, creando un banco de óvulos con las garantías que puede ofrecer un laboratorio pionero. Fue diseñado conjuntamente con la consultora Alpha Environmental, Inc., líder mundial en garantizar la calidad del aire de los laboratorios de fecundación in vitro. Gravida cuenta con la autorización que concede la Generalitat de Cataluña para poder criopreservar gametos femeninos.
De la encuesta participaron todas personas mayores de edad sin distinciones de sexo, siendo el porcentaje de participación 15% para gente entre 21 y 30 años, 57% de la década de los 31 a los 40 años de edad, 21% entre 41 y 50 años y el porcentaje de participación de gente mayor de 50 años fue de 7%.
El 90% de los participantes dice saber lo que es la donación de gametas. Casi la mitad (48%) considera que una persona nacida por donación de semen o de óvulos debe tener la oportunidad de conocer al donante, mientras el 29% piensa lo contrario. El resto, no tiene una posición definida al respecto al momento de realizar la encuesta. Más de la mitad, el 52% respondió que la donación debe ser gratuita, es decir que los donantes no deben ser remunerados por el acto de donar. En la verdad opuesta se encuentra el 21% que cree que las donaciones deben ser pagas. 25% no se manifestó respecto de este particular. Ante la pregunta: ¿tiene derecho el donante a conocer a la persona nacida con su semen o sus óvulos? Casi 60% respondió negativamente, 19% por la afirmativa y casi 22% dijo no saber.
Una de las preguntas que presenta mayor atomización en las respuesta es la referente a la cantidad de personas que debieran nacer como máximo a partir de un donante. 36% de los encuestados considera que no debieran ser más de tres personas nacidas con la donación de un mismo donante. Sin embargo, 26% opina que esa cantidad por cada donante podría llegar hasta cinco. Otro 26% respondió que no es necesario establecer un número máximo de nacidos a partir de un mismo donante. El resto cree que más de cinco nacidos estaría bien.
Si bien no existe una posición neta en los resultados acerca de a qué edad los padres pueden hablar con sus hijos respecto de sobre temas de donación de gametas, todas las respuestas indican que debiera ser antes de los 15 años (antes de los 3 años: 31%, entre los 3 y 4 años: 21%, entre los 5 y los 10 años: 26% y entre los 10 y los 15 años: 20%). Sólo el 2% opinó que debiera hablarse con los hijos luego de los 15 años. Todos los participantes indicaron que sí debe hablarse de estos temas con sus hijos. Según la encuesta, la mejor forma es hacerlo cuando es necesario explicarles cómo nacen los bebés (casi 58%). Otras formas acordes, según los resultados de la presente, resultarían ser: contándoles un cuento (casi 36%) o con un libro (casi 23%). En cuanto a la oportunidad de hablarlo, algo más de la mitad de la gente (54%) concluye que la mejor oportunidad es cuando los chicos preguntan cómo nacieron. Otro grupo de gente (25%) aduce que sería mejor tocar estos temas cuando los niños pregunten cómo nacen los bebés, y no esperar a la pregunta directa sobre el propio nacimiento, claro que esta puede resultar anterior. Dos grupos de aproximadamente 10% creen que es mejor hablar cuando los chicos comienzan a hablar o cuando sean capaces de entenderlo. Esto último representa una gran subjetividad, ya que podría ser en cualquiera de los momentos anteriores o inclusive después.
La técnica, llamada criopreservación, consiste en extraer a una mujer una porción de su tejido ovárico, congelarla a muy bajas temperaturas y años más tarde implantarle ese tejido.
El procedimiento comenzó a usarse hace ocho años para conservar la fertilidad de mujeres jóvenes que iban a ser sometidas a tratamientos de cáncer.
Estos tratamientos, como la quimioterapia o radioterapia, destruyen el tejido sano de la mujer y sus posibilidades de concebir.
Desde entonces la técnica, que sólo se practica en algunos centros especializados, ha resultado en el nacimiento de varios bebés sanos en el mundo.
Tal como expresan ahora los expertos, quizás es momento de que la congelación ovárica sea un procedimiento más ampliamente utilizado para beneficiar a las mujeres en todo el mundo que, por algún motivo, desean conservar su fertilidad y postergar la menopausia.
