Investigadores de la Universidad de Liverpool, Inglaterra, confirman que una de las razones de que las mujeres que durante el embarazo tengan perros yden a luz bebés más sanos es que, al sacarlos de paseo, se mantienen activas y ejercitan, aunque sea caminando, lo que evita que tengan sobrepeso.
La obesidad de la futura madre es un factor de riesgo para padecer diabetes, hipertensión, preclamsia, problemas en el desarrollo del cerebro del bebé, entre otras complicaciones.
Además, investigadores de la Universidad de Finlandia aseguran que los niños que crecen con mascotas son más fuertes y son menos propensos a sufrir de alergias, enfermedades respiratorias ni infección de oídos. Esto se debe a que tienen mayor contacto con bacterias , lo que lejos de afectarles, fortalece su sistema inmune y se traduce en niños menos enfermizos.
La implantación embrionaria es uno de los momentos más mágicos y maravillosos de todo el proceso de concepción de un bebé y ser mamá, además hace referencia, concretamente, al instante en el que el embrión decide adherirse al útero de su madre, y continuar así durante los nueve meses del embarazo hasta su posterior nacimiento. Te enseñamos algunos de los factores que mejoran la implantación del embrión.
Tanto las mujeres que buscan quedarse embarazadas de forma natural, como las que se ponen en manos de las técnicas de Reproducción Asistida, deben pasar por el momento de la implantación embrionaria y superarlo con éxito para que el embarazo pueda seguir adelante.
Hay que tener en cuenta que en un embarazo natural, los embriones se implantan aproximadamente entre 6 y 8 días después de llegar al útero. Este hecho revela que la implantación se produce cuando están en estadio de blastocisto. Pero aunque este es el momento en el que comienza la implantación, el proceso completo puede durar una semana completa, aproximadamente.
Sin embargo, en un proceso de fecundación in vitro (FIV) los embriones suelen ser traspasados cuando están en el día 3 de desarrollo, para que dentro del útero lleguen al estadio de blastocito, y por lo tanto se puedan implantar a partir del quinto día de crecimiento. Sigue leyendo y conoce cómo favorecer la implantación del embrión:
Factores que ayudan a la implantación en una FIV
Se ha demostrado científicamente que cuando se transfieren los embriones al útero de la madre en estado de blastocitos, aumenta el porcentaje de éxito en el proceso de la implantación.
En las clínicas de fertilidad, una vez que sacan los óvulos de la madre y se fecundan con el esperma de su pareja o de un donante, los dejan en el incubador de un laboratorio, con el objetivo de observar y clasificar su calidad, el número de células que tiene, o su crecimiento.
En este sentido, se ha demostrado que si se espera a que los embriones tengan cinco días de vida (en vez de tres días), puede disminuir los problemas para quedar embarazada y aumentar el porcentaje de éxito en el proceso de la implantación. Para ello, debes saber cuál es la probabilidad de éxito de la fecundación in vitro a la hora de someterte a este proceso.
Asimismo, una vez que se ha producido la transferencia embrionaria, la mujer ha de seguir una serie de recomendaciones que pueden ayudar a mejorar el proceso de implantación. Entre los factores que ayudan a la implantación en una FIV, encontramos, por ejemplo: no mantener relaciones sexuales hasta que no se realice una prueba de embarazo, beber abundante cantidad de líquido para mantener hidratadas las células del endometrio, y evitar la práctica de deportes o actividades bruscas o cargar peso.
Además, se ha demostrado que los baños de inmersión en bañeras o piscinas, especialmente si éstos son de agua caliente, pueden incrementar también la posibilidad de contraer infecciones que afectarían al proceso de implantación embrionaria.
Factores que ayudan a la implantación en un embarazo natural
Muchas mujeres que tratan de quedarse embarazadas de forma natural explican que han sentido una serie de síntomas concretos a partir del día de la implantación del embrión. Hay que matizar que no existen evidencias científicas que demuestren que la implantación del embrión pueda causar síntomas, sin embargo, hay mujeres que experimentan cansancio, dolor de ovarios, calambres o un sangrado de implantación.
Se ha demostrado también, que los malos hábitos de vida influyen negativamente en la receptividad del endometrio a la hora de ayudar a la implantación embrionaria. En este sentido, el consumo de tabaco y la obesidad son factores tremendamente negativos para favorecer la implantación.
También se sabe que otro factor clave que interviene en la receptividad del endometrio es el correcto funcionamiento del sistema inmunológico femenino. En este sentido, la carencia de algunos nutrientes como por ejemplo, la vitamina D, afectan negativamente al sistema inmune y, por lo tanto, también pueden dificultar la implantación embrionaria.
