Me informé y hablé con su médico… y bueno, si lo único que podíamos hacer para no infectarme era la precaución, yo lo asumí y adelante. En ese momento solo nos importaba nuestro amor, el tema de los hijos no era importante, pero llegó el momento en el que nos planteamos tenerlos… y sabiendo lo que había, no iba a ser fácil. Además, entrar en la lista de adopción por aquel entonces iba a ser cuesta arriba, por otra parte.
Tras mucho investigar, nos decantamos por la opción de donante de semen. Pero había un problema, y es que nadie sabía si seríamos aceptados en la Seguridad Social, puesto que no estábamos casados. Nadie se mojaba en el tema y solo nuestro médico estuvo ahí para dar respuestas, a él le debemos el empuje y agradecemos todo el interés mostrado (y que aún sigue mostrando).
Pues bien, cogí el teléfono y llamé a mi centro de referencia (El Virgen del Rocío, en Sevilla) y me confirmaron que no había problema. Ahí fue cuando empezó nuestra maravillosa experiencia. Nuestro hijo acaba de cumplir 6 años.
Cuando por fin la técnica de lavado de semen era fiable al 100%, ya estaba en las puertas de la punción… decidimos seguir adelante por el camino que habíamos elegido.
Durante el embarazo lo que más me preguntaba era si mi marido sentiría a su futuro hijo como suyo de verdad, y a la vez él se preguntaba si yo lo sentiría como suyo. Cuando se lo quitó a la enfermera de los brazos diciendo “Dame a mi hijo”, supimos que sí, era nuestro hijo.
Puedo contar todas las mentiras que hemos tenido que decir en mi propia familia; sí que saben que es hijo de donante, pero no saben el verdadero motivo. Con el paso de los años me he ido dando cuenta de que todavía hay quienes creen que por un simple beso se puede contagiar el VIH, pero no me importa. Al contrario, eso nos ha hecho más fuertes.
Durante el embarazo lo que más me preguntaba era si mi marido sentiría a su futuro hijo como suyo de verdad
Aunque el nacimiento de nuestro hijo está dentro de una gran mentira, es la mayor mentira de la que jamás me arrepentiré. Habrá quien lo entienda y habrá quien no, pero yo tengo mis razones y para mí si esto supone no hacer daño a quien más quiero, que es mi familia, seguiré adelante. No, no tengo remordimientos, con esto protejo a mi marido, a mi hijo y a mí misma. Es doloroso, a veces… Su familia sí que sabe que él es portador, pero gracias a su ignorancia sobre el VIH y los tratamientos de fertilidad y no querer saber (como la mayoría de la gente), pues no tengo que darles explicaciones…
Sí, me han llegado a preguntar si era de mi marido y me he ofendido. Pues claro que es de mi marido: no hay hijo más deseado que el hijo que nace desde el corazón, como el nuestro.
Hoy día, desde que tuve mi gran positivo, he gritado y he aireado a los cuatro vientos que mi hijo es fruto de FIV y que no hay que ocultarlo; gracias a Dios, la ciencia y los maravillosos equipos de reproducción que tenemos, podemos hacer realidad nuestros sueños.
Para mí la aventura ya acabó: no pudo ser lo de darle un hermano con los embriones que me quedaron, pero gracias a que encontré lainfertilidad.com y a esas maravillosas mujeres que están en este difícil camino en vuestro foro, he superado ese mal trago.
Con esto creo que se puede reflejar lo que siento y que esas parejas, que sé que seguro que miran vuestro foro, se animen a dar la cara: ¡terminemos con el tabú de la infertilidad sea cual sea el motivo!
Fruto de esta intervención, en la que colaboraron oncólogos y expertos en reproducción asistida del citado centro catalán, nació Mario, que ahora cuenta con dos meses de edad. Se tratra del primer embarazo con éxito que se consigue en España tras una vitrificación de óvocitos de una paciente con este tipo de cáncer.
En agosto del 2009, Vanessa, que reside en Zaragoza, fue diagnosticada de un tumor en el ovario izquierdo en un centro médico de Aragón, donde le extirparon este órgano en una operación quirúrgica. Tras la biopsia, los doctores de ese hospital le comunicaron a la afectada, que entonces tenía 28 años, que el tratamiento afectaría su capacidad reproductiva, por lo que ésta decidió buscar una segunda opinión médica.
Fue entonces cuando se trasladó a Barcelona y se puso en manos del equipo de la Fundación Dexeus. Allí le informaron de que podría ser madre pese a su situación y que el camino era la congelación de ovocitos, descartando la conservación de tejido ovárico por posibles complicaciones posteriores.
