En pleno siglo XXI el tema de la infertilidad sigue siendo un tabú para las parejas que desean concebir, la pregunta es ¿por qué? El asunto es que para los hombres este aspecto está muy ligado a la virilidad, y para las mujeres la maternidad se considera un rol primordial a desempeñar.
Esta presión social, causa que la imposibilidad para tener hijos se convierta en una vergüenza y no en una condición médica que puede solucionarse con la asistencia adecuada.
De allí la importancia de que solo un 17% de los pacientes que presentan esta dificultad decide compartir su experiencia y entablar una comunicación al respecto. El otro 64% prefiere no entrar en detalles. Es hora de romper este silencio que resulta tan dañino para la pareja.
¿Como afecta la infertilidad a la pareja?
Cada vez que una pareja joven se enfrenta al hecho de que no puede tener hijos de manera natural, literalmente su mundo se derrumba. No solo deben lidiar con la sensación frustrante, sino que hacen de cara sonriente a su entorno, amigos y familiares que les preguntan ¿para cuándo llegará el retoño?
La situación se vuelve mucho más compleja cuando se involucran aspectos culturales de la sociedad y tradicionales como costumbres familiares. Si este es tu caso, ¡rompe esa cadena que los sujeta a ti y a tu pareja a vivir en soledad! Además, los avances tecnológicos de hoy en día proporcionan resultados exitosos cuando se realizan tratamientos de reproducción asistida.
Es necesario que las parejas compartan su experiencia con el entorno
Aunque existen parejas extrovertidas que deciden compartir sus vivencias a través de foros y redes sociales, la gran mayoría decide conversarlo solo de manera íntima con su familiares y amigos más cercanos, por temor a recibir juicios negativos o con la intención de proteger a su futuro hijo en caso de ser concebido mediante algún tratamiento reproductivo.
Lo cierto es que sin importar que seas extrovertido o reservado, siempre es necesario que compartas tus experiencias y las de tu pareja con tus seres queridos. De esta forma, el proceso se hará mucho más llevadero y recibirás apoyo de aquellos que son importantes para ti. ¿Qué problema hay en admitir algo así?
La incapacidad de concebir hace que la pareja se una
Normalmente, cuando se conoce la imposibilidad para producir un embarazo, la pareja busca apoyarse uno en el otro lo que refuerza los lazos de unión y permite mantener una visión clara y positiva de las soluciones y los procedimientos médicos a seguir.
Por tratarse de un tema que afecta emocionalmente, unirse y alentarse mutuamente es el camino al éxito para conseguir el anhelado sueño de convertirse en padres.
Si estás atravesando por esta difícil situación, no hay razón para que como pareja sientan vergüenza, aunque no lo creas, este es un tema cada vez más común en infinidad de países, haciendo necesaria la aplicación de tratamientos de reproducción asistida que han generado respuestas gratificantes a los orgullosos padres.
La sociedad debe conocer mucho más acerca de este tema
Sin duda, la única manera de concientizar a la sociedad sobre la esterilidad es expandir la comunicación a todos los rincones. No sientas temor de contar tu historia y experiencias a familiares, amigos, vecinos y a cualquier persona que pueda estar viviendo un caso similar. De este modo, las personas comprenderán que no es algo negativo, que otras parejas han pasado por lo mismo y sobre todo que existen soluciones con altos porcentajes de efectividad.
Enfrentando la infertilidad con ánimo y esperanzas en lugar de manifestarlo como un tema tabú demuestras a la sociedad que tú y tu pareja son personas fuertes, luchadoras capaces de hacer frente a lo que se presente por delante para lograr el sueño de convertirse en padres.
lainfertilidad.com
El colesterol ejerce un papel fundamental en el correcto funcionamiento del organismo. Su efecto en la salud cardiovascular sigue siendo el más estudiado debido a la enorme incidencia y prevalencia de estas enfermedades.
Aunque el resto de áreas de influencia han sido mucho menos exploradas, en algunas de ellas como la infertilidad empiezan a estudiarse a fondo los efectos de este componente indispensable.
¿Por qué es importante el colesterol en la fertilidad?
El cuerpo utiliza el colesterol para producir hormonas sexuales como la testosterona, el estradiol o la progesterona, cuyo papel es fundamental en procesos reproductivos.
