Estrés, miedo o ansiedad son algunos de los sentimientos que se pueden vivir durante un tratamiento de reproducción asistida. Y si no son encauzados correctamente, pueden empujar a tirar la toalla o incluso reducir el porcentaje de éxito del tratamiento. Por eso, es importante contar con ayuda psicológica durante las pruebas diagnósticas, espera de los resultados, así como durante el tratamiento y después del mismo.
¿En qué consiste la ayuda psicológica en reproducción asistida?
Durante un tratamiento de reproducción asistida, se producen intensas e importantes alteraciones emocionales. La atención psicológica trabaja en diferentes etapas mediante:
- Técnicas de relajación para disminuir el estrés.
- Consejos para sobrellevar de forma positiva un tratamiento de reproducción asistida desde el punto de vista emocional.
- Habilidades para reforzar la relación de pareja durante un tratamiento.
- Técnicas para aumentar el bienestar personal y calidad de vida.
- Consejos y recomendaciones para la betaespera .
- Ayuda para afrontar un resultado negativo.
Apoyo psicológico en el hombre
Los problemas de fertilidad y los tratamientos de reproducción asistida afectan por igual a hombres que mujeres, pero en ocasiones el papel del padre queda relegado a un segundo plano, al ser las mujeres las que sufren todos los procesos físicos. En algunos procedimientos, como aquellos en los que es necesaria la donación de semen, la asistencia psicológica es clave porque, erróneamente, se asimila la dificultad para concebir con la impotencia sexual. Esto genera frustración en los hombres, porque no aportan su carga genética y no pueden compartir el dolor físico de su pareja ya que son las mujeres las que tienen que pasar por el proceso de pruebas médicas e inseminación.
Consejos para superar un tratamiento de fertilidad
Además de solicitar ayuda psicológica, es muy importante tener en cuenta los siguientes puntos:
- Información: es muy importante preguntar todas aquellas dudas que se tengan a nivel médico.
- Comunicación: mantener un diálogo fluido y compartir inquietudes con la pareja es vital durante todo el proceso de reproducción asistida.
- Entorno: también es necesario compartir preocupaciones con otras personas fuera de la pareja, abandonar el diálogo interior. Es básico para tener otros puntos de vista de personas ajenas a el proceso, como un amigos o compañeros de trabajo.
- Ocio: mantener las actividades de ocio personal y no dejar el mundo de lado porque estar en un tratamiento de reproducción asistida.
- Sexualidad: mantener relaciones sexuales de la forma más normalizada posible. El sexo tiene que ser motivo de diversión y de mejora de la comunicación en la pareja, no un tema complicado.
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Ni los cuentos de hadas, ni la presión social o familiar, ni siquiera el reloj biológico han podido frenar el retraso de la maternidad entre las mujeres españolas. Según el último informe del Instituto Nacional de Estadística (INE) sobre movimiento natural de la población en 2016, la edad media de la maternidad en nuestro país alcanzó un dato histórico: 32 años (dos años más que en 2006).
“La mayoría de países occidentales están en un proceso de retraso en la edad de tener un bebé por la difícil conciliación laboral y los últimos coletazos de la crisis económica”, explica el sociólogo Santiago Pardilla Fernández. Al entorno socioeconómico se le suman el problema de la fertilidad y el estigma de la mamá mayor: madres con “menos energía”, “más cansadas” y que “parecen abuelas”, por nombrar algunos de los más que manidos argumentos sobre el tema. Todo ello plantea un escenario bastante pesimista para la madres tardías, que no ha hecho si no empeorar con los estudios científicos que relacionan la edad de la madre con inconvenientes en el desarrollo del feto.
Ahora un grupo de investigadores parece (por fin) haberles dado tregua. En un estudio publicado en febrero en el International Journal of Epidemiology, un grupo de científicos analizó la asociación entre edad materna y capacidad cognitiva en niños, una vez que habían cumplido los 10 años. Para ello los investigadores compararon tres grandes estudios longitudinales realizados en Gran Bretaña durante los años 1958, 1970 y de 2000 a 2002, con muestras de 10.000 niños cada uno.