El equipo de la Dexeus sometió a Vanessa a dos ciclos de estimulación ovárica para obtener ovocitos para su congelación y, tras culminar este proceso, fue operada por segunda vez en julio del 2010 para extirpar el otro ovario. Un año y medio después, tras superar el cáncer, se le implantaron parte de los embriones resultantes de los ovocitos vitrificados y, 39 semanas después (el pasado 12 de junio), nació Mario. “Para mí, lo más importante era ser madre, por encima de mi enfermedad. Pensé que se me acababa el mundo”, explica la joven.
La estrella de Hollywood ha declarado que “la maternidad es algo muy sencillo”. Estas han sido la sorprendentes palabras que ha pronunciado la pareja de Brad Pitt en la edición británica de la revista OK!. “Me resulta extremadamente sencillo cuidar de los niños. Incluso aunque suponga gastar mucha energía y no tener tiempo para ti misma”, comenta la actriz y directora.
Recordemos que Angelina Jolie y Brad Pitt tienen seis hijos en común: Maddox, de 11 años, Pax, de ocho, Zahara, de siete, Shiloh, de seis y los gemelos Knox y Vivienne, de tres.
“Los niños son una parte fundamental de mi vida y de la de Brad así que no nos preocupamos o nos estresamos de no trabajar tan a menudo”, asegura la mamá más famosa del panorama hollywoodiense.
Además de su trabajo como madre, Angelina Jolie tiene tiempo de ayudar a los niños más desfavorecidos de varios rincones del planeta gracias a la labor que viene desempeñando en los último años como Embajadora de Buena Voluntad de Naciones Unidas.
Tras estas declaraciones, ¿estarán pensando Brad Pitt y Angelina Jolie en ir a por el séptimo?
Mientras, la pareja prepara su enlace, que se celebrará próximamente en la estricta intimidad.
“Pedimos disculpas por las mentiras, el temor, el silencio y las decepciones”, dijo el presidente del gobierno de Australia del Sur, Jay Weatherill, ante el Parlamento estatal.
Weatherill añadió que espera que el gesto sirva para reconciliar a la comunidad de Australia del Sur con las personas que han sufrido por una práctica que hizo sentir “inmorales” a muchas madres solteras a las que se les negó el derecho a amar y cuidar a sus hijos.
Durante varias décadas, las madres fueron engañadas, otras presionadas y algunas hasta amenazadas para que firmasen los papeles de adopción de sus hijos, según una investigación oficial de 2000.
Se calcula que durante todo este período hubo unos 150.000 casos en Australia, de los cuales 17.000 ocurrieron en el estado de Australia del Sur.
En 2010, el Parlamento estatal de Australia Occidental se convirtió en la primera jurisdicción australiana que emitió una disculpa pública por las adopciones forzosas.
Varias organizaciones religiosas y hospitales también han pedido perdón por esta práctica, mientras el Gobierno de Australia evalúa la posibilidad de hacer un gesto parecido.
¿En qué momento se encuentra el tratamiento de la infertilidad?
Hemos avanzado muchísimo en el campo de la esterilidad, que hay que considerar como una enfermedad, puesto que al fin y al cabo el derecho a la reproducción es básico. Hemos sido capaces de solucionar todos los problemas prácticamente del factor masculino, hasta tal punto de que se ha invertido la carga de la prueba.
Explíquese…
Antes se decía que la esterilidad era casi siempre de tipo femenino, mientras que ahora, probablemente por motivos ambientales, por el tipo de vida que llevamos, por la alimentación, por los electrodomésticos, o lo que sea el caso es que ahora mismo cogemos el semen de los varones actuales y lo comparamos con el que tenían los hombres hace veinte años y la calidad espermática ha descendido de forma exponencial, hacia abajo desde luego. Y ahora somos capaces de resolver todos los problemas prácticamente del factor masculino, porque basta con que un hombre tenga un espermatozoide, ya somos capaces de cogerlo y microinyectarlo, meterlo dentro del ovocito. Incluso aquellos hombres que no tienen un solo espermatozoide pero sí testículos, se les puede hacer una biopsia y con las células germinales coger uno y microinyectarlo. Eso supone un avance tremendo para el factor masculino, porque sólo necesitamos la carga genética, no necesitamos ni la cabeza de espermatozoide que es la que entra en el ovocito, ni la cola que es lo que se mueve.
¿Y por parte de la mujer?