Un aumento o disminución drásticos de los niveles normales de colesterol producen cambios notables en estos procesos y pueden interferir en las funciones reproductivas y, por tanto, en la consecución de un embarazo.
Con la idea de estudiar el efecto del colesterol en la fertilidad, se han realizado diversos estudios en los que se miden los niveles de colesterol a parejas que están buscando descendencia.
Los resultados de estos estudios muestran que las parejas con hipercolesterolemia o colesterol elevado tardan más en conseguir el embarazo que aquellas con niveles de colesterol normales. Los resultados también muestran que, si alguno de los dos miembros de la pareja tiene el colesterol elevado, sucede lo mismo. De esta forma el colesterol se suma a los factores que hay que tener en cuenta si se está buscando un embarazo.
¿Cuáles son las recomendaciones para regular los niveles de colesterol?
Controlar los niveles de colesterol es altamente beneficioso para nuestra salud general, ahora, además, conocemos también su beneficio en la fertilidad.
La dieta mediterránea es idónea para mantener el colesterol dentro de unos límites saludables, su aporte de grasas proviene fundamentalmente de los ácidos grasos monoinsaturados y poliinsaturados presentes en el pescado y aceites de oliva y de semillas. También es importante el consumo de vegetales, legumbres, cereales, hortalizas y frutas.
En Instituto Bernabeu nos caracterizamos por ofrecer una medicina personalizada y para ello realizamos un estudio multidisciplinar a los pacientes que nos consultan. La Unidad de Endocrinología y Nutrición de Instituto Bernabeu evalúan la alimentación de las parejas para ver si existe algún desorden nutricional que esté afectando a su fertilidad.
Azahara Turienzo, bióloga de IBBIOTECH, del grupo Instituto Bernabeu
Por qué deberíamos atrevernos a hablar de nuestro aborto
Contemplo un óleo que parece trabajado sólo en una pequeña superficie en la parte superior-derecha de la tela. La luz baña una figura arrodillada que se dirige al cielo mientras el resto de la escena está invadida por la oscuridad. Analizando los matices de la zona en sombra me doy cuenta de que ese es el lugar en el que he vivido siempre, y que antes de intentar salir a la luz necesito entender qué sucede en esas construcciones que las mujeres hemos levantado en las tinieblas.
Somos más de la mitad de la población pero nuestra representación es irrisoria. Recibimos un trato desigual. Somos el objeto y no el sujeto, y además somos sospechosas de cada uno de nuestros actos. Levantaremos sospechas incluso al denunciar una agresión sexual porque la cultura de la violación está tan arraigada que se ha invisibilizado y convivimos con ella en esas tinieblas que nos son tan familiares.
Hace más de quince años y durante mucho tiempo me creí una privilegiada al sentir que formaba parte de un círculo artístico formado mayoritariamente por hombres. Poetas y pintores mucho mayores que yo que cuando invitaban a autores de fuera de la ciudad a dar charlas no dudaban en llamarme para que asistiera a sus cenas o a tomar copas más tarde. Siempre me pedían que fuera con mis amigas. En aquella época yo sentía que formaba parte de algo importante, que iba a crecer intelectualmente a mayor velocidad, no sospechaba sobre lo obvio de mi piel tersa y mi fácil capacidad de asombro.
Como soy mujer se supone que hablo de cosas de mujeres, que dibujo para mujeres, y que mi público, por lógica, debería ser sólo de mujeres. Pero apenas sé nada sobre mi género, hace muy poco que he empezado a conocer esta amalgama de carne, piel, órganos y tendones que me conforma (bien, sabía de dietas, cremas, y referentes físicos imposibles a los que tenía que parecerme). Se silencia todo aquello que afecta a nuestros cuerpos, que sólo despiertan interés y tienen presencia pública mientras son jóvenes y deseables. Conocer, por ejemplo, lo complejo de nuestros ciclos hormonales también es humano y universal. Saber cómo funcionan aquellos órganos que los hombres no tienen es necesario para entendernos.
Hasta que no pensé en quedarme embarazada no supe que el óvulo que mi cuerpo desprende cada mes sólo es fértil durante un tiempo vertiginosamente limitado. Debería haber necesitado acceder a esa información hace veinte años. Habría ahorrado en disgustos y en condones.
Todo lo que gira alrededor de nosotras o bien no importa o bien es un tabú: que el pensamiento humano se haya formado a través de la experiencia masculina tiene como consecuencia directa una sociedad que cojea.
