A través de su arte, Kahlo expreso el dolor físico que sufrió a lo largo de su corta vida. Esas imágenes inspiraron al doctor Fernando Antelo, del centro médico de UCLA, a investigar qué fue lo que impidió a Frida convertirse en madre.
El doctor concluyó que la pintora sufría de una rara condición conocida como el síndrome de Asherman y fue el primero en la historia en relacionar la infertilidad de Kahlo con el accidente que tuvo en la adolescencia.
Descrito por primera vez en 1894, el síndrome de Asherman se produce cuando el revestimiento del útero o endometrio, está dañado y se forma tejido cicatricial. En la mayoría de los casos hoy en día, es el resultado de la dilatación y curado repetido, un procedimiento utilizado para limpiar la cavidad uterina después del parto, aborto involuntario o el aborto.
Ese síndrome no hubiera podido ser tratado con la tecnología existente en la época de Frida Kahlo.
El doctor Antelo asegura que esta condición fue una de las numerosas consecuencias físicas que sufrió Frida tras un accidente en el que un metal penetró su abdomen, dañando su estructura ósea y sus órganos, incluido el útero.
“Esto es algo que le debíamos a Frida”, dijo el médico que inició la investigación con la que intenta resolver un misterio en la vida de pintora mexicana que murió a los 47 años.
Para el experto, “hoy en día es frustrante ver que hay parejas que por motivos económicos no puedan tener hijos”. De ahí surgió la idea de ofrecer a las pacientes un seguro de embarazo, que incluye cuatro ciclos de donación de ovocitos incluidos los congelados si los embriones restantes han podido ser criopreservados.
“Hay que tener en cuenta”, explica el Dr. Bernabeu, “que les ofrecemos un compromiso de resultados y que, además, la angustia económica se les quita, desaparece”.
Hasta el momento, desde que se ofrece el seguro de embarazo en el Instituto Bernabeu, una docena de pacientes internacionales se han acogido a esta posibilidad. “Todas se han quedado embarazadas y la acogida ha sido estupenda”, explica el Dr. Bernabeu.
El seguro de embarazo tiene una duración de dos años e incluye cuatro ciclos de donación de ovocitos, ginecólogo especialista en reproducción asistida, así como una asistente personal y exclusiva con experiencia en atención integral, que seguirán constantemente el caso de cada pareja.
En el programa, la donante de óvulos también está asignada en exclusividad basándonos en criterios fisionómicos y diagnóstico médico
El seguro de embarazo, como en cualquier otro tratamiento del Instituto Bernabeu, asegura la transferencia de embriones de alta calidad, garantizándose una donante de reposición inmediata, si los embriones no son de la calidad deseada o la fertilización no se produce.
Las donantes han pasado por una rigurosa batería de exámenes sanguíneos y médicos, como la selección cromosómica y genética, exámenes ginecológicos y psicológicos para asegurar la mejor asignación con la pareja receptora.
Con el paso de los años los óvulos envejecen y consecuentemente su calidad cromosómica, con lo cual, las posibilidades de tener un embarazo exitoso disminuyen. Pero ¿hasta cuándo podemos postergar la concepción? El tratamiento con donación de óvulos es una opción viable y asequible para ese importante porcentaje de mujeres que aplazan su deseo de ser madres pasados los 35 años.
La congelación de óvulos a través de la vitrificación, es el mejor procedimiento para la conservación de éstos durante un largo periodo de tiempo. Esta técnica mantiene intacta la funcionalidad y capacidad reproductiva de la célula sexual, aportando los mejores resultados en la evolución de un futuro embarazo. Para ello, se extraen del ovario los gametos femeninos con fines reproductivos y se procede a su posterior criopreservación.
