Se considera que una pareja es infértil cuando pasa un año tratando de concebir sin éxito. Llegados a este punto, los profesionales médicos de la reproducción decidirán cuál es la estrategia más acorde a su caso; para lo que necesitan que los dos miembros de la pareja se sometan a una serie de pruebas.
En el caso del hombre, en un principio suele bastar con un seminograma, mientras que en el de la mujer pueden realizarse otras muchas pruebas, entre las que se encuentra la histerosalpingografía, que se utiliza para estudiar el estado del útero y las trompas de Falopio a través de los rayos X.
Todo esto es necesario para diagnosticar la razón que ha llevado a la infertilidad, pero no para curarla; aunque, curiosamente, se han dado muchos casos de mujeres que, después de años intentándolo, se han quedado embarazadas durante el transcurso de estos exámenes previos.
Esto sin duda ha sido una gran noticia para ellas, un inconveniente para la economía de las clínicas reproductivas y una sorpresa para los científicos, que hasta ahora no habían conseguido dilucidar la causa de este repentino cambio en la fertilidad de las mujeres.
LA SOLUCIÓN
El factor común a todos estos embarazos inesperados suele ser la realización de la histerosalpingografía; pues los primeros casos comenzaron a darse en los albores de esta prueba, allá por los años 20 del siglo pasado.
Desde entonces, los médicos han sospechado que el responsable podría ser el lipiodol, una solución de aceite de amapola, que solía usarse como contraste.
Sin embargo, también cabía la posibilidad de que fuese el simple lavado de las trompas el que favoreciese la fertilidad, independientemente de la sustancia que se hubiese utilizado para ello.
Por eso, con el fin de dar por fin una respuesta, un equipo internacional de investigadores ha estudiado las diferencias en la fertilidad de las mujeres que habían sido sometidas a esta prueba en 27 clínicas de los Países Bajos, utilizando como contraste en unos casos lipiodol y en otros una solución a base de agua.
Sus resultados han sido publicados en The New England Journal of Medicine y en ellos se observa que el 39’7% de las que recibieron lipiodol quedaron embarazadas después, mientras que sólo lo hicieron un 29’1% del resto.
Por lo tanto, se concluye que, a falta de nuevos estudios que lo terminen de confirmar, el uso de un fármaco basado en lipiodol podría servir como apoyo a las técnicas de reproducción asistida o, directamente, contribuir a evitarlas, suponiendo a las pacientes un ahorro considerable en tiempo y dinero.
Así es, parece ser que la solución a un problema tan difundido como la infertilidad podría llevar casi un siglo delante de las narices de médicos y pacientes a la espera de ser descubierta. Y es que, como ha ocurrido en tantas ocasiones a lo largo de la historia, los mejores descubrimientos son los que llegan por casualidad.
Nacho Díaz y Jaime Sánchez tuvieron en febrero un hijo por gestación subrogada en Canadá. Desde que empezaron, el proceso ha durado más de tres años. Optaron por Canadá por la confianza que da a parejas homosexuales y porque las madres gestantes son altruistas, no reciben una compensación. Los padres no tienen ninguna queja de Canadá: “Todos allí se han volcado con nosotros”, dice Sánchez. El problema les llegó cuando debían registrar a su hijo como español en el consulado de Toronto: “Entonces llegamos a nuestro representante, que se supone que debe velar por tus derechos, y se negó a hacerlo”, añade.
Díaz y Sánchez y al menos otras dos parejas gay cuyos hijos han nacido en 2017 en Canadá están metidos en una maraña legal que les impide registrar a su hijo como español. Las consecuencias van desde no poder cobrar la baja por paternidad o el cheque guardería en la comunidad de Madrid a tener que sacarle el NIE al bebé, que vive en España como “turista canadiense”: “Cuando fuimos a comisaría a buscar su NIE, los funcionarios no entendían por qué un niño español debía inscribirse como extranjero”, dice Jordi Piqueras. Hoy su hija está en España sin NIE y solo con el pasaporte canadiense con el plazo de 90 días de estancia permitida ya caducado.