En resumen, conocer los factores que mejoran la implantación del embrión puede ayudarte a quedarte embarazada y formar una familia, de cualquier modo es recomendable que le preguntes a tu médico que puedes y qué no puedes hacer para dar con los factores que ayudan a la implantación del embrión.
Nia y Robert Tolbert son una pareja de Maryland, Estados Unidos, que desde 2011 hasta 2018 habrán sido padres de seis niños.
En 2011, tuvieron un niño, de nombre Shai. Más tarde, en 2015, nacieron gemelos, también varones, Riley y Alexander, y recientemente han sabido que tendrán trillizas el año que viene.
Cuando estábamos esperando gemelos la persona encargada de hacer las pruebas “preguntó si había habido partos múltiples en nuestra familia. Así que cuando en esta ocasión nos preguntó lo mismo pensé que íbamos a tener gemelos otra vez”, decía una confiada Nia en declaraciones recogidas por ABC News.
Pero en esta ocasión todo fue diferente. Según se recoge en ‘insideedition.com’ durante la cita médica escuchó cómo decían: “aquí está el bebé A, bebé B, bebé C”.
¡Iban a venir tres! En cuanto lo supo pensó cómo iba a decírselo a su marido. Al tener previsto un viaje fuera de la ciudad le dejó una bolsa de regalo y una nota escrita a mano en la que podía leerse: “Por favor acepta este regalo de mí y de Dios”.
Robert, al ver la bolsa, pensó que se trataba de un regalo que llevaba tiempo insinuando. La abrió y se encontró con una ecografía muy grande. “Y después vi tres pijamas pequeños… estaban numerados 1, 2 y 3”, contaba. Dice que ‘se desmayó’ cuando se dio cuenta de lo que le estaba diciendo su mujer. “Simplemente me fui a la cama”, añadía.
Después del primer impacto que supuso para la pareja enterarse de esta noticia, ambos ya se encuentran expectantes ante su nueva realidad. Apuntan que están planificando el que será “nuestro nuevo hogar. Ahora estará equilibrado, con tres niños y tres niñas”. Las pequeñas nacerán el próximo mes de marzo y cuentan que el mayor de sus hijos está emocionado con la llegada de sus hermanas.
Son conscientes de que en los próximos dos años no van a dormir mucho, que la factura de las alimentos crecerá y que no tendrán mucha tranquilidad en la casa. Reconocen, en un tono más distendido, que no están demasiado preocupados por la situación y, de hecho, se muestran felices por lo que van a vivir en los próximos años.
Los problemas de fertilidad afectan gravemente a la pareja
Los problemas de fertilidad tienen un fuerte impacto en la vida emocional de las personas que los experimentan. Sentimientos de frustración, fracaso, baja autoestima, ansiedad y depresión se entremezclan en el proceso en el cual la pareja descubre que tiene problemas de fertilidad.
Cuando una pareja decide someterse a tratamientos de fertilidad, ya ha pasado por varios intentos fallidos de conseguir un embarazo de manera natural. También ha experimentado la ansiedad que produce someterse a pruebas de fertilidad, la angustia durante el tiempo de espera de los resultados y el duro golpe emocional que supone recibir el diagnóstico de infertilidad.
Así, la pareja inicia el tratamiento de fertilidad acarreando un historial amplio de sentimientos y emociones negativas que afectan a la manera en que se enfrentan al proceso.
Sin embargo, la fase de dicho proceso que más afecta a la relación de pareja es cuando el tratamiento fracasa, cuando no se consigue el deseado embarazo.
Principales problemas de pareja derivados de la infertilidad
- El principal problema de la pareja ante la ausencia de hijos es la sensación de falta de plenitud. La pareja se siente incompleta e infravalorada por la sociedad. Tienen la sensación de que la sociedad no les concede el estatus de adultos y les condena a ser eternamente adolescentes por no tener hijos.
- En muchos casos, desaparece el placer en la relación sexual de la pareja. La presencia de disfunciones sexuales como consecuencia de la infertilidad es de más del 60%. Del mismo modo, la frecuencia de las relaciones sexuales se reduce, así como la espontaneidad, el deseo y el interés.
- Del mismo modo, en muchas ocasiones, la infertilidad se convierte en un tema tabú en la pareja, lo cual reduce la comunicación entre ambos.
- También se generan alteraciones dentro de la pareja sobre el grado de implicación en el deseo de ser padres. Esto causa conflictos y reproches mutuos acerca de la disposición de uno u otro en el objetivo de ser padres.
