Se desconoce si lo hizo para ahorrar o por delirio de grandeza, pero el médico Bertold Weisner, director de una clínica de fertilidad de Londres, usó su propio esperma para ayudar a más de 1.500 mujeres a concebir un niño, según informa la edición dominical de «The Sun».
El «superpapá» era austríaco y junto a su mujer, Mary Barton, dirigió la Barton Clinic desde 1940 hasta 1972, año en el que el doctor murió. Hubo un tiempo en el que se creía que un grupo de amigos del médico habían donado su esperma a la clínica, pero ahora han descubierto que las donaciones solo procedían de Wiesner.
La increíble paternidad de este médico ha sido descubierta después de que el abogado londinense David Gollancz, asombrado por la semajanza con Wiesner, se pusiera manos a la obra para conocer sus verdaderos orígenes. En la búsqueda le ayudó el documentalista canadiense, Barry Stevens, otro hijo biológico de Wiesner, que ha encontrado a otras doce personas nacidas de las donaciones del médico austríaco.
Las pruebas se realizaron sobre el ADN de 18 personas concebidas en la clínica entre 1942 y 1962. Los resultados demuestran que dos tercios de estas pruebas pertenecen al semen del «superpapá». Bertold Wiesner podría haber contribuido a estos nacimientos con al menos 50 donaciones de espermas al año, según la experta de la Universidad de Sheffield, Allan Pacey.
Se prevé, que las investigaciones duren varios años ya que la mujer del médico, Mary Barton, destruyó todas las pruebas de las innumerables donaciones de esperma del marido. David Gollancz estima que tendría «entre 300 y 600 hermanos».
Un abuelo de 67 años de edad, que sobrevivió a 12 ataques al corazón, pensó que sus días fértiles habían terminado.
Pero Malcolm Lawrence es ahora un padre encantado de una niña, después de que su esposa, Ann-Marie de 31 años, se implementara la FIV (fertilización in vitro).
Malcolm había sido alertado por los médicos para evitar cualquier actividad extenuante a causa de sus problemas de corazón y el trastorno pulmonar.
Pero a pesar de esto “la luna” le pegó por tener un nuevo niño: “Fue un verdadero shock, es lo que te puedo decir”, dijo.
“He demostrado que superé todo mal, dándole a mi esposa lo que ella siempre ha querido, un hijo propio”, señaló.
Lawrence se convirtió nuevamente en padre en marzo, luego de que lo fuera por primera vez hace 29 años con su anterior esposa, con quien tuvo a su hijo Gavin, quien a su vez, le dio ya dos nietos, de siete y cuatro años.
Lawrence conoció a su actual esposa a los 55 años, cuando ella tenía solo 19. Al principio pensó que Ann-Marie estaba interesada en su hijo, pero resultó que la joven solo tenía ojos para él. Se casaron hace 11 años.
Buscaron un hijo, pero Lawrence no podía tenerlos naturalmente, y Ann-Marie era demasiado joven para una fertilización asistida.
En ese entonces, Lawrence dio una muestra de su esperma, que desde hace más de una década estuvo guardada en el banco del Hospital de la Universidad de Gales.
La pareja finalmente empezó el tratamiento de fertilización el año pasado utilizando esa muestra, y sorprendentemente, tuvo éxito en el primer intento.
Lawrence señaló que “no me preocupa la diferencia de edad, y también trato de no preocuparme demasiado por el futuro, sólo estoy feliz de tener a mi hija”.
A sus 48 años, la presentadora Irma Soriano y su segundo marido, Mariano, cámara de televisión, esperan el que será su segundo hijo para el próximo otoño.
Según Vanitatis, Soriano, que tiene otros dos hijos de un matrimonio anterior, se encuentra en la decimotercera semana de gestación gracias a un tratamiento de ‘fecundación in vitro’, que se ha realizado en el Instituto Madrileño de Fertilidad, al que ya acudió hace tres años y que terminó con el nacimiento de su hija Carmen.
“Estamos muy felices y contentos, un hijo es el mejor regalo que la vida te puede ofrecer”, afirma en la web de Vanitatis.
Irma Soriano se enfrenta a este cuarto embarazo teniendo en cuenta los riesgos de la edad. “No quería que se conociera la noticia tan pronto por mis familiares, quería esperar un poco más. Siempre hay riesgos y tengo miedo como toda embarazada, aunque en mi caso también cuentan mis años. Pero soy una auténtica privilegiada y estoy muy controlada por el equipo de médicos. La verdad que todo está genial”, prosigue la presentadora de Jaén.
