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Expertos insisten en que la infertilidad es una enfermedad biológica, psicológica y social que no se puede dejar de atender



Si bien la infertilidad no causa limitaciones funcionales ni presenta síntomas físicos que sean motivo de consulta en sí mismos, las dificultades para tener un hijo de forma natural pueden afectar a la relación de pareja y a las relaciones sociales, y suelen dar lugar a reacciones emocionales intensas y a problemas de autoestima y autoconcepto. En declaraciones de Roberto Matorras, jefe de la Unidad de Reproducción Humana del Hospital de Cruces y editor del Libro Blanco, la infertilidad no es sólo un problema médico, sino que es capaz de generar por sí misma “trastornos psicoemocionales con un claro impacto sobre la salud”.

El reconocimiento del coste psicológico que implica hacer frente a un problema de infertilidad supone un importante paso para la mejora de la calidad asistencial que se puede prestar a estas parejas. De hecho, en los últimos años, el papel de los profesionales de la psicología de la reproducción está cobrando cada más importancia. Una detección temprana del impacto psicológico que está suponiendo el problema de infertilidad en la pareja, así como un adecuado apoyo psicológico durante el proceso de tratamiento en reproducción asistida (que suele implicar un importante desgaste debido al elevado riesgo de fracaso y al estrés asociado a las intervenciones), supone una clara apuesta por la calidad asistencial, al mismo tiempo, que da respuesta a una de las principales necesidades manifestadas por estos pacientes.

Tal y como se recoge en este Libro Blanco, actualmente la infertilidad afecta al 15% de las parejas en edad reproductiva, lo que se traduce en que alrededor de un millón de parejas precisan asistencia por este motivo en nuestro país. Se trata, además, de un problema de incidencia creciente, asociado al retraso de la edad para concebir en la población española.