Desde el punto de vista de la mujer, aunque tenga un factor ovárico serio, si da un ovocito se puede arreglar el problema. Y si no lo da, pero tiene la matriz, podemos coger la donación de ovocitos y ponerle una donante de ovocito con una fecundación del marido. La pareja pone el espermatozoide, ella pone la matriz y la donante el ovocito. En principio la fecundación in vitro salió para solucionar los factores tubáricos, de trompa, que es el camino que tiene que recorrer y donde se tienen que juntar el óvulo y el espermatozoide. Cuando estaban obstruidas, no se podían juntar y entonces los uníamos fuera y los reponíamos dentro. Para eso nació, pero hoy en día hay un montón más de indicaciones.
¿Por ejemplo?
Luego empezamos a congelar los embriones. Había un excedente de cupo y si una mujer daba ocho ovocitos y se fertilizaban todos, no íbamos a poner todos dentro. ¿Qué hacíamos con los embriones?, los congelábamos. Y una vez congelados se pueden poner en parejas hasta tres veces, con lo cual las posibilidades de embarazo van en aumento.
¿Se pueden congelar los óvulos?
Un problema es que el ovocito no podíamos congelarlo, porque es una célula muy grande y al congelarlo se formaban cristales y se rompía. Durante años fue un problema para por ejemplo mujeres que recibían quimioterapia o las de una edad madura pero que no tenían pareja y en un futuro podían querer ser madres. Hoy día lo que hacemos es en vez de congelarlos vitrificarlos con lo cual ya no se forman cristales, sino una especie de pasta dentro. Luego, se quita la pasta y se puede utilizar.
¿Son frecuentes los problemas de esterilidad?
Cada vez hay más parejas que tienen problemas para tener hijos, una de cada tres, y está aumentando la actividad, pero también se incrementan los mecanismos por los cuales somos capaces de solucionar ese problema.
El retraso de la maternidad será, supongo, una de las causas.
Las parejas cada vez se enfrentan más tarde a la maternidad, se casan cada vez más tarde, las mujeres se han incorporado al mundo laboral, cada vez la edad a la que se tiene el primer hijo es mayor, cada vez hay más mujeres mayores de 40 años deseando tener el primer hijo y la tecnología pone medios para que esto puede arreglarse: desde la donación de ovocitos a la vitrificación para la que sea previsora. Este problema del retardo de la maternidad es una cuestión social que no está en nuestra mano arreglar, pero sí poner medios para que un montón de mujeres de entre 40 y 51 años puedan tener niños.
¿Hay alguna edad tope?
Nosotros somos partidarios de los 51 años, para no llegar a las abuelas-madres. Es razonable arreglarlo en la edad en que una mujer pudo tener alguna vez un hijo. Y yo alguna vez he asistido a partos con 51 años. El límite sería el que la naturaleza dicta, a partir de ahí no, porque una mujer de 70 años ponerle un niño nos parece una aberración.
¿Hay demasiada expectativa en las parejas que recurren a estas técnicas?
Quizá, pero hoy en día tiene que ser un caso muy enrevesado para que no lo arreglemos, en dos o tres intentos. Las expectativas son muy altas, pero son reales. Ahora, una mujer sin matriz, habría que ir a una madre de alquiler y eso está prohibido aquí en España.
¿Es accesible para todo el mundo?
Es caro, no cabe duda, y puede haber frenos por razones económicas. Pero bueno, cada vez están entrando más las compañías, los seguros lo incorporan, hay más facilidades y las técnicas también se abaratan. Ahora mismo estamos en una crisis económica y está claro que afecta a todos los ámbitos.
Una mujer de 40 años puede ser madre primeriza a los 30. Al menos, así lo experimenta su organismo si decide congelar previamente sus óvulos y retrasar la maternidad por motivos sociales, la indicación más reciente de las técnicas de reproducción asistida (TRA) y la que destierra del vocabulario la anticuada y machista expresión ‘se te pasa el arroz’.
Como suele suceder en España con numerosos indicadores de salud, no hay datos sobre el número de mujeres que han congelado sus ovocitos por motivos sociales; es decir, porque consideraban que querían tener hijos en un futuro pero no querían depender de la edad biológica para hacerlo. Los únicos datos son los que ofrece la Sociedad Española de Fertilidad que tienen dos pegas: en primer lugar, sólo recogen las cifras de las clínicas que voluntariamente quieren aportarlas y, en segundo, no siempre distingue entre las razones por las que se hace la vitrificación.
