Los últimos datos del Registro Nacional de Actividad de la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) muestran en 2015 nacieron un total de 36.318 bebés gracias a las técnicas de reproducción asistida realizadas en España. De ese total, alrededor de 29.366 lo hicieron en nuestro país.
El objetivo de la reproducción asistida no es solo tener un niño único y sano, sino también una madre sana.
Eso supone un 7% de los nacimientos nacionales si tenemos en cuenta la cifra del Instituto Nacional de Estadística (INE) de recién nacidos vivos en ese año: 420.290. Además, este registro, elaborado conjuntamente con el Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, anunció un incremento del 9% en tratamientos de reproducción asistida respecto a 2014.
“España se sitúa, con estas cifras, a la cabeza europea de la reproducción asistida y en tercera posición mundial, solo después de EE UU y Japón”, ha declarado en rueda de prensa Juan Antonio García Velasco, presidente del Comité Organizador del Congreso de la SEF, que este año reúne a 1.200 profesionales de toda España que compartirán las últimas investigaciones sobre fertilidad y reproducción humana.
Sharon y Álex junto a la Dra López-Teijón y una miembro de su equipo. (David Campos)
Los embriones que comienzan a desarrollarse en las incubadoras de todos los centros de la red del Institut Marquès ‘oyeron’ al mismo tiempo el concierto gracias a internet. Decimos oyeron en sentido poético, obviamente, porque lo que recibieron fueron las vibraciones de la unión entre Álex Ubago y Sharon Corr. Y que les irá mucho mejor está constatado: hace cuatro años, la Dra. Marisa López Teijón publicó el estudio científico que lo demostraba y cuyo posterior desarrollo le granjeó el IG Nobel de Medicina en el área de Obstetricia. Sharon Corr atiende a La Vanguardia y nos sorprende al contestar directamente en español, idioma que estudia desde hace cuatro años. “Ha sido increíble. Estoy muy emocionada. Soy muy amiga de Álex [Ubago], con quien he trabajado ya. Esto es el futuro. Nunca pensé que era una idea loca porque sé que la música, desde siempre, es terapia. Creo que puede curar, es algo básico, muy profundo; el ritmo de la Tierra también es música. ¿Cómo se dice en español tener mariposas en el estómago? Ah, ¿igual? Pues eso es lo que siento”.
Hace cuatro años, la Dra. Marisa López Teijón publicó el estudio científico que lo demostraba y cuyo posterior desarrollo le granjeó el IG Nobel de Medicina de Harvard en el área de Obstetricia
Tanto Sharon como Álex fantasean con que algunos de los embriones para los que acaban de interpretar sus canciones sean en el futuro niños sanos a los que puedan conocer. “Eso sería precioso, me haría mucha ilusión”, asegura la violinista de The Corrs. Su grupo lanzó nuevo disco a finales de 2017, Jupiter calling, el segundo de la banda tras su regreso en 2015. El parón que hicieron en 2006 lo emplearon en proyectos propios; en su caso, tener niños. “Cuando te conviertes en madre la dedicación, también emocional, te absorbe las 24 horas. Al volver a la música he hecho dos discos en solitario [Dream of you y The same sun] y he recuperado las cosas que me gustaba hacer. Y he notado que soy mucho más sensible. Lloro por nada, incluso viendo una tontería en la tele. He desarrollado mucho la empatía”.
Esto es el futuro. Nunca pensé que era una idea loca porque sé que la música, desde siempre, es terapia. Creo que puede curar, es algo básico, muy profundo”
SHARON CORR
Cantante, compositora y violinista
En el Institut Marquès ya han realizado varios conciertos de este tipo, si bien el primero con un personaje famoso fue el de Antonio Orozco . La propia doctora López Teijón, que estudió solfeo, ha cantado a los embriones. Cuando abrió su centro en Irlanda, dio en pensar quién podría cantarle a los embriones y todo el equipo coincidió en el mismo nombre: The Corrs. “Conseguí que le hiciesen llegar a Shanon información sobre nosotros, porque el violín me parece algo muy íntimo, y a ella le encantó la idea y me sugirió que le acompañase una voz. Cuando me propuso que fuese Álex Ubago me pareció que no podría haber escogido mejor. Hay cosas que se hacen por valor o por precio. Tanto Álex como Sharon o en su día Antonio Orozco, no han cobrado nada. Es compartir pasiones, la música y la vida, y eso nos une. Cuando les enseñé nuestro proyecto, quisieron implicarse. Y tanto se emocionaron que al terminar el concierto, ambos me dijeron que les gustaría conocer a los niños”.