La reunión se fue calentando y acabó en reproches de los padres al funcionario por sus creencias y valores
Los padres viven el lío legal como una afrenta a sus derechos básicos. Díaz y Sánchez pidieron una reunión con el cónsul español en Toronto, Pablo Ruiz-Jarabo. El cónsul les advirtió que no iba a cambiar su postura. La reunión se fue calentando y acabó en reproches de los padres al funcionario por sus creencias y valores. “No puede usted perjudicarnos por sus ideas. ¿Qué necesidad hay de pasar por esto?”, le dijo Nacho Díaz al cónsul.
El registro de niños nacidos por gestación subrogada depende en España de una Instrucción de 2010, que pide básicamente una cosa: una sentencia judicial en el país de nacimiento donde el juez certifique que la madre gestante actúa libremente y su renuncia al bebé es consciente e irrevocable.
Esto que parece sencillo para no juristas puede convertirse en una maravillosa arma de interpretación restrictiva. El cónsul de España en Toronto, a través del Ministerio de Justicia, explica a EL PAÍS sus motivos: “En Canadá, la legislación sobre maternidad subrogada no cumple con los requisitos que exige la Instrucción 2010, entre ellos, la intervención de un juez que supervise el consentimiento de la madre gestante a la renuncia de su filiación”. Las tres parejas afectadas disponen de sentencias legales, pero el aparente gran error es que la gestante no está presente ni físicamente ni por escrito ante el juez. Esta novedad se debe a un cambio en la legislación de Ontario -no de Canadá- en noviembre de 2016. De los tres bebés sin registro solo uno nació en Ontario. Los otros dos nacieron en British Columbia y Alberta.
El cónsul puede decidir que una sentencia es insuficiente porque tiene facultades para interpretar el Derecho a su modo. Desde la Oficina de Información Diplomática (OID) del Ministerio de Exteriores defienden que Ruiz-Jarabo “no ha actuado de forma arbitraria”. De todos modos, los padres tienen una vía abierta para recurrir ante la Dirección de Registros en el Ministerio de Justicia, dicen desde la OID. Añaden que para eliminar toda duda futura, sería conveniente “una instrucción nueva que aclare el criterio”. En Exteriores insisten en que la solución depende de la falta de instrucciones claras desde Justicia.
“Es una vergüenza”, dice la abogada canadiense Sara Cohen. “Bajo la ley provincial, los padres intencionales son los padres y la gestante ya no lo es. Si España no lo reconoce, deja la seguridad de estos niños en peligro.” No es algo sin embargo que ocurra solo en un consulado español: “Cuando una pareja canadiense va al extranjero y tiene un hijo allí, tienen que ir al consulado de Canadá y siempre hay reglas distintas”, dice Sheetal Maya Nanda, abogada canadiense especializada en inmigración. “Mis clientes me piden que les dé una garantía del 100% de que algo va funcionar. Pero desgraciadamente cuando hay gente tomando decisiones acaba siendo subjetivo”, añade.
En Canadá hay, al menos, otros cuatro embarazos subrogados que salen de cuentas antes del fin del verano
El papel de los políticos
La responsabilidad de una legislación nueva que aclare estos embrollos es de los políticos. Ciudadanos presentó una iniciativa en febrero para regular la subrogación, que fue recibida con poco entusiasmo por los otros partidos.Para complicar aún más el panorama, el Comité de Bioética publicó un informe el 19 de mayo donde proponía prohibir la subrogación. Entre ambos polos, hay docenas de familias en trámite que tratan de sortear dificultades legales insospechadas para registrar a sus hijos. En Canadá hay, al menos, otros cuatro embarazos subrogados que salen de cuentas antes del fin del verano. Un proceso de subrogación en Estados Unidos ronda los 100.000 euros y en Canadá, los 60.000, pero no son los únicos países donde se hace.
Hasta el cambio en Ontario de noviembre, el consulado pedía para inscribir al niño que el padre biológico -en el caso de parejas gay, uno de los dos- apareciera en el registro junto a la gestante y que el otro miembro adoptara al bebé una vez de vuelta a España. Este proceso sin embargo implica desequilibrio en las parejas: “Siempre aparecerá que uno de los dos ha adoptado. Siempre habrá un padre que es adoptivo”, dice Nacho Díaz. El bebé tendría además apellidos distintos en sus primeros años de vida: para Canadá tendría los apellidos de los padres reales y para España, un apellido de la gestante. Nadie sabe con certeza qué pasaría con ese bebé si el futuro padre adoptivo rompe su acuerdo mientras el niño tiene apellidos distintos.