Los resultados fueron sorprendentes. Si bien en el estudio de los años 50 la asociación entre edad materna y capacidad cognitiva era negativa, es decir, los hijos de madres de entre 35 y 39 años tenían puntuaciones cognitivas peores que los hijos de madres jóvenes, en el de 2000 la asociación se había invertido: los niños nacidos de madres de entre 35 y 39 años alcanzaban resultados significativamente mejores en las pruebas cognitivas que los de las más jóvenes.
No era la edad, era el dinero
Tal y como explican los investigadores en el estudio, en los años 50 las mujeres que tenían hijos al final de la treintena habían concebido etre cinco y seis veces con anterioridad, es decir no eran primíparas (primerizas). Esto suponía un agravante a su desarrollo cognitivo debido a que los hermanos mayores tenían más acceso a los recursos parentales: hoy incluso se relaciona la falta de atención de los padres que trabajan lejos de sus hijos con alteraciones en el cerebro negativas para el cociente intelectual (CI).
Además, las familias numerosas eran en general más pobres; una condición, la pobreza, que se ha relacionado estrechamente con el desarrollo del cerebro, debido a tres factores que se derivan de la falta de recursos: malnutrición, malas condiciones sanitarias y los retos a los que se enfrentan los niños. En aquella época “el que venía cuando la madre tenía 35 ya se criaba solo”, bromea Armando Bastida, enfermero de Pediatría, padre y fundador de la comunidad Criar con sentido común.
Las madres del estudio del año 2000 que tenían sus descendientes tarde —en este caso, su primero—, a diferencia de las mujeres en los 50, habían preferido desarrollar una carrera profesional, se encontraban en un nivel socioeconómico más cómodo y siguieron mejores conductas de salud durante el embarazo.
Aunque “se ha visto en muchos estudios que las familias con menos recursos tienen niños con peor desarrollo —gozan de menos acceso a oportunidades o quizá los padres ponen menos importancia en la lectura y otras actividades…”, comenta Armando Bastida— a las madres tardías a día de hoy “les preocupa que sus hijos tengan un nivel parecido al suyo (estudios, cultura, economía…)”.
Bastida insiste en un punto clave del estudio, “las diferencias cognitivas en los pequeños no vienen dadas por factores genéticos o biológicos asociados a la edad de la madre, es tan sencillo como que todo lo que antes pasaba a los 25 años se ha movido a los 35”.
No solo eso: un reciente estudio llevado a cabo por la Universidad Southern California encontró que dar a luz después de los 35 mejora las habilidades mentales… de la madre. Los investigadores creen que se debe al incremento de hormonas –estrógenos y progesterona— que se produce durante el embarazo, que actúa de forma positiva en la química del cerebro y su efecto aumenta cuanto mayor sea la madre. Para llegar a esta conclusión, hicieron pruebas a 830 mujeres en la menopausia: aquellas que habían tenido hijos a partir de los 35 mostraban mejor memoria verbal y cognición.
Aparte de los factores biológicos, demográficos y sociales favorables a las madres tardías no hay que menospreciar el hecho de que, según se ha probado en un estudio de la Aarhus University de Dinamarca, educan imponiendo menos castigos y con menos violencia verbal que las más jóvenes, lo que repercute en el bienestar emocional de los niños. En este sentido, otro estudio realizado en la Universidad de Columbia (EE UU), muestra que “los padres mayores pueden ser menos resistentes que los más jóvenes, pero tienen mayor experiencia y conocimiento”, por lo que “la desventaja biológica está en cierto grado equilibrada por la ventaja social”.