Álex Ubago aún tiembla cuando nos contesta: “La iniciativa me llegó por Sharon y viniendo de ella dije que sí de inmediato. Al principio me sorprendió mucho y me pareció maravilloso el que se hubiese descubierto que, así como la música ayuda a muchas personas, las vibraciones también son beneficiosas para el desarrollo de los embriones. Pude conocer el trabajo que hace la clínica, donde todo es de última tecnología, y lo de hoy ha sido una experiencia increíble que no había vivido nunca”. El común de mortales acude a la música para curar heridas. ¿Lo hacen también los cantantes? “Por supuesto, como oyente y como compositor. En mi vida la música siempre ha ido muy relacionada con los estados de ánimo y la he empleado para sentirme mejor si estaba triste o para llegar a un estado concreto de concentración, inspiración. A nivel terapéutico también; plasmar mis sentimientos a través de ella, cantando o componiendo, me ha ayudado muchísimo. Incluso a conocerme mejor”.
Nuestro objetivo de reproducir en el laboratorio las condiciones naturales que tendrían los embriones en el útero. Así, hemos logrado incrementar la tasa de fecundación casi un 5 %”
El artista vasco, presente en la memoria sentimental de tantos corazones rotos, nos explica que le llena de ternura recibir mensajes de seguidores/as que le cuenta cómo han superado un momento difícil de su vida –desde males de amores a pérdidas dolorosas y enfermedades– y siente que merece la pena continuar trabajando. Durante el mes de mayo y después desde finales de julio y todo agosto estará de gira por Latinoamérica. Aunque Ubago es de la vieja escuela, aquello de sacar discos completos, lo próximo nuevo que publique posiblemente sea un single para adaptarse a los nuevos tiempos.
“Nuestro objetivo de reproducir en el laboratorio las condiciones naturales que tendrían los embriones en el útero. En la placa del laboratorio donde descansan los óvulos cultivados, los nutrientes no se mueven y los productos tóxicos derivados de la división del embrión se acumulan. Al hacerlos vibrar –la doctora prefiere el alma y la estética de la vibración musical sobre la mecánica– el Institut Marquès (con sedes en Reino Unido, Irlanda, Italia y España) los dispersamos, se reparten mejor los nutrientes e imitamos los movimientos que se producen cuando el embrión viaja por las trompas de Falopio hacia el útero. Así, hemos logrado incrementar la tasa de fecundación casi un 5 %. La tecnología es carísima pero el buen gusto en la ciencia es gratis”, recuerda la doctora. Los padres de los futuros bebés pudieron también seguir el concierto, desde cualquier lugar del mundo, a través de la app Embryoscope.
Mauricia Ibáñez, la mujer burgalesa que tuvo mellizos a los 64 años fruto de un tratamiento de fecundación in vitro, recibió ayer por la mañana una dura noticia para ella: sus hijos, que ahora tienen poco más de un año, se encuentran ya con una familia de acogida en Valladolid. Según ha adelantado el programa ‘Espejo Público’, Ibáñez recibió una llamada este lunes por la mañana de los Servicios Sociales para comunicarle la decisión y el traslado. A partir de ahora podrá visitarlos cada quince días, pero para ello tendrá que desplazarse a esta ciudad. Además, hasta ahora podía verlos una vez a la semana y a partir de ahora esas visitas serán más espaciadas, de una hora cada 15 días.
Mauricia Ibáñez sigue peleando por sus bebés (EFE).