- Cuando se fracasa y el embarazo no se consigue, los sentimientos depresivos y de tensión emocional persisten. La pareja suele experimentar un apoyo social insuficiente por parte de sus seres queridos y del personal sanitario. De hecho, en un estudio realizado con parejas que se habían sometido a tratamientos de fertilidad 20 años antes, con una media de 8 años bajo tratamiento, se pudo observar que aproximadamente el 50% de las parejas que participaron en el estudio se habían separado.
- Realmente, nuestra sociedad está enfocada a la vida en familia y, en muchas ocasiones, falta empatía y comprensión hacia las parejas que padecen problemas de fertilidad.
- Es importante, para reducir los problemas de pareja derivados de la infertilidad, que las personas que los padecen busquen consejo profesional, redes de apoyo social o acompañamiento especializado durante su proceso.
“Siempre quise saber más sobre quién era, y si tenía otros hermanos. Así que, apenas fui lo suficientemente grande para tener acceso a los registros, eso fue lo que hice”.
Con esta idea en la cabeza Kianni Arroyo, una joven estadounidense de 21 años nacida gracias a un donante de esperma, comenzó hace cinco años la búsqueda sus medios hermanos, nacidos del semen del mismo hombre.
Desde que comenzó su rastreo ya ubicó a 40 entre medios hermanos y hermanas. Y, a través su cuenta de Instagram, comparte sus encuentros con ellos.
Además que en Estados Unidos, Kianni localizó hermanos también en Australia, Nueva Zelanda y Canadá. Kianni sería la mayor, mientras el menor es un bebé de 5 meses.
Una de sus hermanas Kianni le encontró en Tampa, cerca de Orlando, la ciudad de Florida donde vive. La chica se llama Joanna y tiene casi la misma edad -20 años- de Kianni. Desde que se conocieron se convirtieron en buenas amigas y se ven una vez por mes.
Según contó al diario Metro, la joven mantiene buenas relaciones con todos los hermanos que conoció hasta ahora.
“Cuando nos encontramos, enseguida nos llevamos bien”, aseguró. “Aunque no nos vimos nunca antes, tener un padre en común nos da un vínculo especial, y hace que nos sentamos cómodos”.
También conoció a su padre, a quien definió “un tipo genial”. La historia del hombre recuerda la de “Delivery Man”, una película protagonizada por Vince Vaughn inspirada en el caso real de un donante con 533 hijos.
Los donantes de esperma normalmente aportan entre 15 y 20 muestras, pero en el caso del padre de Kianni pudieron ser más porque la empresa para la que había donado fue adquirida por otra. Entonces el conteo volvió a comenzar de cero y pudo proveer más. Algunas familias que ya tenían un hijo gracias a su esperma pidieron más muestra para que sus hijos pudieran ser hermanos.
Kianni, en tanto, dijo que espera poder encontrar a todos sus hermanas y hermanos pronto, sobre todo los que viven lejos.
La joven es hija única y fue criada por su madre, quien siempre le dijo que había nacido gracias a un donante de esperma.
Ahora, se alegra de tener tantos medios hermanos. “Cuando quiero estar acompañada o pasar un poco de tiempo con miembros de mi familia de mi edad, con tantos hermanos y hermanas tengo muchas más opciones que la mayoría de la gente”, dijo. (Infobae)
En Maternidad y poesía: una suposición atrevida, la escritora Alicia Ostriker confiesa que un día se dio cuenta de que nunca había leído un poema sobre el embarazo y el parto y hasta que no se quedó embarazada no pensó en escribir sobre ello. Esa necesidad de encontrar relatos que cuenten las experiencias de las mujeres para sentirse más acompañadas por otras mujeres que ya pasaron por ahí, se complica si se trata de buscar libros que hablen sobre la imposibilidad de ser madre.
Si el año pasado pudimos leer Quién quiere ser madre de Silvia Nanclares, ahora nos llega El arte de no desesperar cuando no estás esperando (Seix Barral, 2018), un brillante y necesario ensayo autobiográfico de la escritora Belle Boggs. Un libro escrito con la vocación de romper ciertos silencios en torno a temas que son todavía tabú: la reproducción asistida y sus costes, la adopción internacional, los vientres de alquiler o el duelo no reconocido.
¿Cree que existe un silencio en la literatura en torno a los temas que tienen que ver con el cuerpo de la mujer: la menstruación, el deseo femenino, el embarazo, el aborto o la infertilidad?