Sí que verán crecer a sus hijos
Si bien los embarazos al final de la treintena se asocian con una mayor probabilidad de complicaciones, como aumento de la incidencia de síndrome de Down, mayor riesgo de hipertensión o de diabetes gestacional, también ofrecen ventajas a nivel de salud. En un estudio publicado en el American Journal of Public Health, realizado con una muestra de más de 20.000 mujeres, los investigadores detectaron que aquellas que fueron madres después de los 25 años —el considerado momento de oro biológico para reproducirse— en realidad tenían un 11% de probabilidades más de vivir hasta los 90 años.
Hilemos más fino: en otro estudio realizado en la Boston University School of Medicine, (EE UU) se examinó la esperanza de vida de las madres mayores y se encontró que las mujeres que tuvieron su último hijo después de los 33 años juntan más papeletas para vivir hasta los 95. Es más, parece ser que tienen el doble de probabilidades de vivir hasta los 95 que aquellas que tuvieron su último hijo antes de cumplir 30 años.
“Por supuesto esto no significa que las mujeres deban esperar a tener hijos a edades más tardías con el fin de mejorar su esperanza de vida”, explica el autor del estudio, el doctor Thomas Perls: “La capacidad natural de tener un hijo a una edad avanzada probablemente indica que el sistema reproductivo de la mujer está envejeciendo lentamente, y por lo tanto, el resto de su cuerpo también”. Estos hallazgos apuntan a que quizás las mujeres seamos la fuerza impulsora detrás de la evolución de las variantes genéticas que retrasan el envejecimiento y que ayudan a las personas a vivir en extrema vejez. En cualquier caso se trata de una excelente noticia para las víctimas de la odiosa coletilla “las mamás viejas no verán crecer a sus hijos”. Pues mire, va a ser que no.
MOTIVOS DE INFECUNDIDAD ‘MADE IN SPAIN’
La comunidad autónoma española con mamás más jóvenes es Melilla con una media 29,63 años mientras que las mamás más mayores, 32,82 años, se encuentran en el País Vasco. Si comparamos las estadísticas españolas con las del resto del mundo (y especialmente de los países desarrollados) vemos que España encabeza el retraso de la maternidad en Europa, siendo la edad del primer hijo de las más elevadas del mundo. El Centro de Estudios Demográficos de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB) ha analizado las tendencias yposibles causas de la infecundidad en España en el artículo científico titulado La infecundidad en España: tic-tic, tic-tac, tic-tac !! (2016) y las ha resumido en estas cinco:
- Mujeres que por razones biológicas no pueden tener hijos (infertilidad primaria). En España tiene un nivel bajo (2%).
- Mujeres fértiles pero que no desean tener hijos (infecundidad deseada). Sonuna minoría en España, siempre inferior al 5%.
- Aquellas que pueden y quisieran tener hijos pero no se lo plantean porque consideran que son demasiado jóvenes para tenerlos (infecundidad normativa).
- Mujeres que pueden y quieren tener hijos y están en las edades socialmente consideradas para ser madres pero que deciden posponer la decisión porque no reúnen las condiciones familiares y / o materiales óptimas (infecundidad transitoria).
- Aquellas mujeres que cuando deciden tener hijos no los tienen porque no se quedan embarazadas, experimentando baja fertilidad o infertilidad sobrevenida con la edad.
Las dos últimas son las causas más importantes por las que las mujeres no tienen hijos, por ello los autores del estudio Albert Esteve, Daniel Devolder y Andreu Domingo concluyen que “como sociedad, deberíamos plantearnos la asignación de recursos a nuestras vidas e incorporar la crianza de los hijos en las primeras edades como un pilar más del estado del bienestar”.
Mundo.- Se han realizado estudios y una de las consecuencias que podemos encontrar, es la infertilidad de las parejas con anhelos de convertirse en padres, ya que la exposición a algunas sustancias aparentemente inocuas puede poner en riesgo la capacidad para concebir.