El reto en España es eliminar la inseguridad jurídica de las familias que optan por esta vía: “La solución debe pasar porque no dependamos de quién se siente en la silla. Si dependemos de eso, la inseguridad jurídica va a continuar”, dice Ana Miramontes, abogada especializada en asuntos de subrogación. En Toronto, por ejemplo, el cónsul anterior a la llegada de Ruiz-Jarabo en agosto de 2014 ponía menos trabas a los registros. Una solución maliciosa para parejas con problemas es esperar al reemplazo de Ruiz-Jarabo -a quien le queda un otro año en Toronto- y esperar que el nuevo cónsul sea menos estricto.
La gestación subrogada es un ámbito tan poco transparente que hasta las cifras son un agujero negro: “No hay números en ningún lugar sobre cuánta gente entra en acuerdos de subrogación”, dice Marilyn Crawshaw, profesora de la Universidad de York. En Reino Unido, por ejemplo, los padres deben pedir una “orden parental” para ser ambos progenitores al mismo nivel del bebé subrogado. Desde 1995 hasta 2015, el número de estas órdenes no llega a 2.000, aunque ha crecido mucho en los últimos años. La profesora Crawshaw ve factible un número tan pequeño: “Es un área en la que hay mucha especulación sin datos”. La legislación española no ha puesto de momento remedio.
El artículo afirma “que las clínicas españolas de reproducción asistida tienen un problema: no saben qué hacer con los embriones que guardan congelados que fueron creados para procesos de fecundación, pero no se han usado. El registro estatal recoge que en estos momentos hay más de 230.000 embriones humanos congelados”.
La ley española vigente en esta materia plantea distintas opciones: 1. Seguir manteniéndolos congelados. 2. La donación a otras parejas con fines reproductivos. 3. La donación para usar en investigación. 4. Destrucción o muerte de los mismos.
La primera opción no es ética, pero decir el porqué es cuestión de otro artículo. La cuarta tampoco es ética. La segunda, aunque es tolerable con matizaciones, no es generalizable. La tercera no es realizable. Ciertamente, no ha habido un solo proyecto de investigación que solicite el uso de células madre embrionarias. Además, han aparecido otras líneas de investigación con células madres que, aparte de no tener reparos éticos (la destrucción del embrión) y grandes costes sociales, sí que tienen eficacia terapéutica en humanos.
Viendo estas opciones, se defiende un quinto destino: proceder a la descongelación de los embriones humanos congelados y dejarlos morir sin otro fin, o más exactamente, descongelarlos y “dejarlos morir”. Esta quinta opción tendría sentido siempre y cuando estuviera legalmente prohibido volver a congelar embriones humanos.
Dicho esto, cuando se opta por descongelarlos y “dejarlos morir” no se hace otra cosa que liberar a los embriones de una situación injusta e impropia de su dignidad de seres humanos (su congelación), a la que nunca se debería haber llegado.
Por otro lado, para este quinto destino de los embriones humanos congelados tiene mucha importancia distinguir la acción de “dejar morir” de la de “matar”. “Matar” significa “poner” positivamente un acto malo, mientras que “dejar morir” supone aceptar que no se puede hacer nada para salvar la vida.
La muerte no le adviene al embrión humano al dejarle morir tras la descongelación, sino que tiene su origen en un “proceso de muerte”. Dicho proceso comienza con su producción y denominación de “excedente”, continúa con la congelación y finaliza con la descongelación. “Dejarlo morir” consiste en no intervenir en un curso de acciones que ya están en marcha y que ocasionan la muerte y que, por tanto, no son acciones neutrales, meramente técnicas, sino acciones moralmente malas.
En efecto, el profesional, que descongela al embrión humano, no pretende su muerte, sino que lo “deja morir”, esto es, deja de intervenir en un proceso abocado a la muerte. En todo caso, permite que la naturaleza siga su curso. Con la acción de “dejarlos morir” se persigue terminar con una situación injusta, indigna e impropia para cualquier ser humano. Descongelarles y dejarles morir no es matarles activamente, sino dejar de poner un medio indigno y desproporcionado, que únicamente alarga artificialmente la fase final de la vida en situación irreversible.