Hace diez meses tuve un aborto espontáneo y apenas he podido hablar de ello a pesar de vivir en un entorno abierto, dialogante y comprensivo. En la segunda revisión supimos que no había latido. Que el poco espacio que ocupaba aquel ratón que estaba gestando y al que ya le había escrito un cuento, comprado decenas de libros e imaginado mil veces tumbado a mi lado en la cama había menguado y debía haber muerto un par de semanas antes.
Ayunas, legrado, reposo, silencio y un cuerpo que se ensancha y vuelve a su sitio a una velocidad abrumadora. A la cabeza le cuesta más. La obsesión por la idea de volver a quedarme preñada me inmovilizó. Empecé a leer libros y artículos sobre la maternidad tardía. Casi todos escritos por mujeres que pasan de los cuarenta, que se sienten timadas por cómo los acontecimientos han hecho que gestionaran sus tiempos y que luchan en mil batallas para conseguir ser madres. A mí todavía me quedaban cuatro años para alcanzar la cifra pero cuando las leía sentía que mi cuerpo era como el de ellas, que también mis óvulos eran pasas marchitas, que mis temores eran los mismos, que mi vida era la suya. Y mientras analizaba mis reglas y calculaba mis días fértiles, nació mi segundo sobrino y se me murió el último abuelo.
Diario. Marzo 2017. Tardo más de lo habitual en reaccionar y siento como si tuviera que protegerme de todo encerrada en un cuerpo de embarazada que no contiene embrión.
Diario. Julio 2017. Los veranos de mi infancia los pasaba aislada del mundo en la casita de campo de mis abuelos. Todo era amarillo y lento. Los días se alargaban y las noches eran húmedas a pesar del calor. Una mañana de agosto mi madre llegó tocándose la tripa y me dijo que en febrero tendría una hermana que no tardó en convertirse en la niña de mis ojos. Elegí el nombre del bebé y ese bebé está a punto de parir a su segundo hijo.
Diario. Agosto 2017. Ya no lloro cuando veo los vientres duros de mis amigas y hermana preñada.
Diario. Diciembre 2017. Viajo a Sevilla a hablar de La sed. La última vez que cogí un avión con ese destino estaba embarazada y una mínima turbulencia disparaba una alarma. Me había convertido en una madre osa que solo quería velar por la protección del ratón milimétrico que estaba gestando en su útero. Y velé. Y tanto que velé. El estado de alerta era aterrador. Las siestas larguísimas, la dieta estricta, el aguarrás bien lejos. Pero al ratón se le paró el corazón y se quedó allí dentro quieto, mudo. Como si no quisiera molestar. Estoy segura de que aquel ratón era una ratona.
Otro aborto
Hace tres meses volví a quedarme embarazada. Esta vez sí. De nuevo su cara, fantasear con una infancia entre botes de pintura, libros, guitarras y teclados, pensar si se dejará llevar por lo que nos apasiona o si le importará una mierda saber quién fue Ligeti. El lunes pasado tuve otro aborto espontáneo. Y después de las ayunas, el legrado y el reposo supe que lo que tenía que ver con el silencio no tenía por qué ser una imposición, aquello dependía de mí.
A las mujeres nos falta información y se nos señala como culpables incluso en situaciones como esta. A lo largo del último año he oído demasiadas veces que seguramente lo debí perder porque soy un culo inquieto, porque no paro, porque en un mes había estado en Sevilla, Madrid, Londres y Barcelona inhalando aguarrás, saliendo a cenar y caminando demasiado. Seguro que había comido algo que no debía, que no había descansado lo suficiente. Aquello me debió pasar por egoísta, por no pensar en mi hija.
Cuando supe que estaba embarazada de nuevo lo anulé todo. Nunca había dejado colgado a nadie y menos dos semanas antes de ningún acto. Después llegaron unas náuseas, mareos y vómitos muy intensos que habrían hecho que los anulara de todos modos, pero no quiero centrarme en esto sino en la decisión previa que me hizo tomar el contexto. Me volví loca con la alimentación, con la limpieza del frigorífico y de la cocina, con las horas de sueño, con los posibles esfuerzos que no debía hacer, con la ventilación de mi taller de grabado.