“La preservación de la fertilidad es ahora un componente clave del cuidado de las pacientes jóvenes de cáncer” expresó el doctor Gianluca Dennarelli durante la conferencia de Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE) que se celebra en Turquía.
“Aunque sigue siendo un procedimiento difícil, la criopreservación de corteza ovárica debe seguir ofreciéndose a las jóvenes y niñas antes de tratamientos de cáncer potencialmente gonadotóxicos”.
Contra el reloj biológico
Pero el científico agregó que dado que la técnica de congelación ha demostrado que puede extenderse durante un número ilimitado de años, ahora debe practicarse más ampliamente para beneficiar a más mujeres.
“Nosotros y otros grupos ahora creemos que la congelación de tejido ovárico para conservar la fertilidad no debe seguir siendo considerado experimental sino debe ser reconocido como una práctica rutinaria que debe ofrecerse en casos apropiados”.
“La edad, por ejemplo, es una importante consideración” agregó el doctor Gennarelli.
El médico de la Clínico Universitaria Sant’Anna en Turín, Italia, presentó los detalles del caso de una joven que logró un embarazo y nacimiento exitosos después de una congelación ovárica de siete años.
Según el científico “esta brecha de siete años representa uno de los intervalos más largos de tiempo entre la fecha en que se congeló el tejido y la fecha de un trasplante exitoso”.
“Esto demuestra que con esta técnica puede lograrse un embarazo incluso después de años de crioalmacenamiento” dijo.
Originalmente, cuando el procedimiento comenzó a utilizarse, los científicos pensaron que el tejido sólo podría preservarse durante algunos meses o uno o dos años, lo cual daría a las pacientes de cáncer tiempo para recuperarse y concebir.
Pero los resultados de las nuevas investigaciones, tal como expresó el doctor Gennarelli, han “superado todas las expectativas”.
Largo intervalo
Según el científico “hasta ahora no hemos sabido que la criopreservación de tejido ovárico tenga algún límite de tiempo”.
Otros investigadores, como el doctor Jacques Donnez de la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica, incluso han logrado prolongar más tiempo el intervalo entre la congelación y el implante en la paciente.
El investigador informó en junio de 2012 de un intervalo de 10 años entre la congelación y el embarazo.
Hasta ahora han nacido 22 bebés en el mundo con esta técnica, todos sanos y todos de forma natural, sin necesidad de tratamiento de reproducción asistida.
Y los beneficios del procedimiento, como anunciaron otros científicos durante la conferencia, no sólo implican la postergación de un embarazo sino también la recuperación de la función hormonal, la cual se ha observado en la mayoría de las mujeres que recibieron los trasplantes.
Esto significa que una mujer que retrasa la menopausia también retrasa la aparición de enfermedades vinculadas a ésta como osteoporosis.
El doctor Sherman Silver ha llevado a cabo varios trasplantes de tejido ovárico congelado en el Hospital St Luke en St Louis Missouri, Estados Unidos.
Tal como expresa el científico, la criopreservación “es una opción para la mujer que desea tener su propio hijo genético pero no anticipa comenzar una familia en muchos años” dice el médico.
Sin embargo, dice, con el paso de los años la fertilidad de una mujer se reduce significativamente y “a los 40 años es probable que ya haya agotado todos o la mayoría de sus óvulos fértiles”.
Por lo tanto, “la congelación de tejido ovárico es una nueva solución para estas mujeres” agrega.
Los expertos subrayan, sin embargo, que es necesario llevar a cabo más estudios para confirmar los riesgos y beneficios de la postergación de la menopausia.
Porque aunque esto podría reducir la osteoporosis y trastornos cardiovasculares, también podría incrementar el riesgo de algunos tipos de cáncer.
La acción combinada de dos proteínas –rab3 y rab27– es fundamental en procesos celulares asociados a patologías como la infertilidad masculina y la diabetes. El mecanismo, descripto por investigadores argentinos, fue publicado el martes en el journal PNAS, de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos.
Las rab pertenecen a una superfamilia de proteínas que juega un papel clave en la liberación de proteínas y enzimas del interior de la célula al exterior. Funcionan como puentes entre la membrana de la vesícula, que contiene las enzimas, y la de la célula. Al igual que una llave y candado, cuando “encajan”, la vesícula se abre y el contenido es liberado al exterior.