Se puede concluir por tanto que “dejar morir” a los embriones humanos congelados, aun siendo una alternativa no exenta de reparos, pues no hay ninguna éticamente indiscutible, es la salida más respetuosa con su dignidad. Así, pues, lo que se sostiene es que se descongele a los embriones humanos que han sido congelados y se les deje morir sin reintroducirlos de nuevo en un proceso instrumentalizador.
Las mujeres con altos niveles de estrés y ansiedad pueden ovular hasta un 20% menos y la posibilidad de que sus óvulos sean fecundados disminuye en un 30%. El estrés también afecta a los hombres y puede influir negativamente en la calidad de su líquido seminal, ya que es un factor que tiene múltiples efectos fisiológicos sobre el proceso reproductivo, ya sea natural o a través de un tratamiento.
La forma de cómo afecta el estrés a cada persona y qué reacciones puede causar depende de factores individuales. Por tanto, cómo afectará a cada miembro de la pareja en su respuesta reproductiva también va a ser muy personal. [estres]
El estrés puede afectar al funcionamiento del hipotálamo (la glándula del cerebro que regula el apetito, las emociones y las hormonas que envían la señal a los ovarios para que liberen óvulos). Si la mujer está muy estresada, puede que ovule más tarde durante su ciclo reproductivo, o que ni siquiera llegue a ovular.
El aumento de esta hormona también conlleva disminución de la libido, con lo que el interés por mantener relaciones sexuales disminuirá. Si la frecuencia disminuye, lógicamente también lo hará la probabilidad de quedar embarazada. Por otro lado, para que se dé la implantación es necesario que haya buenos niveles de estrógenos y progesterona. Ante un déficit de estas, no se logra finalizar el proceso y el embarazo no va a seguir adelante, aunque el óvulo haya sido fecundado.
Si intentamos quedarnos embarazadas y estamos estresadas, su flujo cervical puede enviar una señal de aviso de que algo no está bien. En lugar de sentir un incremento de flujo a medida que se acerca la ovulación, puede que sientas días de flujo intenso combinados con días totalmente secos. Es como si el cuerpo intentara ovular, pero el estrés continuara retrasándolo. Por otro lado, en muchas ocasiones y en respuesta al estrés, la mujer comienza a comer en exceso, lo que incrementa el número de células de grasa, perturba el equilibrio hormonal y afectan por tanto a la fertilidad.
El estrés en el hombre también puede reducir la cantidad y calidad de los espermatozoides. De hecho, se ha demostrado menor volumen de semen y de concentración de espermatozoides en grupos de hombres con estrés crónico, sí como disfunción eréctil.
La hormona del estrés
Las mujeres con altos niveles de cortisol (la llamada “hormona del estrés”) paran de ovular o tienen ciclos muy irregulares y, por lo tanto, presentan dificultades para concebir. El problema añadido es que, a menudo, las hay que niegan padecer de estrés y no identifican su situación.
las mujeres que optan por someterse a algún tipo de tratamiento para reducir su nivel de estrés [Este enlace se abrirá en una ventana nueva] pueden neutralizar su efecto nocivo y aumentar las posibilidades de quedarse embarazadas”. Del mismo modo, en los tratamientos de fertilidad de Dexeus Murcia existe apoyo psicológico que ayuda a sobrellevar emocionalmente el tratamiento de fertilidad.