Seguramente nada de esto ha provocado mi segunda pérdida. Quizás el problema no está en mi cuerpo. O sí. No lo sé, porque hasta que el lunes pasado hice un post en redes intentando normalizar lo que me había sucedido, intentando nombrarme y nombrarnos, no supe las dimensiones reales del asunto. No sabía que a un porcentaje elevadísimo de mujeres les ha sucedido lo mismo que a mí por lo menos una vez en la vida, ni que muchas otras han tenido que pasar por cinco abortos antes de parir a su hijo debido al protocolo médico, tampoco sabía lo común que es tener que parir un feto muerto de seis meses de gestación (no puedo llegar a imaginar lo doloroso de la situación y las consecuencias desgarradoras que la experiencia supone). Desde que hice públicas mis pérdidas son muchos los profesionales de profesiones que desconocía los que me han brindado su ayuda.
Mientras leía obras escritas por hombres, mientras intentaba formar parte de grupos artísticos de hombres, mientras contemplaba lienzos pintados por hombres y leía libros de técnicas y procedimientos pictóricos que se dirigían a mí como un hombre-pintor me estaba olvidando de mí y de la mitad de la población del planeta. Nosotras también hemos escrito, pintado y pensado, y nuestro trabajo también ha tenido como consecuencia avances científicos de capital importancia. Las mujeres no somos un colectivo. También somos seres humanos. También tenemos voz. También queremos contar el relato.
Los miomas, también conocidos como fibromas uterinos, son tumores benignos que se forman en el área del útero, considerándose como una de las afecciones ginecológicas más frecuentes. Esta patología es de baja peligrosidad para la salud de la mujer en términos generales, pues resulta muy infrecuente que los fibromas se conviertan en malignos y ocasionen problemas graves.
Sin embargo el tópico que más suele preocupar a quienes lo padecen es la fertilidad, y es que ante esta condición surge la duda, ¿Puedo embarazarme con un mioma?
En este artículo de te lo respondemos con claridad.
¿QUÉ SON LOS MIOMAS?
Los miomas uterinos son tumores benignos (no cancerígenos) que crecen en la pared del útero. Son los tumores más frecuentes de aparato genital femenino, entre el 40 y 50 % de mujeres a partir de los 40 años los padecen. Una vez que los mismos aparecen, es importante acudir a chequeos ginecológicos frecuentes para evaluar su estado, la aparición de nuevos fibromas y la salud uterina en general.
Las causas por las que aparecen los miomas se desconocen en la actualidad, aunque se considera que los cambios hormonales, especialmente los relacionados con las alteraciones en los niveles de estrógenos, pueden influir en su aparición.
TIPOS DE MIOMAS
Los miomas uterinos pueden ser de un tamaño muy pequeño y no producir ningún síntoma, sin embargo en algunos casos pueden ser la causa de menstruaciones irregulares, abundantes y dolorosas. Si su crecimiento es avanzado pueden acabar por comprimir uno o varios órganos de la pelvis, ocasionando dolor y molestias.
Para entender si un mioma puede afectar la fertilidad es importante conocer primero el tipo de tumores que pueden presentarse y su localización, lo que influirá directamente en sus efectos sobre la fertilidad femenina. Los tipos de miomas son:
Subserosos: crecen en la pared externa del útero por lo que no suelen ocasionar síntomas ni intervenir con la menstruación ni la fertilidad.
Intramurales: se forman en el espesor de la pared del útero y son los tipos de miomas más comunes. Ocasionan un agrandamiento en esta zona y si los mismos son mayores a 3 centímetros pueden incrementar el flujo menstrual.
Submucosos: se forman en la pared del útero y hacia dentro del mismo, incrementan el sangrado vaginal y el dolor durante los períodos, pero además pueden afectar la fertilidad.
¿PUEDO QUEDAR EMBARAZADA SI TENGO UN MIOMA?
Teniendo en cuenta lo que hemos explicado anteriormente, lo primero que resulta importante determinar es qué tipo de mioma tienes para saber si tu fertilidad está comprometida.
Los miomas subserosos no afectan en lo absoluto la fertilidad pues los mismos crecen fuera del útero, sin embargo si tienes miomas submucosos corres el riesgo de ser infértil debido a que una protuberancia dentro del útero puede bloquear las trompas de Falopio, dificultar o impedir la implantación del óvulo, además de aumentar el riesgo de abortos espontáneos una vez que se consigue el embarazo.