Sobre las preferencias en cuanto al sexo, afirma: “Me da igual. Más que nunca lo que quiero es que venga bien. Si es niña, estupendo, porque así jugará con Carmen, que todavía es muy pequeña; si es chico, tengo muchos pretendendientes a enseñarle a jugar a fútbol”, cuenta.
Este nuevo estado de gestación es un auténtico milagro teniendo en cuenta que a los 40 años Soriano se hizo una ligadura de trompas, a la que desafió en 2009 al tener a Carmen, su tercera hija.
Entonces, Irma Soriano tenía 45 años y hacía tres años que mantenía una relación con su actual marido, con el que comenzó a salir tras separarse, después de 24 años de unión matrimonial con José Antonio Gómez, escritor de profesión y padre de sus hijos Triana, de 22 años, y Antonio, de 10.
Nos reunimos con Reyes para un café en la terraza del Citilab (Cornellà de Llobregat), una antigua fábrica textil reformada donde se encuentra la redacción de lainfertilidad.com y estuvimos hablando sobre cómo ve ella el mundo de la reproducción asistida y de su experiencia en concreto.
“En torno a la infertilidad hay un halo de secretismo. Es un tabú ancestral y, a pesar de que vivimos en una sociedad supuestamente progresista, seguimos ocultando. Es nuestra vida privada y no es necesario contárselo a todo el mundo, pero de ahí a vivirlo como un estigma hay un abismo. No lo explicamos porque, contrariamente a lo que parezca, no se vive con normalidad. Todavía hay mucho tapujo y mucha tontería”, así nos lo dice Reyes.
Ella, cuando escribió el libro, encaró el reto como “el reportaje de su vida”, pensando podría ayudar a otras personas en su misma situación y también como terapia personal, para mantener la cabeza fría durante su proceso, ya que lo fue redactando mientras estaba inmersa en el tratamiento.
La historia que cuentas en el libro es algo con lo que muchos y muchas se van a identificar. Cuéntanos… ¿Cómo surgió la idea de hacer el libro? ¿Por qué es diferente al resto?
Yo ya era consciente de que tenía pocas posibilidades de ser madre. Por edad, 40 años cuando comencé el tratamiento, y porque mi pareja tenía baja calidad espermática. Él ya se había sometido a tres tratamientos de ICSI con su exmujer y no habían conseguido ningún resultado.
Nos enfrentamos con mucha serenidad. Con esperanza, pero no dándolo todo por ganado. Decidí no ser la protagonista, desdoblarme e intentar vivirlo como si no me pasara a mí. Inicie la escritura a tiempo real, a modo de diario. Y al poco tiempo contacté con Ediciones B y, como no había ningún libro de esas características, decidieron publicarlo aunque no estaba todavía terminado. No sabía si acabaría logrando un embarazo. Hay que tener claro que la fecundación in vitro no es una ciencia infalible y que no siempre que te sometes a un tratamiento consigues tu objetivo. Finalicé la parte del diario y pase a la redacción de la parte más periodística. Y en la primera versión del libro no desvelo si por fin me quedo embarazada. La finalidad del libro no es esa: el objetivo del libro es acompañar y explicar lo que no entendemos del proceso, desde el punto de vista del paciente, y para ello conté con el asesoramiento de profesionales médicos.
El primer ejemplar lo pudo tener mi hijo con ocho meses en sus manitas. Pensé que iba a tener mucha repercusión, pero ahí surgieron de nuevo los prejuicios. A la gente le da apuro que la vean con un libro de esta temática. Pero para mí lo importante es que haya servido a los que lo han leído, sean muchos o pocos. Cada vez que me escriben lectoras del libro contándome lo mucho que les ha ayudado me da mucha alegría, aunque no las conozca de nada.
¿Cómo ves el tema de la reproducción asistida en tu entorno actualmente? ¿Sigues viendo mucho tabú?