Cómo identificar los síntomas del estrés
- Tiene dificultad para concentrarse o pensar en otra cosa que no sea su problema de infertilidad
- Altos niveles de ansiedad
- Disminuye la habilidad para cumplir tareas
- Cambios en sus hábitos de sueño (dificultad para dormirse, despertarse antes de tiempo, dormir más de lo usual)
- Cambios en el apetito o peso (aumento o disminución)
- Se siente deprimido/a por períodos prolongados de tiempo
- Se ha alejado de sus amigos, de su familia y colegas
- Recurre al uso de drogas o alcohol
- Tiene pensamientos sobre la muerte o el suicidio
Post de Joaquín Conesa, especialista en Psicología del Hospital Quirónsalud Murcia
Los hombres son los grandes desconocidos en #reproducciónasistida. Cierto que durante años se ha dicho que es la mujer la que desea tener hijos, que es la mujer la que se empeña en que sea con el método que sea, que es ella la que lleva todo el peso del tratamiento, que es la que sufre los negativos… que ellos en las clínicas no se enteran de nada, que se pasan la cita mirando el móvil… Pues parece que no va a ser así y que cada vez más, ellos están saliendo del armario y no solo tienen hijos solos, sino que se atreven a hablar de sus procesos de paternidad, a verbalizar su sufrimientos, su dolor, su espera, los embarazos de sus amigos… e incluso a llorar en silencio.
Pedro E. Jiménez ha abierto una gran puerta que esperar que otros abran también y en el libro que ha escrito junto a su mujer, Vanessa Stiennon, nos habla de su reproducción asistida y cómo la vivió como hombre. Su libro, “In Vitro Veritas”, que desde estas líneas recomiendo que dejéis sobre la mesilla de vuestras parejas.
– ¿Por qué son siempre las mujeres las que hablan de reproducción asistida e infertilidad?
Si el origen de la infertilidad es femenino, supongo que es educación y respeto; si el origen es masculino, tener que explicar que “no se es tan hombre” supongo que es muy complicado. Adicionalmente tenemos el estigma social de tener que ser más fuertes que las emociones y cuando se entra en el mundo de la reproducción asistida, es todo emoción por lo que supongo que la mayoría de hombres no se sienten cómodos. Se trata de una barrera que personalmente he optado por tumbar en ambos casos: yo sí que tenía un diagnóstico de baja calidad espermática y también reconozco que la reproducción asistida ha supuesto una montaña rusa de emociones que ha llegado a ponerme contra las cuerdas.
– ¿Por que los hombres se esconden más ante la reproducción asistida?
Además de lo que he comentado antes, también hay otro punto muy importante: no existimos durante el proceso. En el caso de FIV, que ha sido el nuestro, la paciente es ella, no la pareja, ella es la que se ha de poner las inyecciones, la que ha de seguir la evolución folicular, la que sufre la punción ovárica, la que ha de hormonarse… Todo es tan feminocéntrico, por llamarlo de alguna manera, que el hombre queda desplazado más que escondido. Yo, al menos, me sentí muy desplazado y dediqué un capítulo del libro que hemos escrito juntos precisamente a eso.
– ¿Es verdad eso que se dice que para los hombres no es tan importante el proyecto hijo como para las mujeres?
No estoy de acuerdo. Al menos no en mi caso; desde que llegué a la edad adulta siempre quise tener hijos y, es más, tuve que esperar a que a Vanessa le llegase su momento. Y en cuanto a los hombres de mi entorno, amigos y compañeros, considero que todos ellos están profundamente implicados en el proyecto de sus hijos. De hecho, el problema de muchos hombres es que no pueden abordar la paternidad en solitario, como tantas mujeres hacen, por motivos biológicos obvios, por las dificultades a la gestación subrogada y, sobre todo, por la presión social: un hombre sólo con un niño siempre levanta sospechas de pederastia; la prueba es que si una madre tiene una foto con su bebé bañándose es algo enternecedor y si es un padre, recibe miles de críticas como le pasó a un cómico danés hace un tiempo.
– ¿Es más tabú para los hombres que para las mujeres?
Sin duda. La virilidad en entredicho es un problema. Hemos conocido parejas que han recurrido a FIV por un problema de calidad espermática y el hombre nos ha reconocido que tras el diagnóstico no sólo se alejó del proyecto paternal sino incluso del sexo “lúdico” por no poder gestionar correctamente su virilidad. Las mujeres sois mucho más abiertas al respecto. Tan sólo imagina una escena de tópicos: grupo de hombres tomando una cerveza en el bar mientras ven el fútbol… y uno de ellos cuenta que no pueden tener hijos porque su calidad espermática es deficiente… Creo que el resto estaría menos incómodo si hubiese “salido del armario” al más puro estilo Priscilla Reina del Desierto.
– ¿Es la mujer la que siempre o casi siempre lleva el peso?