Ibáñez ha calificado esta decisión de “crimen” y asegura que ha hecho todo lo que han pedido hasta ahora los Servicios Sociales de Burgos y se ha sometido a varios exámenes psicosociales. También acusa a los mismos Servicios Sociales de haber dado bandazos porque, según ella, en febrero le sugirieron que le iban a devolver a los niños y posterioremente se anunció la decisión de darlos en acogida. “Hasta ahora los niños me están dando mucha fuerza y estoy aguantándolo todo”.
Los Servicios Sociales de Burgos anunciaron su intención de trasladar a los pequeños a una familia a finales de marzo, si bien la decisión no se ha hecho efectiva hasta ahora. Aunque la legislación señala a las familias de acogida como la opción preferente para los menores de seis años acogidos por la administración, en este caso el proceso se ha demorado porque, según declaró en su día la gerente territorial de estos servicios, María Antonia Paniego, les ha costado encontrar a “la familia adecuada para poder cubrir las necesidades de estos niños”. Una de las prioridades era poder mantener juntos a los hermanos.
Por su parte, Mauricia Ibáñez, se ha negado en todo momento a firmar la cesión de sus hijos a la familia de acogida y durante este tiempo mantiene la batalla legal por los pequeños. El pasado 20 de marzo dijo sentirse “esperanzada” ante la posibilidad de recuperar la custodia de los niños. Antes del verano debe tener lugar una nueva vista en el juzgado. De momento, Ibáñez se ha sometido al programa de intervención familiar para mejorar sus habilidades como madre y ha aportado nuevos informes psicológicos en los que se concluye que, si bien es una persona con ciertas rarezas, no tiene ningún problema psicológico que pueda perjudicar a los niños.
Mauricia Ibáñez sorprendió a España y al mundo entero al convertir en madre con 64 años en febrero del año pasado tras haberse sometido a un tratamiento de fecundación in vitro en Estados Unidos. Sin embargo, pasó poco más de un mes junto a sus pequeños hasta que los Servicios Sociales de Castilla y León le anunciaron que le retiraban la tutela. Ibáñez, que ya había tenido una hija con 58 años cuya custodia le había sido retirada, fue obligada a contratar en su casa una cuidadora. Un accidente doméstico por el que la niña se cayó al suelo fue determinante para que la Administración terminara dictaminando que habían apreciado “indicadores de desprotección por desamparo” y “riesgo para los menores”. Mauricia Ibáñez, por su parte, nunca se ha mostrado conforme con estas medidas y asegura sentirse víctima de una persecución. Se espera que el juicio sobre la custodia se celebre en próximas fechas, probablemnte antes del verano.
Hubo un tiempo donde esta pareja de lesbianas y los padres de una de ellas se llevaban tan bien que incluso convivieron juntos. Tan bien que estos abuelos, que aún no lo eran pero querían serlo, hasta pagaron el tratamiento de reproducción asistida gracias al que nació la pequeña, que es actualmente el centro de este conflicto familiar.
Pero eso fue antes, pues las cosas se torcieron y se llegó a tal punto donde las madres decidieron alejarse de ellos y ellos decidieron tomar la vía judicial para reclamar su derecho de ver a la niña.
Todo esto ha sucedido en Murcia, donde la Audiencia Provincial en una sentencia que confirma otra de un Juzgado de Primera Instancia, ha dado la razón a los abuelos de visitar a su nieta. Las madres se habían opuesto a esta relación porque decían que ellos se oponían a la relación lésbica.
Las madres justificaban que no era el rechazo que los abuelos mostraban a la relación de dos mujeres lo que les llevaba a impedir las visitas, sino que al miedo de que las mismas pudieran afectar a la personalidad, desarrollo y evolución de su hija.
“La ruptura de la relación afectiva entre padres e hija vino motivada por problemas forjados a lo largo del tiempo, que, en modo alguno, determinan la existencia o concurrencia de una justa causa que determine la negación del derecho de la menor a relacionarse con sus abuelos, algo que le será beneficioso para su desarrollo posterior”, comentaba la resolución judicial.
La sentencia también exponía que para disipar y atemperar el miedo y angustia de la pareja a que esa relación perjudique el desarrollo y evolución de su hija, se fijaba un régimen de visitas de carácter evolutivo y que se llevaría a cabo en presencia de un tercero encargado de supervisar los contactos. Por otro lado, cada tres meses la niña sería evaluada por un psicólogo, para comprobar que estar con sus abuelos no era dañino para ella.