Desde luego, escribir sobre la reproducción y los cuerpos de las mujeres (desde la perspectiva de la mujer) parece menos frecuente o célebre que escribir sobre la guerra u otras luchas públicas, lo que puede reforzar, especialmente para las mujeres jóvenes, la idea de que la menstruación, el embarazo, la fertilidad e infertilidad, y el parto se sobrellevan adecuadamente en secreto y en silencio. Pero espero que la mayoría de nosotras sí encuentre algo que hable de estas experiencias. Cuando comencé a escribir mi libro, trabajaba como profesora de secundaria, y me di cuenta de cuántos de nuestros textos daban una visión negativa de las mujeres sin hijos.
¿Cuánto hay de verdad ahí y cuánto de construcción social en la “fiebre del bebé”? ¿Cree que las mujeres que no quieren ser madres son vistas como sospechosas?
Fue muy interesante aprender del estudio de Anna Rotkirch que la “fiebre del bebé” —este anhelo intenso, espontáneo, a menudo totalmente inoportuno por un bebé— muchas veces desafía las expectativas y presiones sociales. Puede ser igual de fuerte en una cultura que está menos centrada en la reproducción y la maternidad que en una cultura más pronatal. No siempre es bienvenido y se ve incrementado por cosas como el enamoramiento y por la experiencia de barreras (como la infertilidad). Otra investigación demográfica que ella cita sugiere que la conducta propositiva (conducta que favorece la maternidad) puede ser heredada.
La doctora Rotkirch deja muy claro, por supuesto, que no todas las mujeres experimentarán la fiebre del bebé, y que experimentarla (o no) no significa que una deba o no tener hijos. Todo esto me resultaba extrañamente tranquilizador: me di cuenta de que lo que estaba pasando tenía algunas bases biológicas como una confirmación de que algo más profundo estaba pasando. Pero la cultura también es muy profunda y muy real, y sé que también juega un papel importante.
¿Cómo aliviar el dolor y el miedo que supone querer ser madre y no poder serlo ya sea por cuestiones biológicas o económicas?
Recuerdo que comencé a “intentarlo” (un término que no me gusta) aproximadamente a los 32 años, mientras trabajaba y escribía, y tenía miedo de tantas cosas, no solo a la pérdida de libertad y tiempo de escritura, sino también a la necesidad de enfrentar la posibilidad de que algo pudiera estar “mal” conmigo. Existe una presión tan intensa sobre las mujeres: ¿deberíamos congelar nuestros óvulos, por ejemplo, si no tenemos hijos “de inmediato”? ¿Será culpa nuestra si “esperamos demasiado”? También tuve muy pocos consejos sobre reproducción por parte de mis médicos antes de saber que necesitaba ayuda, y pasé demasiado tiempo bajo el cuidado de un ginecólogo antes de pasar a nuestro endocrinólogo reproductivo.
En los EE.UU el cribado reproductivo de la reserva de óvulos (un simple análisis de sangre) o el recuento de espermatozoides para los hombres (también simple) a menudo no se realiza o, incluso, no se ofrece hasta que alguien sospecha que podría haber un problema. Si tuviera una hermana menor preguntándose lo mismo, “¿cuánto tiempo tengo?”, le aconsejaría que le pida a su médico un examen de reserva de óvulos y asesoramiento sobre los factores de riesgo para la infertilidad.
¿Cómo le ayudaron los foros de Internet y los grupos de apoyo a sobrellevar el proceso?
Creo que los foros de Internet son muy útiles, pero también pueden aumentar la ansiedad. Para mí, lo más útil fue asistir a un grupo de apoyo y encontrar mujeres con las que podía hablar cara a cara (también fue útil para mi esposo, nuestro grupo incluyó hombres y mujeres). Me parece que se abren cada vez más espacios de conversación (privados y públicos). Tenemos menos miedo de hablar sobre salud reproductiva, desde el aborto hasta la infertilidad y el parto.
¿Cómo de importantes son esos grupos de apoyo, reuniones, espacios donde poder hablar con otras mujeres sobre las dificultades para concebir y los diferentes procesos de reproducción asistida? ¿Por qué es un tabú hablar de lo costosos que son los procedimientos?
A la gente no le gusta hablar de dinero, y el dinero que se gasta en el servicio de reproducción parece especialmente tabú. La idea de que mi esposo y yo pagáramos a un grupo de doctores 20.000 dólares para ayudarnos a concebir era realmente difícil para algunos de los miembros mayores de la familia.En los Estados Unidos tenemos leyes de seguro de salud terribles, especialmente relacionadas con la fertilidad y la salud de las mujeres, por lo que tratar la infertilidad se convierte en un lujo que a algunas personas les parece bien comentar y juzgar. Cuando alguien se somete a una cirugía de derivación cardíaca, nadie le pregunta: “¿Mantuvo la vida de manera natural o pagó un millón de dólares?”.