Sigue habiendo prejuicios y secretismo. Cuando publicamos el libro en papel, la editorial y yo pensábamos que contribuiríamos a que se diera a conocer este tema desde otra perspectiva, pero lo que encontramos fue que la gente tiene miedo a comprar un libro así, es como quien lleva una novela romántica y le da miedo que les tachen de romanticones. Tampoco verás a nadie por la calle mostrando la portada de un libro que se titule “Disfunción eréctil”. Sigue habiendo muchos tapujos y mucha tontería, en general. Y sobre la fecundación el desconocimiento hace que se digan muchas barbaridades. Gente que, con buena intención, te dice: – “Cuando te tranquilices, seguro que te quedas”, cuando hay una imposibilidad física real o médicos, pocos, que le dicen a pacientes con muy poco tacto que no valen. Pienso que es un tema delicado y que hay que cuidar mucho el lenguaje que se utiliza. A un hombre no le puedes decir “no vales”. Que yo sepa no te dan un carnet para ser padre y no se debe nunca ligar la infertilidad con patologías sexuales. En eso los hombres son muy sensibles. Tampoco se le puede decir a una mujer “estás vaciada”. Lo peor de todo es que personas que disponen de información y supuestamente de cierto nivel cultural dicen cosas sin pensarlas.
Hablando de tu caso, ¿qué problemas encontraste(is)? Por lo que pude leer, el problema era de tu pareja…
Yo entré en esto sabiendo que mi pareja ya había pasado por tres FIVs, la supuesta imposibilidad para ser padres venía por su parte. Pero los médicos lo catalogaron de “factor mixto” porque además de su problema con el esperma se unía mi edad. Me ahorré el proceso que se tuvo que tragar su anterior pareja. Y el que él tuviera que aceptar que era infértil. En este aspecto creo que yo jugué con mucha ventaja. Fuimos directos, no se perdió tiempo y hasta se aprovecharon los informes médicos antiguos. A los dos meses de relación sentimental me hice una histerosalpografía, que es una prueba que se realiza cuando se lleva mucho tiempo intentando quedarse embarazada. Ya sabíamos que había dificultades por el lado masculino así que me hice todas las pruebas ya que, como apuntó mi ginecóloga, solo faltaba que yo además tuviera algún problema añadido. Queríamos desde el primer momento saber nuestras posibilidades reales y de no ser posible cambiar nuestro proyecto de vida en pareja. Concienciarnos de que no podríamos ser padres. Como repito, jugábamos con ventaja. Se pierde un tiempo precioso con el diagnóstico. Y luego está la manía de decir: “la culpa es de él o de ella”. No. La culpa no es de nadie. Yo decidí que quería tener un hijo con esa persona y qué mala pata, que no podía tenerlos de una manera sencilla. Pero yo le había escogido a él como padre de mis hipotéticos hijos. Tendríamos más dificultades, no culpas, y había que intentarlo.
¿Cómo ha sido la experiencia de contárselo a vuestro entorno?
Yo lo he vivido con total naturalidad. Pero, el hecho de que mi pareja ya hubiera pasado por procesos similares indiscutiblemente ayudó. Se siente mucha presión y solo falta que tengas que ir con excusas y medias verdades. Es un tema privado, que no tiene por qué importar a nadie, pero tampoco se tiene que esconder.
Yo no tengo reparos en decir que mi hijo es in vitro. Y cuando lo comento, enseguida salen madres que me cuentan que su hijo o sus hijos también. Pero soy yo la que doy pie a que me expliquen. No interrogo, cuento.
La gente tiene miedo a muchas cosas. Es un proceso largo y doloroso, en el que no solamente cuenta el estado físico. Influye el estado de ánimo, el desgaste emocional, cómo lo llevas con la pareja… Muchas parejas se han separado por esta presión. Porque la mujer no se siente comprendida, porque el hombre se siente rechazado, porque solo se piensa en tener hijos y no se cuida la relación …
Esto es un proceso físico y psicológicamente duro… ¿Pensaste alguna vez en dejarlo?
Tuve días de bloqueo. De cansancio físico y mental. Yo no sabia hasta dónde llegaríamos, pero me tenía que poner un tope. Si a la tercera no sale… lo dejo, me dije. Y dos días antes de que me sacaran los óvulos estaba completamente vencida. Me daba lo mismo todo. Conseguí salir del paso con terapias alternativas y mentalizándome de que tenía que llegar hasta el final.