En el caso de los miomas intramurales, los más comunes, estos pueden llegar a bloquear el canal de parto y conducir a una cesárea, y también pueden producir abortos y partos prematuros por ocupar el útero y por tanto dificultar el crecimiento del feto dentro de la matriz. Algunos especialistas indican que, para convertirse en un riesgo, deben tener un tamaño superior a los 5 centímetros.
¿HAY ALGÚN TRATAMIENTO PARA LA INFERTILIDAD POR MIOMAS?
Aunque se tengan miomas y problemas de fertilidad es ante todo siempre conveniente descartar otras causas de infertilidad.
Las causas por las que no quedamos embarazadas pueden ser múltiples, sin embargo si te han diagnosticado miomas subserosos lo más probable es que éste sea el problema. En estos casos existe un tratamiento para esta condición: realizar una histeroscopia.
Otra posibilidad en los miomas intramurales y en los submucosos que no pueden ser eliminados mediante histeroscopia es la embolización uterina.
Las nuevas guías de práctica clínica de la Sociedad Europea de Radiología Vascular e Intervencionista reconocen que el embarazo es posible después de la embolización de miomas y de hecho los porcentajes de embarazo después de la embolización en las mujeres en edad fértil son mejores que otros obtenidos con cirugía de los miomas (miomectomías) , siendo una técnica mucho menos agresiva.
Dr.E.Esteban
El Ministerio de Sanidad tiene previsto poner en marcha, en el primer trimestre de este año, un nuevo sistema para que las familias puedan acoger niños de diferentes comunidades, según ha podido saber ABC de fuentes gubernamentales. Hasta ahora, solo era posible acoger menores dentro de la misma autonomía, excepto discapacitados y dos o más hermanos.
Con esta medida, el Gobierno pretende encontrar la familia más adecuada para cada menor, «cuando no exista una familia en la Comunidad autónoma a la que pertenece y no tenga otros familiares más cercanos». Este mecanismo es similar al que existe en la Organización Nacional de Trasplantes.
Sistema solidario
Este sistema «solidario fomenta la familia y favorece la cohesión territorial», según las fuentes consultadas, y se articulará en torno a una plataforma digital, en la que todas las autonomías volcarán sus datos. Ello permitirá más transparencia y accesibilidad a la información. El objetivo es conseguir «que las familias dispuestas a acoger puedan ser localizadas y propuestas, tan pronto como el niño entra en el sistema, e impedir que entren en residencias».
La iniciativa ha sido consensuada con las comunidades autónomas en el seno de la Comisión Interautonómica de Infancia y Familia, celebrada en junio de 2017.
La medida va encaminada a fomentar la sensibilización ante el acogimiento, dar más garantías a los menores de ser acogidos por una familia, «que es el mejor recurso de protección que se les puede dar», y más seguridad, no solo a los niños, sino también a las familias, «al establecer un sistema más coordinado».
Estos cambios en el sistema de acogimiento se suman a los que ya se realizaron en 2015. Entonces, se eliminó el impedimento legal para que fuera necesario el asentimiento de los padres biológicos, «si transcurren dos años sin que hayan intentado revocar dicha situación».
Igualmente, se priorizaron las medidas de acogimiento familiar frente a las soluciones institucionales. La intervención del juez ya no es preceptiva, se creó el Estatuto del Acogedor Familiar; y, antes de que la entidad pública proponga al juez la constitución de la adopción, se podrá iniciar un periodo de convivencia entre el menor y la familia considerada idónea, de manera que los niños permanezcan en una familia y «se les evite pasar por un centro de acogida».
Con esta reforma del sistema de protección a la infancia se concedieron mayores garantías en los procesos de adopción. A partir de 2015, los menores tienen que «ser escuchados por las entidades públicas antes de que se emita cualquier resolución que pudiera afectarles» y «no podrá adoptar quien haya sido privado de la patria potestad o tenga alguno de sus hijos bajo la guarda o tutelaadministración, como sucedía antes».
2018 es un año muy especial para nosotros, pues este año celebramos… ¡Nuestro 25º aniversario! 25 años de experiencias profesionales y personales, de vivencias únicas, de momentos especiales. 25 años llenos de sonrisas. Para nosotros todo este tiempo ha pasado muy rápido y, sin embargo, han sido 5 lustros repletos de evolución, innovación, tecnología e investigación en medicina reproductiva.