Para nuestra sorpresa, existen sustancias químicas que se encuentran en los sofás, asientos de coches y tapetes para realizar yoga que están científicamente relacionadas con la infertilidad., a los cuales se les conoce como retardantes de llama organofosforados (PFRs), estos escapan como polvo sin darnos cuenta, por lo común son utilizados como relleno de espuma.
La página Vanguardia explica indica que la Escuela de Salud Pública de Harvard TH Chan, encontró que las mujeres que habían respirado esas sustancias aumentaban la posibilidad de no poder concebir. Las consecuencias van desde el deterioro hormonal, baja producción de óvulos, abortos involuntarios, incluso anomalías en el esperma en los hombres.
Tal investigación, se realizó en la orina de 211 mujeres del Reino Unido, con dificultad para quedar embarazadas, las mujeres con alto nivel de concentración de PFRs tenían un 31 por ciento menos de probabilidad de concebir.
Otras sustancias que causarían infertilidad son las siguientes:
- El etilenglicol.– Solvente que se encuentra en algunas pinturas a base de agua, barnices y quita manchas, este químico puede afectar el ciclo menstrual o correr el riesgo a un aborto espontaneo.
- Bisfenol.– Químico que se usa para fabricar plásticos duros, utilizado en los recipientes de comida para microondas, botellas de agua y latas. Se han encontrado grandes cantidades en la orina tanto en hombres como mujeres, provocando el síndrome poliquístico, dificultando la posibilidad de concebir.
- Etalato.– Éstos los encontramos más frecuentemente en en la cortina del baño, tal exposición a las sustancias provoca endometriosis, infertilidad y disminución de esperma en los hombres.
Desde que en 1988 se promulgó la primera Ley española de reproducción asistida, el contrato que regula la subrogación uterina se ha considerado nulo de pleno derecho, fuera formalizado de forma lucrativa o altruista, ya que en nuestro país la filiación se reconoce a la mujer que da a luz. La actual Ley 14/2006, de 26 de mayo, sobre técnicas de reproducción asistida mantiene esta regulación, sancionando su práctica como infracción muy grave.
La nulidad actual del contrato de maternidad subrogada obedece a varias razones. Así, podemos hablar de motivos éticos, de posible mercantilización del cuerpo de la madre de alquiler cuando el contrato se formaliza por un precio, motivos de explotación reproductiva, o incluso de afectividad ante la dificultad de velar por los derechos de la madre gestante. Además, no existe una posición unánime entre la Dirección General de los Registros y del Notariado y el Tribunal Supremo en cuanto a la inscripción en España de los niños nacidos a través de este medio en el extranjero, ya que, por un lado, no es consecuente inscribir legalmente a nacidos a través de un contrato nulo según la Ley española, pero, por otro lado, el interés superior del menor obliga a protegerlo. Esta situación crea inseguridad jurídica.
En los últimos años se han producido iniciativas legislativas en España para regular la maternidad subrogada, que no han tenido resultado hasta el momento, y que han de delimitar el ámbito de una posible regulación, esto es, si se limitaría a una alternativa a las técnicas de reproducción asistida únicamente, lo que significaría que tendrían acceso a ellas las mujeres o las parejas heterosexuales, o se ampliaría esta posibilidad a las parejas homosexuales de varones como una alternativa a la adopción. La posición del Comité español de Bioética no es favorable a una regulación permisiva de esta figura.
La primera opción es la que sigue actualmente el Reino Unido, que prohíbe la práctica comercial de la maternidad subrogada, pero la autoriza por motivos terapéuticos, siendo la misma a título gratuito y dando una serie de prioridades a la madre gestante, que ha de consentir la filiación a favor de los padres intencionales, pero tiene también la posibilidad de retractarse.