Hasta hace relativamente poco, el motivo más común para congelar óvulos era la indicación médica, mujeres que iban a someterse a un tratamiento (normalmente de cáncer) y que preservaban sus ovocitos por si su fertilidad quedaba comprometida. Así, los datos del último registro de la SEF (referidos a 2009, sólo tres años después de que se autorizara esta indicación) sólo hablan de 65 mujeres que se han criopreservado la fertilidad por motivos sociales, una cifra que se presupone muy debajo de la actual.
La directora médica de la clínica EUGIN de Barcelona, Valérie Vernaeve, explica que, sólo en su centro se han realizado 50 ciclos de estimulación ovárica con este fin en 2011. Teniendo en cuenta que el procedimiento se ofrece en numerosos centros de reproducción asistida (el Grupo de Trabajo de Preservación de la Fertilidad de la SEF ha diseñado un mapa para localizarlos en territorio nacional) es evidente que la cifra ha de ser mayor. “Las visitas a nuestra web se han multiplicado por tres desde que ofrecemos esta alternativa”, señala Vernaeve como otro ejemplo del interés creciente por esta práctica.
La decisión de criopreservar la fertilidad va más allá de querer retrasar voluntariamente la maternidad. Requiere de un tratamiento farmacológico, la estimulación ovárica, que consiste en la administración de hormonas, normalmente, por vía subcutánea durante 12 días.
Una vez que se forman los ovocitos, deben extraerse de la mujer mediante una punción ovárica, un procedimiento que, aunque mínimamente invasivo, implica la utilización de anestesia local y sus riesgos asociados. Según la SEF, “el número de gestaciones y recién nacidos es aún insuficiente para evaluar si el procedimiento se asocia a riesgos específicos”, pero los resultados son sin duda prometedores.
Vernaeve subraya, al igual que la SEF, que las tasas de supervivencia de estos son similares a las de los oocitos frescos y llegan casi al 90%. La tasa de fecundación in vitro, explica esta experta, ronda el 75% y las tasas de éxito pueden al 48% “si los embriones son de buena calidad”.
Los motivos que aducen sus pacientes para preservar su fertilidad son “esperar a una mejor situación económica y, en menor medida, la ausencia de pareja”. La especialista belga señala que, aunque al principio solo acudían “mujeres cercanas a los 40”, la edad está disminuyendo poco a poco.
Porque ¿cuál es la edad recomendable para vitrificar los ovocitos? La SEF afirma en un documento de su Grupo de Trabajo de Preservación de la Fertilidad: “Se aconseja realizar la preservación de la fertilidad cuando todavía existe una adecuada reserva ovocitaria, generalmente antes de los 35-38 años”. Sin embargo, la sociedad médica deja la puerta abierta a hacerla más tarde: “La decisión de la preservación de la fertilidad a edades superiores será evaluada por el facultativo, siempre informando a la paciente que las tasas de embarazo están directamente relacionadas con la edad, valoración de la reserva ovárica en el momento de la consulta y las variaciones individuales que hay en cada caso”.
La directora médica de la clínica EUGIN se muestra de acuerdo con estos límites de edad y resalta que nunca se ha de vitrificar ovocitos de mujeres cuyos óvulos frescos no se utilizarían para una fecundación in vitro (FIV).
Según esta experta, el precio de la preservación de ovocitos ronda los 4.000 euros, cifra que se desglosa en los siguientes conceptos: el coste de un ciclo de criopreservación es de 2815€, cifra a la que hay que sumar entre 800 y 1200 euros de la medicación y a la que se puede añadir los 120 euros de las pruebas diagnósticas iniciales. Además, la paciente habrá de pagar 400 euros al año por mantener los ovocitos vitrificados, aunque si decide intentar ser madre en el año siguiente al proceso no tendrá que pagar nada: la conservación los 12 primeros meses es gratuita.
Por supuesto, cuando la mujer se decida a utilizar los ovocitos vitrificados tendrá que pagar el coste de la fecundación in vitro, que puede alcanzar los 2.000 euros.
Se considera que, para que haya más posibilidades de éxito, el número de ovocitos que se deberían obtener tendría que superar los 9. Por esta razón, cuando esto no se consigue las clínicas ofrecen repetir el proceso por un precio menor, en el caso de EUGIN de 1.900 euros.
¿Y existe un límite para ‘engañar’ al organismo e implantarse los embriones fruto de unos ovocitos más jóvenes que los reales? Vernaeve habla de entre los 45 y 50 años como edad tope, aunque la Ley no dice nada al respecto.