“En definitiva -comentaba el Juzgado-, amén de las evidentes y notorias malas relaciones existentes entre las madres de la niña y los abuelos maternos, no existen en el presente caso razones que justifiquen la denegación del régimen de visitas, comunicación y estancias al que se oponen con rotundidad las demandadas”.
En el 33% de los casos de infertilidad en una pareja, el problema lo tiene él, según los datos que aportaba a BuenaVida la doctora Fulvia Mancini, directora médica de Clínicas Eva, en Barcelona. Otros estudios de la OMS elevan la responsabilidad masculina hasta el 50%, como documenta la ginecóloga Victoria Verdú, de Clínica Ginefiv (Madrid).
Lo cierto es que la calidad del esperma de los hombres del siglo XXI ha sufrido una merma con respecto a la de sus antepasados labriegos, cabezas de familias numerosas. El doctor Jan Tesarik, de la Clínica Margen, responsable de una investigación publicada en Translational Andrology and Urology, ha documentado cómo la calidad del esperma ha empeorado: “Los hombres de la misma edad sufren más daño en el ADN de los espermatozoides que los de hace 20 años. Se trata de un deterioro progresivo, lento pero evidente”.
Los largos periodos de abstinencia pueden oxidar los espermatoziodes
Los hábitos de vida influye de forma directa en la calidad del ADN de sus soldaditos, como vamos a ver, pero hay un factor con fácil solución que hace que se vuelvan más vagos y lentos: que deje de practicar sexo.
Cuanto más eyacule, más espabilados estarán sus espermatozoides. Según Isidoro Bruna, ginecólogo y director de HM Fertility Center, los largos períodos de abstinencia pueden ser perjudiciales: “Cuanto más tiempo estén los espermatozoides en el epidídimo testicular, mayor es el estrés oxidativo al que están sometidos”. Por esta razón, a los varones que deben acudir con una muestra a los centros de reproducción asistida se les pide que no pasen más de dos días sin ningún tipo de estímulo sexual.
No confunda el volumen total de semen eyaculado con la calidad, como le sucede a la mayoría según el experto. Cuando la abstinencia es muy corta —menos de 24 horas— disminuye tanto el número de espermatozoides como el volumen, mientras que si es superior a 24 o 48 horas afectará a otros parámetros esenciales para la concepción como la movilidad —se vuelven más vagos y lentos; su movilidad no debería ser inferior al 32% a los 60 minutos de la eyaculación, según la OMS– y la morfología, o incluso la fragmentación del ADN, es decir, roturas o lesiones en el material genético.
Periodo corto de abstinencia y luego coito diario durante la ovulación
Cuando se busca la paternidad, numerosos estudios revelan que lo idóneo es un corto período de abstinencia —entre tres y cinco días— seguido del coito diario, durante los días de ovulación de la mujer, para maximizar su número de soldaditos y optimizar la concepción.
La función de un espermatozoide es penetrar en un óvulo y liberar su ADN para que se pueda producir una fecundación. En el caso de que el material genético esté dañado, habrá menos probabilidades de éxito. Bruna explica que el ADN está formado por dos cadenas de nucleótidos complementarias que forman una doble hélice, de manera que la lesión se puede producir tanto en una sola cadena como en ambas.
Si solo una de ellas está fragmentada, el óvulo es de una mujer joven y tiene la suficiente calidad, suele repararse. No obstante, si están afectadas ambas cadenas y además se combina con el material de una mujer que no esté en una edad óptima reproductiva, será mucho más difícil.
Los pesticidas de las frutas también afectan
“La vida sedentaria, la obesidad y los hábitos tóxicos son muy nocivos para la producción de espermatozoides con buena capacidad fecundante”, sentencia el especialista en fertilidad. Tanto una buena alimentación como realizar ejercicio físico regular le ayudarán a estar más cerca de convertirse en un semental.