Mención especial merece la nueva regulación de esta materia en Portugal, que ha pasado a ser el tercer país de la UE con una legislación más permisiva en este ámbito, junto con Grecia y Reino Unido. Esta nueva legislación destaca por permitir que los extranjeros accedan a la misma, con el único requisito de que se practique en una clínica de fertilidad en Portugal. La nueva Ley portuguesa sólo admite la subrogación uterina por motivos terapéuticos, por lo que las parejas de hombres homosexuales no podrán acceder a la misma.
En cualquier caso, la maternidad subrogada es uno de los temas bioéticos más controvertidos en la actualidad y es muy complicado encontrar una solución que satisfaga a todas las partes implicadas y respete al mismo tiempo todos los principios legales y éticos.
Francisco Compañ, Director Dpto. Jurídico y Financiero Instituto Bernabeu
En los tratamientos de reproducción asistida, la transferencia embrionaria es el proceso por el cual se deposita el embrión, seleccionado en el laboratorio, dentro del útero materno. Aunque es relativamente sencilla y no requiere hospitalización, algunas mujeres experimentan ciertos síntomas post transferencia embrionaria, como:
- Una mayor cantidad de flujo vaginal.
- Pequeñas hemorragias.
Ninguno de estos síntomas nos aporta información definitiva sobre la implantación del embrióno un posible aborto,y deben verse como consecuencia del propio proceso de la transferencia embrionaria o del tratamiento hormonal de la fecundación in vitro (FIV).
El proceso de la transferencia embrionaria
Es sencillo, aunque exige el seguimiento del ciclo ovulatorio para poder llevarla a cabo en el momento adecuado. Por eso es normal que, antes de la transferencia del embrión, congelado o en fresco, la mujer se someta a un tratamiento hormonal con la finalidad de preparar el endometrio y facilitar la futura implantación del embrión.
Una vez se ha elegido una fecha para la transferencia, el ginecólogo realiza a la mujer una ecografía para confirmar la posición del útero y el estado del endometrio. Después, limpia cuidadosamente la vagina e introduce, a través de ella, una cánula que debe pasar el cuello uterino y llegar al útero. Finalmente, el embriólogo deposita el embrión seleccionado por su mayor potencial de implantación.
Todo el proceso de la transferencia embrionaria se controla continuamente a través de un ecógrafopara asegurar que la cánula llega al lugar donde depositar al embrión para su posterior implantación, que se confirmará definitivamente quince días después con un test de embarazo.
Durante ese tiempo muchas mujeres apenas notan cambios en su cuerpo. Otras, sin embargo, experimentan diferentes síntomas asociados tanto al propio proceso de la transferencia como a una posible implantación del embrión.
Síntomas post transferencia embrionaria
La mayoría de los llamados síntomas post transferencia embrionaria se asocian directamente al tratamiento hormonal al que la mujer se somete para preparar el endometrio. Otros se vinculan con una posible implantación del embrión, es decir, un embarazo, que desde el primer momento puede producir alteraciones en el cuerpo de la mujer. Sin embargo, a menudo los síntomas del tratamiento hormonal, la transferencia de embriones y el embarazo pueden confundirse, por lo que su aparición no debe tomarse como prueba de confirmación.
Algunos de los síntomas post transferencia embrionaria más comunes son:
- Abundante flujo vaginal. Como consecuencia del tratamiento hormonal para preparar el endometrio, muchas mujeres expulsan una cantidad de flujo vaginal mayor de lo habitual.
- Pequeñas hemorragias. Más bien se trata de manchados asociados a la canalización del cuello uterino para la transferencia embrionaria de la FIV. Generalmente son pequeñas hemorragias que aparecen en los primeros dos o tres días posteriores a la transferencia y que no implican molestias o dolor.
- Náuseas. Son uno de los síntomas post transferencia embrionaria más comunes y que, en las embarazadas, son habituales durante el primer trimestre de la gestación. En el caso de los tratamientos de reproducción asistida, las náuseas son más frecuentes debido al tratamiento hormonal al que se somete la mujer. Por lo tanto, tras una transferencia de embriones, es normal experimentar este síntoma sin que sea necesariamente un indicativo de embarazo.