“Se sabía que actuaban las dos, pero encontramos que funcionan en una secuencia: rab27 antes que rab3”, explicó Claudia Tomes, investigadora independiente del Conicet y directora del equipo en el Instituto de Histología y Embriología de la Universidad Nacional de Cuyo, Mendoza.
Conocer este mecanismo base ayuda a comprender los procesos que ocurren a nivel molecular en diversas patologías. Y es que diferentes células utilizan el complejo rab para liberar sus hormonas y enzimas al exterior, como por ejemplo la insulina, la melanina -el pigmento de la piel y pelo-, sustancias de defensa del organismo y neurotransmisores.
Para William Wickner, a cargo del departamento de Bioquímica de la Facultad de Medicina de la Universidad de Dartmouth, Estados Unidos, esta investigación permite conocer mejor el funcionamiento de las células y su relación con la fisiología.
“En los humanos, como los motores, todo lo que pueda fallar va a fallar. Y cada parte del sistema que vamos conociendo terminará explicando una enfermedad y formando las bases para un tratamiento”, aseguró.
La primera niña nacida gracias a la fecundación in vitro (FIV) fue Louise Brown en 1978. Desde entonces y venciendo poco a poco las resistencias, la técnica fue cada vez más usada.
Hoy se estima que unos cinco millones de bebés han venido al mundo gracias al método FIV, según estimaciones facilitadas el lunes en conferencia de prensa en Estambul.
La Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología (ESHRE) remarcó que unos 350.000 bebés se conciben cada año mediante fecundación in vitro, un 0,3% de los 130 millones de nacimientos en el mundo.
La cifra de cinco millones se basa en las estadísticas de las fecundaciones in vitro reportadas en el mundo hasta 2008 y en estimaciones para los tres años y medio siguientes, período del que todavía no se disponen cifras.
La FIV es una fecundación que se realiza en el exterior del cuerpo de la mujer, en laboratorio, y de ahí la denominación de “bebés probeta”.
Muy polémica en sus inicios, la reproducción asistida se ha impuesto con el paso de los años como un tratamiento eficaz para numerosas parejas con problemas de fertilidad.
El índice de éxito de un ciclo de tratamiento se ha estabilizado en un 32% de embarazos por embrión transferido.
La ESHRE destaca asimismo los esfuerzos para evitar los embarazos múltiples, con la implantación de menos embriones en Europa, y cada vez más de un solo embrión.
El número de trillizos nacidos como consecuencia de una FIV es ahora inferior al 1% y el número de mellizos está por debajo del 20%.
Según este estudio, con el Programa de Adopción de Embriones que Institut Marquès empezó a realizar por primera vez en el mundo en el año 2004, desde entonces y hasta el 30 de abril de 2012 han nacido ya 550 niños en 28 países.
“Es emocionante pensar en el origen de cada embrión y cómo el destino lo hace llegar a esa mujer, la ilusión y la esperanza que se respiran en ese momento… Detrás de cada caso hay una historia de muchos fracasos en tratamientos previos o bien de haber abandonado la posibilidad de ser padres porque moralmente no la contemplaban“ comenta la Dra. Marisa López-Teijón, Jefa de Reproducción Asistida de Institut Marquès e impulsora de esta iniciativa.
El caso de Sarah, el nacimiento número 500
El pasado 31 de diciembre tuvo lugar en la localidad inglesa de Oxford el nacimiento número 500 del Programa de Adopción de embriones de Institut Marquès. Una niña llamada Sarah venía al mundo después de que a su madre se le implantaran en Barcelona dos embriones, de los que solo uno evolucionó. Estos embriones llevaban años congelados en el laboratorio de Fecundación In Vitro de Institut Marquès y procedían del tratamiento de una pareja que como tantas otras, no respondió sobre el destino que quería darles y según el consentimiento informado que firmaron al empezar el tratamiento, los dejó bajo custodia de la clínica.
“Nunca sentí que el embrión fuera de otra persona, siempre supe que iba a ser mi bebé. Es gracioso porque hasta la gente me comenta lo mucho que se me parece, ella es exactamente como había esperado que fuera”, comenta Lauren, la madre de Sarah.