Eso sí, no vuelva a encenderse un cigarrillo. Bruna asegura que numerosos estudios avalan que los varones fumadores presentan una disminución del 13% en la movilidad de los espermatozoides, una reducción de hasta un 23% en la concentración, un aumento en la fragmentación del ADN, así como un descenso del 28% en la probabilidad de conseguir un embarazo.
El alcohol tampoco ayuda. Un consumo excesivo se asocia a los varones con teratozoospermia —menos del 4% de espermatozoides morfológicamente normales— y oligozoospermia —baja concentración en el eyaculado—, disminución de la libido y disfunción eréctil. Además, enfermedades como la diabetes o la prostatitis —infección bacteriana de la glándula prostática— también pueden dañar su esperma.
Aunque por desgracia no todo está en su mano. Tanto los pesticidas que contienen frutas y verduras como la contaminación ambiental también son grandes enemigos, así lo respalda un estudio realizado sobre 6.475 varones taiwaneses de entre 15 y 49 años durante los años transcurridos entre 2001 y 2014. Como conclusión demostraron que la exposición a corto y largo plazo a partículas finas supone un gran perjuicio en la calidad. No en vano, tanto estudios como la Sociedad Española de Fertilidad (SEF) afirman que el 50% de los casos de infertilidad y disfunción reproductiva se debe a un factor masculino o a la mala calidad del esperma.
A partir de los 45 años el esperma se deteriora
Aunque no en la misma proporción que sucede con las mujeres, la edad sí importa: “La capacidad fecundante de los gametos masculinos (espermatozoides) es más prolongada que la de los óvulos, pero está demostrado que a partir de los 45 o 50 años se produce un deterioro”, sentencia Bruna.
Si desea conocer cuán efectivo es su esperma, puede comprobarlo a través de un seminograma —test de movilidad y vitalidad, entre otras características, que se realiza sobre una muestra en laboratorio— y un test de capacitación espermática —donde se identifica el número real de espermatozoides que son capaces de poder fecundar un óvulo— o también puede confiar en que la naturaleza siga su curso.
La muerte de un hijo aún no nacido sigue estigmatizada. Ni siquiera existe consenso en la terminología que debe acompañar a estas pérdidas para clasificarlas y ofrecer una respuesta adecuada a las familias. Para tener un proceso de duelo saludable los expertos recomiendan el contacto ‘post mortem’ y la elaboración de recuerdos mediante objetos y fotografías.
La periodista y bloguera Carmen Osorio perdió a su bebé a las 28 semanas de gestación. En su blog No soy una mamá drama explicó el duro proceso.
Dos de cada tres abortos involuntarios suceden de forma espontánea durante el primer trimestre, cuando el embrión aún no ha conseguido el estatus de feto. Por eso muchas mujeres retrasan el anuncio hasta los tres meses de gestación. La muerte se convierte en tabú por partida doble cuando irrumpe en un escenario inesperado, donde tenía que crecer la vida.
“La muerte perinatal continúa oculta a la sociedad”, asevera una colección de artículos que publicó The Lancet en 2016, en la que se señala que las defunciones perinatales (de bebés fallecidos desde la semana 22 de gestación hasta sus primeras semanas de vida) no están lo bastante legitimadas ni aceptadas por los profesionales de la salud, la familia y el entorno. “Muchos padres reprimen su pena en público”, añade. El estigma exacerba el trauma que supone la pérdida de un ser esperado.
En España, según los datos disponibles del Instituto Nacional de Estadística, por cada mil nacimientos hubo 4,43 defunciones perinatales en 2016.
Umamanita es la asociación más potente de España de apoyo a la muerte perinatal y neonatal. Su cofundadora y presidenta, Jillian Cassidy, aseguraba en un artículo que en España, alrededor de 1.500 bebés mueren cada año durante el embarazo pasadas las 22 semanas de gestación. “Existe un grave problema de infradeclaración de muertes intrauterinas”, lamentaba.
Las muertes perinatales continúan ocultas a la sociedad
En los últimos meses, mujeres conocidas han compartido en las redes sociales su dolor por las pérdidas repentinas de su embarazo. La ilustradora Paula Bonet colgó en Instagram un selfi donde se le veía una barriga incipiente: “Autorretrato en ascensor con embrión con corazón parado”, era su pie de foto. En 24 horas, los usuarios la inundaron a me gusta y comentarios.