- Cambios en los senos. Los cambios en los senos son otro de los síntomas post transferencia embrionaria más reconocibles.La administración de progesterona y estrógenos antes de la transferencia hace que, después de esta, algunas mujeres experimenten retención de líquidos y, con ello, cierta pesadez y malestar. En muchos casos esta sensación se extiende a los senos, que se presentan más duros e hinchados. También es común que las aureolas se oscurezcan.
- Micciones frecuentes. El aumento de gonadotropina coriónica humana (o hCG, también conocida como la hormona del embarazo) se asocia directamente con un incremento de la necesidad de orinar. Esta hormona aumenta en sangre y en orina poco tiempo después de la implantación del embrión y su detección es fundamental para confirmar el embarazo. Sin embargo, en algunos tratamientos de reproducción asistida se administra hCG, con el consiguiente un aumento de las ganas de orinar, que puede vincularse tanto con un posible embarazo, como con el propio tratamiento de la FIV.
- Pinchazos, mareos y dolor en la zona abdominal. Otro de los síntomas post transferencia embrionariacomunes son las molestias en la zona abdominal, causadas por el tratamiento hormonal previo o por la punción folicular para la extracción de ovarios para la FIV. A veces las hormonas y la propia ansiedad ante la inminente confirmación o no del embarazo pueden generar estrés a la mujer y este manifestarse en forma de mareos.
Otros síntomas post transferencia embrionaria que experimentan algunas mujeres son:
- Pérdida de apetito.
- Fatiga.
- Estreñimiento.
- Dolor de cabeza.
- Hinchazón en el vientre.
Cuidados después de una transferencia embrionaria
Tras la transferencia embrionaria, la mujer estará unos minutos de reposo total en la clínica. Pasado este tiempo, los médicos le indicarán que ya puede marcharse a casa.
Lo recomendable tras una transferencia embrionaria es hacer reposo hasta realizar la prueba que confirme el embarazo. Se trata de un reposo relativo que incluye evitar actividades que impliquen un sobreesfuerzo físico, tal y como supone la práctica de algunos deportes.
En muchos casos, los cuidados tras una transferencia embrionaria también incluyen no mantener relaciones sexuales, pues la penetración y los orgasmos pueden derivar en contracciones del útero que pueden llegar a poner en peligro la implantación del embrión.
Por norma general se recomienda mantener una dieta sana y equilibrada, eliminando el consumo de sal, aumentando la ingesta de alimentos ricos en fibra, especialmente frutas y verduras, y bebiendo gran cantidad de agua para evitar el estreñimiento.
Por último y como ya hemos comentado anteriormente, los manchados son uno de los síntomas post transferencia embrionaria más comunes,que pueden ser consecuencia del propio proceso de transferencia, así como de su tratamiento previo, y no tienen por qué indicar la implantación del embrión o un aborto; no obstante, si el marcado es constante y el sangrado no cesa, se recomienda a la paciente mantener reposo absoluto hasta realizar la prueba de embarazo.
Con el recuerdo aún palpitando en la garganta, Aissatou cuenta que sus padres querían lo mejor para ella y que, por eso, le practicaron la ablación. Tenía nueve años. Ahora tiene 49.
Habla con seguridad pero, cuando el recuerdo se hace muy fuerte, los ojos se humedecen y pide una pausa. Una cuchilla que se blandió hace cuatro décadas y un cuerpo que no olvida. “Lo recuerdo todo, fue horroroso”, dice terminando un café ya frío en una terraza de Madrid.
Un día la despertaron en un pueblo al sur de su Senegal natal. Una delegación de mujeres la llevó al bosque junto a otras niñas. Todas bailaban. Las mujeres por la ceremonia y las niñas porque iban a convertirse en mujeres. Aissatou no, porque intuía dolor.