En un proceso de FIV está claro que lleva el peso físico de los pinchazos, de tener el cuerpo lleno de hormonas que dictan sus estados de humor, el peso de la punción ovárica que por sencilla que sea no deja de ser una intervención; también lleva el peso del fracaso si tras el transfer el test de embarazo es negativo porque esos embriones estaban en su útero, eran su responsabilidad. Ahora bien, creo que el hombre lleva el peso de superar sus propias frustraciones y de ser el pilar de apoyo de la mujer en el caso de la pareja; también creo que estos roles son perfectamente válidos en el caso de una pareja de dos mujeres.
– ¿Cómo sufre la infertilidad y los tratamientos el hombre?
En silencio. En silencio si el diagnóstico es el de baja calidad espermática; en silencio porque el propio proceso de FIV le aparta del foco; en silencio porque tiene que superar su propio sufrimiento para apoyar a la mujer que es la que más peso lleva en el proceso.
– ¿Qué recomendarías para apoyar más a las mujeres?
Hay dos vertientes a esa pregunta en el caso de una pareja:
Dentro de la pareja: en todos los casos en los que nos hemos encontrado, ha habido un gran apoyo por parte del hombre. No en vano estamos viendo cómo se hormona, cómo tiene que ir a la consulta y que le hagan ecografías cada dos días, cómo se la llevan a un quirófano para que le hagan la punción ovárica. Creo, en definitiva, que si media una cierta empatía, el apoyo está ahí o como mínimo la intención de apoyar; sólo es necesario hablar y pedir lo que hace falta.
De cara al entorno: me vas a perdonar, pero quien necesita apoyo no es sólo la mujer, sino la pareja, porque este es un proceso en el que se ha embarcado una pareja con su equipaje de miedos, dudas y frustraciones en la medida en que no llegan los resultados positivos; por este motivo es la pareja, como entidad la que necesita apoyo. Por supuesto, cada miembro de la misma con su propia sensibilidad.
– ¿Has hablado con otros hombres, qué te han contado?
He hablado, sí. En algunos casos, como ya he contado anteriormente, han transmitido sus dificultades para encajar la infertilidad, pero son los menos. La gran mayoría reconocen que han pasado por un proceso de reproducción asistida pero sin detalles. Sigue siendo tabú masculino.
– ¿Por qué cientos de webs de infertilidad femenina y maternidad y muy pocas de infertilidad masculina y paternidad?
Supongo que está relacionado con esta dificultad tan intrínseca del hombre para hablar de emociones y sentimientos. Las mujeres sois más libres para ello y lo canalizáis en foros, webs… Yo mismo, tras nuestro primer negativo no hice la exhaustiva búsqueda de soporte en Internet que hizo Vanessa; y a día de hoy no sé si se debió a que asumía que no encontraría esa ayuda o que yo mismo no estaba dispuesto a exponer mi experiencia.
– ¿Ocultan más los hombres que las mujeres que sus hijos son por reproducción asistida?
Creo que por igual. No veo a las madres ir con camisetas indicando que sus hijos son fruto de la reproducción asistida. Sí que lo hacéis en entornos “controlados”, como las miles de seguidoras que tienes, pero en el día a día del supermercado o el trabajo creo que es lo mismo.
– ¿Qué podemos hacer para romper tanto tabú y qué podemos hacer para que los hombres exterioricen más sus emociones y no tengan ese estereotipo de pasar del tema?
¡Cambiar la sociedad entera! Si vivimos en una sociedad en la que la expresión emocional masculina no está normalizada, la reproducción asistida no será una excepción. Si a eso añadimos que la reproducción asistida en sí también es un tema bastante tabú en general, tienes los ingredientes perfectos para que “salir del armario” sea muy complicado.
– ¿ Si más hombres diesen la cara, este tema daría sería más abierto y se se ayudaría más?
Creo que el problema se origina, básicamente, en la educación sexual básica. Cuando se explica la reproducción, nunca se contempla que pueda ser asistida; en las consultas ginecológicas nunca se aborda la infertilidad y los riesgos que tiene la forma de vida actual (alimentación, estrés, edad…) Es preciso que este movimiento que entre todos estamos poniendo a andar llegue a estamentos educativos, médicos y políticos que puedan tomar acciones.