Una respuesta similar generó otra entrada de la bloguera Carmen Osorioen No soy una mamá drama, en la que el verano pasado compartió la muerte de su única hija (ya tenía tres varones) después de haber contado numerosos detalles de su embarazo a sus seguidores.
Gracias a sus testimonios, la muerte intrauterina ha generado muchas conversaciones hasta ahora silenciadas. “Ya tendrás otro…” o “¡Eres muy joven!” son algunas de las frases que la gente suele decir, si es que se habla sobre el tema. “La fórmula universal que todo el mundo puede entender es un silencio y un abrazo”, aconseja ante estas situaciones Maria Marí, coordinadora asistencial de enfermería de Medicina Fetal del Hospital Clínic-Maternitat de Barcelona, donde cada año atienden unos 300 casos de pérdidas perinatales.
“Las familias nos quejamos del tabú y del estigma”, cuenta Cassidy, que hace diez años perdió a su hija Uma. “Nos encontramos con un gran vacío”, recuerda de aquel momento en el que toda la información que encontraba estaba en inglés. Al ser irlandesa residente en España, decidió hacer un trabajo voluntario de traducción e impulsar la asociación que lleva el nombre de su hija.
La muerte más inesperada
“El cuidado inmediato y respetuoso del duelo debería formar parte de la rutina de todos los profesionales sanitarios”, defiende la publicación de The Lancet, en consonancia con los objetivos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que en 2015 incluyeron la muerte perinatal entre los 100 indicadores básicos de salud. Pero no todas las personas tienen la oportunidad de pasar por un proceso de duelo saludable y evitar la ansiedad o la depresión.
La enfermera Xusa Serra recuerda el caso de una mujer que desarrolló trastornos patológicos al no poder despedirse de su bebé. “Hay una incultura de la muerte”, dice la creadora de la unidad de duelo y final de la vida en 2009 en el Hospital General de Cataluña. A los dos años, aquella madre pudo expresar sus sentimientos mediante un ritual que contribuyó al proceso de duelo y a visibilizar su estimación por aquel hijo: “Hay que aprender a cuidar más allá de la vida, de otra manera (…). Este es un camino largo y poco reconocido socialmente”.
En España, la atención a la muerte intrauterina es un fenómeno reciente que varía mucho en función de la edad gestacional y el tipo de hospital
La psicóloga experta en duelo perinatal Maria Teresa Pi i Sunyer fue una de las pioneras en ofrecer respuesta a estas situaciones en un entorno hospitalario, en concreto en el Hospital Universitario Vall d’Hebron. Hace seis años creó grupos de atención al duelo perinatal tanto para padres como para profesionales sanitarios de los servicios de neonatología, de obstetricia y ginecología. La iniciativa mereció el Premio Buenas Prácticasen el Sistema Nacional de Salud del Ministerio de Sanidad en el 2015.
“Para afrontar el duelo nosotros decidimos hablar mucho, muchísimo”, dice Raquel Prat sobre la pérdida de su primera hija Vera, a las 31 semanas de gestación. Ella y su pareja acudieron a Petits amb llum, una asociación que ofrece grupos de ayuda mutua para padres que se encuentran en situaciones similares. “Te ves reflejado, te ayuda a afrontar la vida”, recuerda sobre sus sesiones en las que compartía vivencias con seis parejas que habían pasado por lo mismo.
En España, la atención a la muerte intrauterina es un fenómeno “relativamente reciente” que varía mucho en función de la edad gestacional y el tipo de hospital, según el único artículo sobre atención sanitaria publicado por Paul Cassidy este año en BMC Pregnancy and Childbirth.
Cuando reciben apoyo, muchas mujeres y sus parejas construyen un recuerdo positivo: “Son las pacientes de quienes tenemos más agradecimiento”, destaca Marí desde su acogedor despacho, donde “todos los detalles están pensados”. Prácticas que están estandarizadas en otros países no lo están en el sistema español, a pesar de ser beneficiosas para las mujeres.