Las primeras ocasiones en las que se comenzaba a hablar de medicina reproductiva datan de más de 60 años, cuando el premio Nobel Robert Edwards, mundialmente conocido como el padre de la reproducción asistida, comenzó a investigar sobre la posibilidad de la concepción de un embrión fuera del útero de la madre.
No fue hasta 1978 cuando Edwards logró, mediante la realización de una fecundación in vitro (FIV) junto al ginecólogo Patrick Steptoe, que se produjera el nacimiento de Louise Brown, primer “bebé probeta” del mundo como se le denominó por aquel entonces, del que han pasado ya 40 años. 6 años después, en 1984, se produjo en España el primer nacimiento de un bebé concebido mediante fecundación in vitro: Victoria Anna.
Los años 80 y 90 fueron decisivos en la evolución de la medicina reproductiva: se empezaron a investigar técnicas para la congelación de ovocitos y embriones, se mejoró el proceso de la estimulación ovárica, se comenzaron a desarrollar otras técnicas pioneras como la microinyección espermática (ICSI) o el diagnóstico genético preimplantacional (DGP), se mejoraron las condiciones en los laboratorios, se comenzó con los programas de donación de óvulos y donación de semen…
Ya en los 2000 se empezaron a perfeccionar las técnicas de cultivo embrionario, llegándose a desarrollar incubadores específicos que fueron los modelos primitivos de los que ahora forman parte de nuestros laboratorios. Y, además, se comenzó a concienciar sobre la importancia de la cantidad y la calidad en la reserva ovárica, ofreciendo la posibilidad de preservar la fertilidad de aquellas personas que, por motivos médicos o sociales, deseaban tener un hijo años más tarde sin comprometer su fertilidad.
En los últimos años, se han continuado mejorando las técnicas de cultivo embrionario, desarrollando los tratamientos para obtener cada vez mejores tasas de éxito, investigando los procesos para que sean cada vez más eficientes, dando una mayor importancia a la participación activa del factor masculino en los tratamientos…
Nuestra historia: CREA, centro médico de reproducción asistida
Nosotros nos formamos en el John’s Institute de Norfolk, primer centro de Estados Unidos en conseguir un embarazo por fecundación in vitro. Allí aprendimos, a finales de los 80, a hacer microinyección espermática y otras técnicas de reproducción asistida de las que hemos sido pioneros en España. Así como en ovodonación, en vitrificación, en aplicación del diagnóstico genético a la reproducción asistida, en protocolos de cultivo y clasificación embrionaria, en limitar el número de embriones transferidos, en protocolos más personalizados y seguros de estimulación ovárica e inducción de la ovulación, en implantar sistemas para garantizar la calidad asistencial, en mejorar el apoyo emocional a nuestros pacientes, en el estudio y tratamiento específico del factor masculino…
En 1993 fundamos CREA, nuestra clínica de reproducción asistida en Valencia. Aún recordamos nuestros inicios, cuando éramos un pequeño equipo de apenas cinco personas, una pequeña familia, que nos habíamos especializado en reproducción asistida, una rama de la ginecología que, como se ve, al principio parecía una verdadera historia de ciencia ficción.
Unos años después, en el año 2000, partimos de nuestro consultorio inicial, en la calle Garrigues, para abrir una clínica más grande en el número 4 de la calle San Martín, en pleno centro de Valencia. Con todo nuestro cariño, fuimos construyendo los cimientos de lo que es ahora CREA, así como formando y componiendo un equipo que para nosotros es un 10 en absolutamente todo: humanidad, pasión, experiencia, investigación…
En 2010 pudimos dar el gran salto, ampliando nuestras instalaciones y construyendo una clínica con unos de los laboratorios de andrología y embriología más avanzados de Europa, que sigue estando en el corazón de la Ciutat Vella de Valencia y que cuenta con más de mil metros cuadrados y 40 profesionales dedicados a la atención personalizada de nuestros pacientes.
Hoy, en 2018, con miles de niños nacidos y miles de parejas que nos han permitido colaborar con ellas para ayudarles a formar una familia, estamos más ilusionados que nunca, tenemos mil proyectos por realizar y nuestro objetivo continúa siendo seguir estudiando, investigando y aprendiendo para poder crear y compartir muchas más sonrisas otros 25, 50, 75 o 100 años más, el tiempo que vosotros decidáis acompañarnos en este camino tan apasionante.
Muchísimas gracias a todos por estos magníficos 25 años.