Había una señora entre la arboleda y, por sus manos, iban pasando las niñas y les iba cortando el clítoris. Cuando llegó su turno, Aissatou gritó. Nadie entendía, pues se suponía que era motivo de orgullo. “Es muy rápido, cuando empiezas a gritar, ya ha pasado”, rememora.
Aissatou, un nombre inventado para que sus cercanos no la reconozcan, llegó a España en 1994 como estudiante de Filología Hispánica. Quería regresar después a su país y convertirse en profesora pero una complicada situación familiar le obligó a quedarse y a buscar trabajo. En España, sus problemas como mujer mutilada surgían cuando iba al ginecólogo. ·He estado en varios, lo veían pero no me decían nada·, dice.
“Se creaba un silencio”, recuerda, como un elefante africano en la habitación de un ginecólogo blanco. Por ello, no lo dudó cuando conoció el programa de reconstrucción genital post ablación de la clínica Salud de la Mujer Dexeus de Barcelona. “Es como si te hubieran cortado un dedo sin tu consentimiento y más tarde te den la opción de recuperarlo”, cuenta. “Era volver a tener lo que era mío, y sabía que si iba a cualquier médico ya no se iban a producir esas situaciones raras”, añade.
El programa, impulsado por el doctor Pere Barri en 2007, ya ha operado a más de 100 mujeres y consiste en estirar el clítoris para que vuelva a la superficie y en reconstruir los labios en caso de que hayan sido cortados. Aissatou es la voz y rostro de las 55.000 mujeres que residen en España provenientes de países donde la ablación es una práctica común, además de las 17.000 niñas en nuestro país que corren el riesgo de sufrirla, según un informe de la Fundación Wassu-UAB.
El dictamen que guiará un pacto de Estado contra la violencia de género, aprobado la semana pasada en el Congreso, ha tenido en cuenta estas cifras y considera la mutilación genital como una forma más de violencia machista.
El texto consensuado por los parlamentarios propone mejorar la formación de los profesionales de la sanidad y la educación así como incluir la ablación como agravante en las penas. Sin embargo, no recoge que las reconstrucciones de clítoris las pague la Seguridad Social.
“Estoy convencido de que la sanidad pública debería cubrir estas operaciones”, comenta el doctor Pere Barri, que operó a Aissatou en junio del año pasado. Su centro, aunque es privado, ofrece las operaciones de manera gratuita y cada una tiene un coste aproximado de 3.000 euros. Resalta que los casos que han resuelto ellos en 10 años podrían hacerse en centros públicos en uno solo, pero no ve voluntad de hacerlo.
Existen iniciativas parecidas desde el sector público, como en el Clinic de Barcelona, pero los casos son contados y en marzo de este año habían operado a menos de 20 mujeres. “Lo que hace el Clinic vende mucho pero van pocas mujeres”, remarca Adriana Kaplan, de la Fundación Wassu-UAB y una de las consultadas para elaborar el pacto de Estado.
Ve con buenos ojos los avances pero pide que se profundice más. “Para las mujeres africanas, la reconstrucción no es una prioridad, lo que hay que hacer es formar a los profesionales para que atiendan las consecuencias de las que ya están mutiladas”, añade, y espera que la dotación de presupuesto del pacto de Estado sea efectiva en ese sentido. “Hasta ahora, en Cataluña el presupuesto para ello es de cero euros”, dice.
Aissatou nunca culpó a sus padres por lo que le hicieron. “Lo hacen porque son criados en esa creencia”, dice, y critica cuando al hablar de ablación se caricaturiza a los padres como una especie de monstruos.
Antes de operarse, Aissatou llamó a su madre para decírselo. Quería recuperar lo que un día le quitaron. La madre le pidió perdón, en su nombre y en el del padre, que ya había fallecido. Le explicó que creían que era lo mejor, porque la sociedad lo exigía. Pero eso Aissatou ya lo sabía.