Por otra parte, un buen programa de crioconservación embrionaria, también es fundamental para incrementar las posibilidades de gestación en las parejas que se someten a técnicas de reproducción asistida. Es lo que se denomina tasa de embarazo acumulada, que corresponde a la suma de las posibilidades de embarazo en un ciclo de Fecundación in Vitro más la transferencia de embriones sobrantes de ese ciclo que se preservarán mediante la vitrificación.
La vitrificación de embriones se realizan normalmente cuando estos tienen 2 ó 3 días de vida, pero también se obtienen excelentes resultados en cultivos prolongados cuando los embriones tienen 5 días de vida y se llaman blastocistos. Así se consigue que éstos resulten menos dañados y tengan mayor capacidad de implantación.
Actualmente este procedimiento aporta los mejores resultados en cuanto a criopreservación de embriones y debe ser la técnica de elección respecto a la congelación lenta. Por tanto, gracias a la técnica de vitrificación de embriones, se obtienen tasas acumuladas de gestación del 70% en los tratamientos de fecundación in vitro.
¿En qué se diferencia la vitrificación de otras técnicas antes utilizadas? La Dra. Georgina Bugella, Embrióloga del Servicio de Reproducción Asistida de Hospiten Estepona, nos explica el proceso: “el óvulo o embrión es sometido a un proceso de enfriamiento ultrarrápido cuya principal característica y mejora frente a otros procedimientos es que evita la formación de cristales de hielo. Estos cristales, en determinados momentos, podrían dañar las estructuras celulares y disminuir su viabilidad posterior como ocurría con las anteriores técnicas –como la congelación lenta- y se logra una alta tasa de supervivencia, hasta un 97% de ellos”.
El perfeccionamiento de la vitrificación y sus resultados son ya el presente alentador para muchas mujeres y parejas que sufren de infertilidad, abriéndoles la puerta a un futuro y ansiado embarazo.
Hace cinco años le contaron a su círculo de amigos que iban a buscar el bebé por tratamientos de reproducción asistida; pasó el tiempo y ellos empezaron a tener negativos en las pruebas (primero con Inseminación Artificial y después con Fecundación In Vitro) mientras sus amigos se quedaban embarazados. A día de hoy, algunos de sus amigos ya tienen el segundo hijo y ellos siguen a cero.
También reconoce que ha tenido sus anécdotas con sus amigos, como por ejemplo esta: “Yo nunca he dejado de ir con ellos a comidas, cenas, salidas… pero sí que es cierto que en alguna ocasión me ha molestado alguna situación, como por ejemplo la que viví con una amiga; a ella no le gustaban los niños, pero como sus cuñadas y amigas tenían hijos, era lo que le tocaba. Después de ella haber tenido al bebé, o a las puertas de uno de mis tratamientos, me dijo: ‘No sabes lo bien que estás sin hijos, piénsate bien lo que quieres hacer’… Suerte que hablamos y se solucionó, porque no me gustó nada ese comentario”, nos relata.
A la hora de hablar de cuál ha sido su mayor apoyo, nos cuenta que su chico le ha ayudado muchísimo: “Al principio sí que me pegaba unos hartones de llorar considerables, pero él me hizo ver que ni mis lloros ni mis lamentos me resolverían el problema”.
Ahora se desvive por los bebés de dos parejas muy cercanas, “incuso uno es el ahijado de mi pareja”, añade. Esto demuestra que se puede superar ese rechazo inicial que a algun@s nos puede entrar con todo lo relacionado a compartir momentos con los hijos de los demás en nuestro entorno. “La mamá de otro bebé, hace poco me ‘obligó’ a bañar a su hija, vestirla y darle la cena (siempre me ha dado mucho respeto y nunca lo había hecho), y ¡reconozco que fue una pasada!”, admite orgullosa.
En cuanto a reconocer su problema delante de terceros, su postura era la de decir siempre que no querían tener niños, que estaban muy bien solos y que así vivían muy bien. Sin embargo, de hace un tiempo a esta parte, con el transcurso de los tratamientos y el paso de los años, ha habido una maduración de ideas: “Ahora no, supongo que me he hecho ‘mayor’ y no lo voy pregonando a los cuatro vientos, pero tampoco me cuesta decir que tenemos problemas”.