Las recomendaciones apuestan por el contacto post mortem como un componente clave en el proceso de reconstrucción y creación de recuerdos. “Menos mal que insistieron en que la viésemos”, cuenta Raquel. Según su experiencia, verla contribuyó a un duelo saludable, “a acabártelo de creer”.
Pero no todos los hospitales dan la oportunidad a los padres de ver y sostener a sus bebés. Solo la mitad de las mujeres tuvieron contacto con el bebé fallecido, según las 796 encuestas que recoge el estudio de Cassidy. Muchas parejas se han sentido padres, pero no les queda nada de aquel hijo a lo que aferrarse.
“Nuestro recuerdo de aquel momento es una foto de su mano junto a la mía que guardaremos para nosotros siempre”, cuenta Carmen en su blog. Se recomienda que la pareja abandone el hospital con al menos un objeto o fotografía, aunque solo un tercio lo consiga. “La imagen ayuda a integrar el duelo y mostrar que existió”, asegura la fotógrafa licenciada en psicología Norma Grau, que desde 2010 impulsa Stillbirth, un proyecto voluntario para acompañar a las familias que pasan por este proceso de duelo.
Hay hospitales que son receptivos y otros que no a iniciativas como las de Grau, la única fotógrafa en España que ofrece desinteresadamente este servicio. En cambio, en otros países hace más de una década que funcionan. Now I Lay Me Down to Sleep nació en los Estados Unidos a partir de un caso particular y ahora tiene una red de 1.700 fotógrafos voluntarios por todos los Estados y en 40 países para brindar esta oportunidad a las familias.
La necesidad de ponerle un nombre
Hasta mediados del segundo trimestre, los obstetras siempre habían considerado las pérdidas gestacionales como abortos espontáneos. Pero meterlas a todas en el mismo saco es “problemático” porque agrupa condiciones tan dispares como la muerte por una malformación genética, un crecimiento anormal de la placenta o un aborto espontáneo, asegura un artículo sobre nomenclatura médica del Colegio Estadounidense de Obstetras y Ginecólogos.
Ahora, los obstetras las clasifican por periodos de gestación: “Todavía tenemos mucho que aprender en lo que concierne a las pérdidas de embarazo. Categorizar adecuadamente las pérdidas es un imperativo de la investigación de calidad”.
En la misma línea, la Sociedad Europea de Reproducción Humana y Embriología señala en otro artículo que la falta de consenso con respecto a la nomenclatura y la clasificación de la pérdida del embarazo dificulta la comparación de los resultados de los estudios de diferentes centros.
La falta de consenso en la clasificación de la pérdida del embarazo dificulta la comparación de estudios de diferentes centros
La disparidad de nombres y la falta de definición afecta también a la autopsia fetal, que es clave para determinar la causa de muerte. El análisis de la placenta también es de mucho valor. A veces resulta complicado dar con el motivo porque se superponen diversos factores –la edad de la madre, las infecciones y otras enfermedades no transmisibles, la nutrición y el estilo de vida–, y se desconoce el momento de la muerte.
“La mujer puede empezar a sangrar una semana después de haberlo perdido”, explica Olga Gómez del Rincón, ginecóloga del Hospital Clínic. En su caso, Raquel tuvo un embarazo sin complicaciones, hasta que el 13 de abril de 2013 dejó de notar a Vera. “Pensé que ya no cabía”, dice sobre su primer embarazo. Al cabo de una semana perdió el tapón mucoso, que anuncia el inicio del parto, y fue al hospital pensando que sería prematuro. “No se me olvidará la cara de la ecógrafa” cuando se percató que el corazón de Vera ya no latía.
La evidencia basada en la información es crucial para tomar decisiones relacionadas con la propia salud y contar con pautas para futuros embarazos. La buena comunicación también es importante para calmar sentimientos de culpabilidad.
“Para muchos, hay que pasar página y ese bebé cae en el olvido porque no lo han conocido. Pero yo sí la vi, pasé meses sintiéndola dentro, imaginándola…”, dice Carmen Osorio, que en su perfil en redes sociales recuerda que es madre de cuatro, tres en la tierra y una en el cielo.