Aunque también hay que saber decir “basta”. No puedes estar cinco años de tu vida así porque el trabajo va mal, la pareja va mal, las relaciones sociales van mal… todo va mal. Eso sin hablar del tema económico. No eres menos persona por no tener un hijo biológico. Tienes otras opciones: adoptar, no tenerlos, enfocar tu vida por otros derroteros. Hay que buscar alternativas y no obsesionarse. No sirve pensar que la maternidad lo es todo, porque no es así. Hay que cuidar de uno mismo y del entorno. No puedes perder cosas por el camino. Puedes llegar a tener un hijo, pero si has perdido a tu pareja, tus amistades y hasta el trabajo el precio es excesivo. Un hijo es maravilloso pero no es lo único en la vida.
¿Hasta qué punto sabe tu hijo cómo llegó al mundo? ¿Cómo contárselo a los más pequeños?
Mi hijo tiene fotos hasta con los biólogos y le hablamos del tocólogo como si fuera de la familia. Y no hay ningún problema. Además, está acostumbrado a verse desde pequeño en la tele, en periódicos, etc… Es mucho más fácil explicárselo a los niños que a los mayores. Nosotros le hemos dicho simplemente que a sus papis les costaba mucho tener bebés y que fueron a unos médicos para que les ayudaran. Y de hecho a los niños de la familia les costo menos entender el proceso que a las personas mayores. A los niños lo que les resulta raro y hasta asquerosos es el contacto físico. El sexo, vaya. Y la explicación es la misma que se da en las clases. Se coge la semilla de mamá y la de papá, se juntan… Las mentiras y los circunloquios son los que lo hacen más difícil todo. Los niños no tienen prejuicios y espero que esta generación y las venideras tengan cada vez menos.
¿Qué ha sido lo más duro que has llegado a escuchar por parte de la gente con respecto al tema?
La gente insistía mucho con que adoptaramos. Pero curiosamente nadie con hijos adoptados nos lo decía. Tenían mucho más tacto. Sabían de los sufrimientos hasta poder conseguir un hijo y callaban. De todos modos, la gente es libre de hablar, y escuchas barbaridades como: “Si éste no funciona, búscate a otro”, “¿Y por qué no te acuestas con otro? te saldrá más barato”…
No sirve de nada contárselo a quien sabes que no te va a comprender. Si sabes que una persona opina de una forma y que lo que te diga no te va a gustar, ahórratelo. Si un señor es apostólico romano, no le puedes contar cosas sobre FIV… ¿para qué? No merece la pena…
¿Y el detalle más bonito que han tenido contigo a lo largo del proceso?
Yo estoy muy satisfecha con los médicos y con mi entorno. Estás tan necesitada de afecto que te agarras a cualquier cosa. Cuando me hicieron la transferencia, por ejemplo, vino el director del centro y me dio un abrazo y un beso. Fue un gesto sencillo pero en aquel momento me dio muchos ánimos.
Y hablaba tranquilamente con mis amigas y conocidos: quien era creyente me decía que pondría velas, que rezaría; quien creía más en el karma se encomendaba a sus dioses; cristales, gemas, reiki. Cada uno ayudaba según sus creencias. Yo soy atea, solo creo en las personas. Pero la fe sirve para sacar fuerzas y tener esperanza en los momentos malos. Tuve un amplio espectro de religiones y creencias en personas que pidieron por mí. Eso te hace sentir muy bien.
Aunque siempre hay detalles que molestan. Por ejemplo, si tus amigos han quedado para comer a una hora y tú te tienes que poner las inyecciones de hormonas, eso es lo prioritario. Y claro, para ellos no. Pero ocurre lo mismo cuando tienes hijos: solo quien los tiene sabe que no es fácil encontrar canguro, que tus planes cambian porque tienen fiebre, que no puedes salir por la noche o que tu conversación gira en torno a pañales y leches y no sobre las últimas novedades literarias. Tampoco hay que exigir complicidad. Si sabes que no te van a comprender, mejor no ponerlos a prueba.
Claro, porque hay personas que crees que van a estar ahí y al final no están…
Sí. Hay que aceptar que las personas no reaccionen de la manera tú esperas. Si tienes dudas, no te expongas. Como cuando eras una adolescente y solo le contabas tus líos amorosos a las amigas que te iban a decir cosas positivas. Hay que ahorrarse disgustos.
¿Qué ha sido lo más duro para ti de todo el proceso?
Dolor físico como tal no es que haya. Es molesto y continuo. Te afecta en los cambios de humor, estás triste, después pletórica… es un vaivén de cosas. Y molestias físicas. Yo tuve de todo: cándidas, herpes zóster, quistes… Todo lo que te puedas imaginar y más.