Además, nos contó una situación incómoda que le tocó vivir hace unos años, en su puesto de trabajo: “Una alumna me preguntaba hasta la saciedad por qué no tenía niños, hasta que ya la situación pudo más que yo y le dije que intentara tener más cuidado con ese tipo de preguntas, ya que no sabes nunca si a quien le preguntas no puede o no quiere… Se quedó dos segundos pensativa y me djo: ‘pues nada, los adoptas’”.
Situaciones como las que nos ha contado marietam nos siguen demostrando que es un tema peligroso a tratar y que falta mucho camino por recorrer para acabar con el tabú, falta dar mucha información a la sociedad, empezando por los más pequeños y continuando por los adultos, aunque cada vez más, poco a poco, se toma como algo más normal el tener problemas a la hora de conseguir embarazos; tenemos que tener en cuenta que, ante todo, el cuerpo humano no es una máquina.
Noemí conoció a su marido Manuel cuando tenía 30 años. Casi desde el primer día lo tuvieron claro: “Queríamos formar una gran familia”», recuerdan emocionados. Tras dos años de intentos fallidos de quedarse embarazada (de eso hace ya cuatro años), la pareja descubrió que su sueño podría no cumplirse si no pedían ayuda. “Nos hicimos unas pruebas en una clínica privada para ver si teníamos algún problema de fertilidad. El ginecólogo nos aconsejó en aquel momento la reproducción asistida. Decía que era muy difícil que nos quedáramos embarazados de forma natural”, confiesan.
Unos días después, Noemí y Manuel visitaron a su médico de cabecera y este los derivó al especialista de infertilidad del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona. Las pruebas confirmaron que Manuel tiene problemas de fertilidad. “Tiene pocos espermatozoides y muy vagos”, cuenta Noemí junto a su marido. El médico les recomendó la fecundación in vitro (FIV) y descartó la inseminación artificial porque, según el especialista, no iba a ser eficaz. Hasta aquí transcurrieron seis meses.
Fue entonces cuando comenzó la larga espera de esta pareja. “La Unidad de Fertilidad del Hospital Vall d’Hebron nos dijo que nos enfrentábamos a cuatro años de lista de espera. Luego nos explicaron que podía ser mucho antes, incluso en un año, pero que no nos lo podían asegurar”, cuentan indignados.
Cansados de no saber nada del asunto, Noemí y Manuel, tras dos años y medio en lista de espera, pidieron cita el pasado mes de octubre para obtener información. “Nos recibieron hace unas semanas [en marzo, cinco meses después] y nos explicaron que estaban llamando a los inscritos a principios de abril de 2007 y que nosotros éramos de mediados de 2009. Es decir, dos años y medio más de espera, en teoría”, cuenta entre lágrimas Noemí.
Cinco años de proceso
Si se cumplen las previsiones del Hospital Vall d’Hebron los llamarían cinco años después de haber iniciado el proceso. “En esa época tendré 37 años largos y a los 40 la Seguridad Social ya no paga este tratamiento. Además, cuantos más años pasen más problemas tendré para quedarme embarazada. No es justo que se me vaya a pasar el arroz por culpa de las listas de espera, cuando yo quería ser madre a los 30 años. Nosotros no podemos pagarnos una clínica privada”, lamenta Noemí.
20 minutos se puso en contacto con el servicio de Salut de la Generalitat para conocer el motivo del retraso en el tratamiento de Noemí y Manuel. La Administración catalana admitió el exceso, si bien lo limitó exclusivamente al Hospital Vall d’Hebron: “En el resto de centros públicos las listas de espera son mucho menores”. Fuentes del propio Vall d’Hebron justifican el retraso (cinco años de lista de espera) alegando que hay prioridades más urgentes.
