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María Zurita presenta a su hijo Carlos: «Sufrió dos paradas cardiorrespiratorias, el niño es un milagro»



María Zurita está feliz: a sus 42 años ha cumplido su sueño de ser madre gracias a la fecundación in vitro. El proceso fue muy complicado y se coronó con un parto de urgencia y unas semanas muy angustiosas en las que el pequeño Carlos llegó a sufrir dos paradas cardiorrespiratorias. La hija de la infanta Margarita, que ya tiene a su hijo en brazos, ha contado su experiencia: «Sufrí una tremenda hemorragia por un desprendimiento de placenta. Me despertó mi perro Zeta, si no, habría muerto. Mi hijo nació lleno de moratones y no me lo querían enseñar porque su aspecto esa horroroso», ha dicho a Hola.

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María ha desvelado la angustia de los primeros días de vida de su hijo: «Estuvo estable cuatro días, pero el corazón y los pulmones no eran maduros y sufrió una parada cardiorrespiratoria y después otra. Si tenía otra crisis más grave no iban a poder nada por él y decidimos trasladarlo a La Paz». La situación fue tan crítica que bautizaron al niño: «Lo bautizamos el primer día, se llama Agua de Socorro. Mi padre se mojó el dedo con agua del río Jordán y se la untó en la frente, dentro de la incubadora», ha recordado.

Afortunadamente, el niño mejoró y, tal y como adelantó en exclusiva Informalia, su madre pudo por fin abrazarlo: «Lo cogí por primera vez a los 12 días de nacer, estaba lleno de cables y cuando me lo pusieron encima dejó de llorar. No ha parado de mejorar». Desde entonces, María no se separa de él: «Me paso una media de seis horas al día con él encima, piel con piel. Yo le canto, lo hago fatal pero a él le tranquiliza mucho».

Ahora, el pequeño Carlos ya pesa dos kilos y medio y sigue evolucionando en una habitación en planta, fuera ya de la UCI y de la incubadora: «Le darán el alta cuando aprenda a tomar biberón. No sabe succionar, tragar y respirar a la vez y puede encharcarse los pulmones», ha dicho su madre.

María se ha mostrado emocionada por el apoyo y el cariño recibidos durante todo este tiempo, desde que decidió iniciar el proceso de fecundación in vitro, algo que sólo sabían unos pocos privilegiados: «Antes de empezar se lo dije a mis padres, mi hermano y al rey Juan Carlos y la reina Sofía. Les pareció muy bien y me animaron a hacerlo. Cuando empecé el tratamiento hablé con don Felipe, le pareció estupendo también y respetó mi idea, igual que la reina doña Letizia. Ellos eran de las pocas personas que lo sabía».