Conseguí el embazo tras dos ciclos largos y uno corto. Lo habitual, en un caso como el mío, es el ciclo largo, pero tras dos fracasos se probó con un ciclo corto y se consiguió que el proceso llegara a buen puerto. Tras dos ciclos largos tan seguidos no me podían aumentar la dosis de hormonas y me dijeron que si no iba bien, que me tomara un descanso. Pero no esperamos e iniciamos un tercer intento. Y es que en mi caso la edad era un handicap añadido.
¿Qué consejos le darías a las mujeres que están en tratamientos y que nos están leyendo ahora?
Que piensen en ellas misma, que sean egoístas. Tenéis que hacer un listado de todo lo que supone tener un hijo y todo lo que tendríais sin el. Por si acaso. No porque sea una opción: es una manera de abrirte puertas. De lo contrario te hundes. El mundo no se acaba por no tener hijos. Hay muchas cosas que te gustan y que no podrás hacer si tienes un hijo. Piensa en ellas.
La maternidad es maravillosa, pero también tiene su parte dura. Piensa en lo que tienes o lo que puedes conseguir sin ser madre. Hay que intentar poner toda la carne en el asador, ser positiva, pero la reproducción asistida no es una ciencia exacta. Así que hay que pensar que tal vez no puedas concebir.
¿Lo volverías a intentar para tener otro hijo?
No me lo puedo plantear porque no puedo. Consiguieron extraerme muy pocos óvulos y no se pudieron congelar embriones. Y si entonces ya tenía una edad poco recomendable, ahora ya ni lo pienso. Estoy ya con síntomas de pre-menopausia. Pero sí, me hubiera gustado que me hijo no fuera único. Además: de las fecundaciones in vitro salen muchos mellizos y trillizos, aunque eso los médicos no lo ven como un triunfo. Nosotros esperábamos mellizos y hasta nos sentimos un poco decepcionados al ver que solo había un feto. Pero ahora, claro, solo vemos las ventajas.
Siempre está la adopción como solución…
Ni nos la planteamos. Y que conste que respeto profundamente a las personas que adoptan, pero yo no me veo. Y mira que estoy rodeada de familia y amigas que han adoptado. Me quito el sombrero ante ellas, pero aquí cada uno es como es. Es una opción completamente personal.
¿Algo que hicieras en su día que hubieras hecho de otra forma si hubieras tenido más información, o al revés?
No. En principio no. Ahora existe una tecnología más sofisticada para dar con los espermatozoides más aptos, pero mira, con menos también hicimos. Creo que tuve lo mejor que podía tener en ese momento. Con las armas que uno tiene son con las que se tiene que luchar.
¿Tuviste contacto con otras mujeres de tu entorno o por internet que estuvieran pasando por lo mismo con las que poder compartir la experiencia en ese momento?
No. Por edad y situación, no coincidía con nadie. Por internet tampoco me puse a buscar. Después de este libro indague mucho. Realicé una serie de informes para una clínica, y bueno, en el libro ya lo digo, que hay que tener cuidado con internet. Si una persona lo primero que pone es FIV en Google, lo que encuentra no le va a gustar: grupos fundamentalistas cristianos que te van a poner a parir y una sarta de tonterías elevadas a la máxima potencia.
Sí que hay foros de instituciones médicas y blogs. Los foros están bien, pero tienen su parte buena y su parte mala. La positiva es la privacidad, el anonimato que te brinda hablar por ese canal y la complicidad. La parte mala es que existe mucha comparación entre casos y como somos la sociedad de la automedicación corremos el riesgo de creernos médicos. Y no lo somos. La red ofrece una libertad maravillosa, pero en ocasiones se ha de saber utilizar esa libertad. No todo lo que aparece en internet es cierto. Tiene que estar avalado por una fuente fiable, y además: lo que a una mujer le va bien a otra le puede ir fatal. Si tanto supiéramos, no haría falta ir al médico, nosotras daríamos con la solución. Hay que consultar siempre con nuestro médico y confiar en él.
Y mucho cuidado con los medicamentos que les han sobrado a pacientes y que los brindan desinteresadamente o que los venden a menor precio. Son unos fármacos muy delicados que tienen que estar en unas condiciones determinadas y nos podemos arriesgar a que un ciclo falle por la medicación. Y que conste que entiendo el tráfico casi clandestino que existe en la red, porque la medicación es carísima, pero no nos podemos arriesgar.