Más de 800.000 parejas españolas necesitan ayuda médica para poder concebir, según la Sociedad Española de Fertilidad (SEF). Las interminables listas de espera de la sanidad pública (339 días de media, según la SEF) hacen que la mayoría termine optando por ir a la privada, que no tiene el problema de las listas de espera, pero, eso sí, el tratamiento cuesta entre 4.000 y 6.000 euros. Dos tercios de los 50.000 ciclos de fecundación in vitro que se hacen en España cada año se efectúan en centros privados.
El problema de las parejas que quieren ser padres y no pueden se agudiza según la comunidad en la que residan. De hecho, en algunas regiones el tratamiento sobrepasa los tres años. En el caso de Noemí y Manuel, que viven en pleno centro de Barcelona, podría llegar a los cinco años. Las principales dificultades: la falta de centros públicos, como ocurre en Cataluña (ver tabla), y las altas tasas de población. En este último caso se encuentra Madrid, según la SEF.
Hay verdaderas complicaciones en las regiones del Mediterráneo, sobre todo en la Comunitat Valenciana. Además, hay diferencias abismales entre provincias de una misma comunidad. Este problema se agudiza en Andalucía. Por otro lado, en las regiones donde no hay centros públicos el Gobierno autonómico firma convenios con las clínicas privadas para prestar el servicio, como ocurre en Murcia.
Sin embargo, los investigadores -cuyas conclusiones fueron publicadas en la revista Fertility and Sterility- no determinaron qué tratamientos de fertilidad estaban ligados a las tasas más altas de defectos congénitos o incluso si la tecnología es la responsable.
La fecundación in vitro (FIV) -en la que el óvulo de la madre es fecundado fuera del cuerpo e implantado después en el útero- ha estado disponible para las mujeres que quieren ser madre desde hace más de tres décadas, y numerosos estudios han analizado los riesgos potenciales de estas técnicas.
Zhibin Hu de la Universidad Médica de Nanjin y sus colegas recogieron los resultados de 46 estudios que comparaban el número de defectos congénitos entre los niños concebidos usados una técnica in vitro y los engendrados normalmente.
Para más de 124.000 bebés nacidos gracias a FIV o usando el procedimiento ICSI -en el que un único espermatozoide es inyectado directamente en el óvulo- el riesgo de presentar defectos congénitos fue un 37 por ciento más alto que en los otros niños, encontraron.
“Los niños concebidos por FIV y/o ICSI presentan un riesgo significativamente más alto de nacer con defectos congénitos, y no hay diferencias en los riesgos de los engendrados con FIV y/o ICSI”, escribió el equipo.
Según los centros para el Control y Prevención de Enfermedades estadounidenses, los defectos de nacimiento más graves, como malformación de una extremidad o un órgano, afectan a casi tres de cada diez niños que nacen en Estados Unidos.
El aumento al 37 por ciento podría incrementar esa tasa hasta cuatro de cada diez bebés
“(El informe) confirma lo que mucha gente ya aceptaba, que sí que hay más riesgos de presentar defectos congénitos asociados con las técnicas de reproducción asistida”, dijo William Buckett, profesor de la universidad McGill, que no participó en la revisión.
La cuestión de por qué la mayoría de los estudios encuentran que los defectos de nacimiento son más comunes entre los niños concebidos con IVF, continúa sin respuesta.
Es posible que las mismas razonas por las que las gente tiene problemas para concebir y busca tratamientos de fertilidad podrían influir en el mayor riesgo de tener un hijo con un defecto de nacimiento.
También es posible que las técnicas de reproducción en vitro por sí mismas, la manipulación de los embriones o los medicamentos que van asociados con el tratamiento, podrían estar relacionados.
Una tercera teoría es que la aparición de estos problemas solo parece ser más común entre los niños concebidos con técnicas de fertilidad porque están más controlados que los otros bebés, dijo Buckett.