– ¿Cómo fueron tus emociones y sentimientos como hombre?
¡Hemos escrito un libro entero hablando de ello! Así que te puedes hacer una idea de la montaña rusa de ilusiones, decepciones, reconstrucciones personales y momentos de todos los colores que he vivido. Podría decir que mis emociones y sentimientos fueron casi todos, dependiendo del momento.
– ¿Los hombres también lloran cuando sus amigos tienen hijos y ellos no?
En mi caso no fue llorar, pero sí que me cansé innumerables veces de asistir a conversaciones de caquitas, biberones, guarderías… mientras nosotros no podíamos avanzar. Se llora por dentro, sí.
La gestación subrogada, o el uso de «vientres de alquiler» para tener hijos es una práctica cada vez más extendida y por muchas razones muy controvertida. Pocos países han decidido por ahora fijar una legislación clara lo que está propiciando situaciones estrafalarias y en las que cabe hacerse muchas preguntas, incluyendo si se trata de una técnica compatible con la dignidad del niño. La última de estas situaciones extrañas se ha producido en la ciudad de Enschede, en la región holandesa de Twente (fronteriza con Alemania), donde una pareja gay ha tenido que devolver a su madre biológica por orden judicial a la niña nacida por encargo suyo.
En Holanda esta práctica no está prohibida, pero tampoco tiene una regulación específica, lo que complica mucho la cuestión de determinar correctamente la filiación. En este caso, además, los implicados actuaron de forma frívola y poco ordenada. Tanto la pareja de aspirantes a padres, porque no formalizó ningún pacto con la «madre de alquiler», como esta última, que supuestamente no debía haber mantenido relaciones sexuales con su marido hasta quedarse embarazada con el esperma de sus patrocinadores, pero si lo hizo y concibió así a la niña.
Ese fue el argumento esencial de los jueces ante la duda que planteaba el caso. Puesto que la madre es de toda evidencia la mujer que la gestó durante nueve meses y que las pruebas de ADN han confirmado claramente que el padre biológico es su marido, los jueces les han entregado a la niña y han rechazado los argumentos de quienes aspiraban a convertirla en su hija y que se llaman Stefano Franke y Arnout Janssen.
En lugar de utilizar otros métodos, la pareja había encontrado a la mujer para alquilar su viente en internet y esta, que ya tenía tres hijos, se comprometió a no tener relaciones sexuales con su esposo mientras trataba de quedarse embarazada con el esperma de uno de los miembros de la pareja homosexual, que a cambio se comprometió a mantenerla durante todo el embarazo. De modo que ella dio a luz el 8 de mayo a una niña sana y hermosa, en presencia de la pareja gay, que se llevó al bebé a casa en cuanto fue posible y decidió llamarla Hayley.
Sin embargo, para inscribirla en el registro como hija propia, la pareja debía demostrar una relación genética con la niña. De lo contrario, hubieran debido emprender un camino diferente, el de una adopción, que en ese caso no era posible. Y las pruebas de ADN del bebé demostraron que su padre biológico no es ni Franke ni Janssen, mientras que indican claramente que si existe esa filiación con el esposo de la madre de alquiler. De hecho, cuando la madre sustituta y los dos aspirantes a quedarse con la niña estaban ante el tribunal el pasado viernes para determinar si se podía optar por la adopción, ella confesó que su marido deseaba quedarse con la niña. El tribunal, por tanto, tuvo que hacer entrega de la pequeña a sus padres biológicos.
De nada sirvió que los dos homosexuales dijesen que habían pactado con la madre biológica que les entregaría a la niña. No hay base legal, pero tampoco un mero contrato por escrito en el que se hubiesen establecido las condiciones particulares. La pareja expuso que ella se había comprometido a no mantener relaciones sexuales con su marido mientras no se quedase embarazada con el esperma que ellos le proporcionaban. Ella, por su parte, señaló que lo había hecho siempre con «métodos seguros».
Ahora la pareja ha tenido que entregar a una niña que durante tres semanas han considerado como su hija, lo que les ha contrariado profundamente. Aún con todo, el juez les concedió una noche más con la niña, pero el sábado los servicios sociales fueron a buscarla para entregársela a sus padres biológicos.