¿Tenías algún prejuicio antes de empezar en esto?
No. No quería semen de donante, que fue lo primero que se me ofreció y, ni dado el caso, óvulos de donante, ni adopción. Pero no sé qué hubiera pasado si no hubiera conseguido tener a mi hijo, tal vez hubiera cambiado mi opinión en algunos aspectos. Es algo que no sé. En esta vida nunca se puede decir de esta agua no beberé.
Ya para terminar, volviendo al libro, que podemos encontrar en Amazon… ¿Qué novedades hay en esta reedición digital, para dispositivos Kindle?
Por un lado, he añadido todos los avances que se han producido en estos últimos cinco años y que son muchos. Es la parte más remarcable. Y también he incorporado reflexiones y la experiencia que solo se puede adquirir “a posteriori”. A pesar de tener a mi hijo sigo interesada en la infertilidad y escribiendo sobre la fecundación asistida. Sigo ligada pero ahora puedo aportar, además de mi experiencia, conocimientos que gracias al contacto con la comunidad médica he ido adquiriendo. Si todo esto sirve para ayudar a las personas que se encuentran en este proceso tan delicado, me doy por satisfecha.
Las conclusiones a las que ha llegado este estudio, son que en los hombres, este factor causa dolores de testículos, así como trastornos en la cantidad y calidad de los espermatozoides. A largo plazo, esto puede provocar esterilidad.
El Doctor Nelson Solis Almonacid, de la Clínica Procrear, opina que cualquier ropa ajustada altera un poco las condiciones ideales en las que se deben producir los espermatozoides.
“En este caso la posición o la condición anatómica por la cual los testículos están fuera del cuerpo en el escroto, le confiere una temperatura menor que la corporal, que le permitirá producir espermatozoides en cantidad y movilidad adecuada”, explicó.
Otro punto importante, señala el doctor, es el flujo sanguíneo de dicha zona, ya que cuando se comprimen los vasos sanguíneos, aumenta la temperatura corporal y se reduce el flujo sanguíneo.
Esto no es algo que ocurra siempre; por ejemplo, muchas personas usan ropa ajustada y no tienen el problema… pero si a esto se le suman otros factores como la obesidad, se pueden llegar a dar lugar a la infertilidad.
El especialista recomienda a los hombres vestir ropa menos ceñida, que no complique el flujo sanguíneo y el calor corporal, que podría condicional la producción de espermatozides.
«Era mi última esperanza para tener un hijo». «Se esfumó mi sueño de ser madre». Estos fueron algunos de los testimonios de algunas parejas, al recibir la noticia de una avería en la cámara de refrigeración del centro de fecundación asistida del Hospital Filippo Neri, uno de los mayores hospitales públicos de Roma. Se destruyeron 94 embriones y 130 ovocitos, que pertenecían a 34 parejas. Para ellas, todos sus esfuerzos para convertirse en padres han sido en vano. Emma B, 39 años, afectada por una grave endometriosis, expresaba así su dolor tras diez años de lucha para ser madre: «Aquel embrión es tu tesoro, tu esperanza de una nueva vida, lo es todo».
El hospital reveló ayer que el depósito que contenía el nitrógeno líquido perdió 700 litros de una manera anómala, más allá de los niveles de reserva. El centro ha presentado una denuncia contra la empresa responsable del mantenimiento de las instalaciones, Air Liquid, líder mundial en el sector de nitrógeno líquido. El caso, considerado muy grave desde el punto de vista simbólico, ha suscitado polémica. El profesor Alberto Revelli, responsable de un centro equivalente, en el hospital Santa Ana de Turín, considera que se trata de «un incidente raro, porque el nitrógeno líquido se evapora lentamente y los daños llegan después de muchas horas; los biólogos tienen la obligación de controlar la temperatura al menos una vez al día».
El ministro de Sanidad italiano, Renato Balduzzi, ha manifestado que hoy, martes, un equipo de inspectores visitará el hospital romano. La Fiscalía descartó ayer la hipótesis de delito, pero los expertos consideran que las parejas deberán ser indemnizadas. Todas las familias han declarado que presentarán una demanda judicial. Pero la esperanza no es fácil de ser resarcida.