Hace unos semanas, en España, la ilustradora Paula Bonet compartió la experiencia de su aborto involuntario y se hizo viral. ¿Cómo comenzar a hablar públicamente de ese duelo? ¿Es necesario un ejercicio colectivo de empatía?
Un concepto que aprendí durante mi investigación es la idea del “duelo no reconocido”. Según lo define Kenneth Doka, es “el dolor que experimentan las personas cuando incurren en una pérdida que no es o no puede ser reconocida abiertamente, enlutada públicamente o apoyada socialmente”. Las mujeres que abortan, que tienen abortos por embarazos insostenibles o sufren infertilidad experimentan hasta cierto punto el duelo no reconocido: no hay lugar para que hablemos de este tipo de sufrimiento y pérdida, y tememos que nuestros amigos y familiares se sientan incómodos. Marni Rosner fue la primera persona en aplicar este término (y también la idea de trauma) a la infertilidad; las lecciones de su investigación incluyeron la idea de que las mujeres deben ser capaces de incorporar esta experiencia en sus identidades, de apropiarse de sus historias.
En su libro, el padre es un compañero, pero es usted la que soporta toda la carga hormonal en su propio cuerpo, las inseguridades y los miedo ¿no le parece que lo revolucionario sería una paternidad compartida e igualitaria, que los hombres asumieran de una vez por todas los cuidados?
Muchas mujeres, e incluso algunos hombres, harán este camino solos, o tal vez será un camino aún más difícil: esto es así para madres solteras por elección, y personas LGTBI que tienen que navegar a través de barreras legales y financieras difíciles para la concepción y la adopción. Pero creo que tienes razón: en cualquier pareja, el aliado se siente miserable en comparación con la carga física y emocional del tratamiento de fertilidad y un embarazo que puede sentirse tan tenue. El parto y la maternidad tienen una desigualdad estructural inherente construida a nivel biológico. Creo que al menos deberíamos esperar que nuestras leyes (con respecto a los seguros y la atención médica para las mujeres), y el permiso parental (remunerado, por ejemplo) mitiguen parte de esta desigualdad.
Después de acabar el libro, no me queda muy clara cuál es su postura en torno a los vientres de alquiler. Ser madre o padre no es un derecho, ¿por qué en algunos países parece que el deseo de serlo lo justicia todo?
Si me hubieras preguntado cuando tenía veintidós años lo que pensaba sobre la FIV habría dicho que creía que era egoísta: ¿por qué no adoptar? ¿O donar el dinero a las personas que lo necesitan para necesidades médicas más apremiantes? ¿Tal vez no tenías que tener hijos?
No creo que la subrogación contractual sea una elección que pudiera hacer, pero una vez más, yo no he tenido que tomar esa decisión: tuve mucha suerte y concebí a mis hijas a través de la FIV. Dicho esto, encontré la maternidad subrogada internacional retratada en la película Google Baby explotadora e inquietante. Pero sí creo que la maternidad de alquiler puede ser regulada de manera responsable, para que las personas (madres biológicas y padres genéticos) puedan entablar una relación que sea comprensible y justa para todas las partes. Uno de los objetivos que tenía, escribiendo el libro, era escribir sobre todas las elecciones y caminos de manera objetiva.
¿Llegó a plantearse alguna vez cómo sería su vida sin hijos? Y ahora que tiene a una hija, ¿ha cambiado mucho su vida? ¿Ha conseguido lidiar con la maternidad y la escritura sin considerarlas una suposición atrevida?
Escribir el libro fue una forma de asegurarme a mí misma que la vida sin hijos sería soportable para mí, no solo soportable, sino completa y gratificante. Mi vida ha cambiado mucho, pero no todo ha sucedido por la maternidad. Enseño en una universidad ahora, y por eso tengo más tiempo y energía para escribir que cuando no tenía una hija y enseñaba en una escuela y en secundaria.
Soy muy afortunada de tener tiempo para ser tanto madre como artista, aunque puedo recordar, en los primeros días, un equilibrio muy precario. Me gustaría ver un mundo que apoyase mejor a madres y familias, y a artistas, escritores y jóvenes en general. Cada vez que leo sobre una mujer que es “la única” o la primera — Tammy Duckworth, la primera senadora de Estados Unidos que da a luz en el cargo, o Kikkan Randall y Danelle Umstead, las únicas madres que compiten en los equipos olímpicos y paralímpicos de EE. UU este invierno— me acuerdo de todo lo que nos queda por hacer.