En el caso de Lauren, de 40 años, la adopción de embriones funcionó tras dos intentos anteriores de inseminación y otros dos de Fecundación In Vitro realizados en Gran Bretaña. “Mi mensaje es claro: Si de verdad queréis tener hijos no lo dejéis para más adelante o podéis encontraros con que es demasiado tarde”, dice hoy con su niña en brazos.
550 bebés nacidos en 28 países
Como Lauren, otras mujeres han sido madres gracias a la adopción de embriones en España, Italia, Reino Unido, Francia, Alemania, Suiza, Noruega, Holanda, Irlanda, Bélgica, Bulgaria, Suecia, Austria, Finlandia, Méjico, USA, Australia, Argelia, Argentina, Guatemala, Canadá, Singapur, Rusia, Albania y Marruecos, Antillas, Grecia, Rumania y Dinamarca.
Según los datos que se presentaron ayer 2 de julio en el Congreso Europeo de Fertilidad ESHRE 2012, desde enero del 2004 a abril de 2012, se han realizado 1820 transferencias de embriones, que han dado lugar a 700 embarazos, 550 niños nacidos a fecha de 30 de abril de 2012 y otros 104 bebés que están en camino.
Así pues, las posibilidades de embarazo por cada transferencia de embriones son del 38,5%, con una tasa de parto gemelar evolutivo del 13%.
Una posibilidad de vida para los embriones congelados
En 2004 Institut Marquès inició el primer Programa de Adopción de Embriones del mundo. Esta iniciativa nació de la inquietud y responsabilidad sobre el destino de los embriones congelados que permanecían acumulados en el Laboratorio de Fecundación In Vitro de la clínica.
Según recuerda la Dra. Marisa López-Teijón, “decidimos ofrecer una posibilidad de vida a todos los embriones congelados con un alto potencial de embarazo y ceder sólo para investigación los que no cumpliesen estos requisitos”.
Al cabo de nueves meses de ponerse en marcha el Programa, nacía en Barcelona Gerard, un niño que hoy está a punto de cumplir 7 años. Su madre lo adoptó cuando el pequeño era un embrión de cuatro células que llevaba años congelado en el Laboratorio de FIV de Institut Marquès.
Cinco meses más tarde venía al mundo otro bebé, nacido de un embrión congelado 13 años antes, un caso publicado en la revista Reproductive Biomedicine por su gran interés científico como récord de permanencia en estado de congelación.
¿Qué embriones se pueden adoptar?
Los embriones que pueden ser adoptados proceden de pacientes que los donan a otras parejas o bien de pacientes que se desentienden de ellos, es decir, que no contestan a las diferentes cartas que la clínica envía durante un periodo de cuatro años. Según la ley española, pasado este tiempo y si la pareja no responde, los embriones pasan a disposición del centro y éste debe decidir el destino que quiere darles (conservación, investigación, donación o destrucción).
Los embriones adoptados también pueden proceder de pacientes que han realizado un ciclo de Fecundación in Vitro pero que no desean congelar los embriones sobrantes y por tanto deciden donarlos “en fresco” a otras parejas. En cualquier caso, según establece la ley española, los embriones que se adoptan proceden de parejas sanas y de mujeres menores de 35 años.
Según el estudio que el equipo de Institut Marquès presentó en la ESHRE, el 50% de las pacientes que solicitan adopción de embriones lo hacen por problemas de esterilidad (factor ovárico, infertilidad masculina severa o fallos previos en técnicas de reproducción) mientras que el resto son mujeres sin una pareja masculina que desean ser madres o parejas en listas de espera para adoptar un niño.
¿Cómo se adopta un embrión?
El tratamiento para la Adopción de embriones es más sencillo y asequible que una Fecundación in Vitro.
En primer lugar, el útero de la mujer se prepara para recibir los embriones mediante unos parches que se aplican en la piel y unos comprimidos vaginales. Al cabo de pocos días se procede a la descongelación y transferencia de los embriones, que no requiere ingreso hospitalario. Pasados 14 días se realiza la prueba de embarazo y a partir de ahí, es una gestación normal.
La adopción de embriones no requiere hacer trámites oficiales de adopción, sino únicamente firmar un consentimiento informado en el que la pareja o mujer reconocen explícitamente su conocimiento sobre el alcance de la técnica.
Las posibilidades de embarazo con este procedimiento se sitúan en torno a un 40% por cada intento o ciclo.
